Aún te falta una cosa
El encuentro del joven rico expone el verdadero costo del discipulado cristiano
Última actualizacion: 29 abril, 2026

Jesús le dijo al joven rico «Aún te falta una cosa», el mensaje de Jesús que le reveló lo qué le impedía la salvación y el verdadero costo de seguirle.
La presente declaración de Jesús nos presenta a un hombre con un “casi” en su vida. Al ver su historia vemos a alguien casi alcanzando lo que buscaba, pero al final nos revela una de las tragedias más grandes de la vida. ¿Ha oído esta expresión “casi” antes? Casi gana la carrera. Casi llega a la meta. Casi logró el sueño. Pero en los asuntos espirituales, el “casi” no es suficiente. No existen los casi salvos en la eternidad: o se es salvo, o se está perdido. ¿Qué vemos en este hombre?
Vemos a un hombre: moralmente correcto, profundamente religioso, respetado socialmente, sincero en su búsqueda espiritual, y, aun así… perdido. Jesús mismo le dijo: “Una cosa te falta”. Al final esa, “una cosa”, lo era todo. Cuando comparamos a los hombres y mujeres que depositaron su fe en el Señor como el paralítico, el endemoniado y el leproso con este joven, pronto descubrimos la verdadera intención del corazón humano cuando se acerca al Señor.
¿Hasta dónde este joven deseaba la salvación? Y la lucha del alma parece ser la misma: Deseo ser salvo, pero también deseo vivir cómo estoy actualmente. Deseo seguir a Cristo, pero no estoy dispuesto a dejar lo que más me ata a este mundo. ¡Qué tragedia que alguien se pierda habiendo hablado y saludado a Jesucristo! Uno de los ladrones de la cruz fue “casi” salvo, y vio a su Salvador.
La verdad central de este relato es que el joven rico estuvo muy cerca del Reino, tuvo un encuentro personal con Jesús, mostró interés espiritual genuino, pero rechazó el llamado al discipulado. Llegó a Cristo, pero no se rindió a Él. He aquí una verdad reveladora: Nadie puede heredar la vida eterna mientras haya algo que ocupe el lugar de Cristo en su corazón. ¿Por qué Jesús presentó esta declaración a este hombre y cuál es su trascendencia para la salvación?
Hay una búsqueda con un propósito equivocado
1. Un hombre con una vida respetable v. 18.
Este hombre es presentado como muy honorable; con una actitud y hoja de vida que algunos hombres les gustaría tener. Note que Lucas lo llama principal: líder, influyente, exitoso, joven y rico. Tenía lo que muchos sueñan tener… menos la seguridad de la vida eterna. Y este hombre, además de estas excepcionales características, vino con otras actitudes que no siempre tienen aquellos que vienen a Jesús.
Vino con la premura correcta; o sea, vino corriendo. En esto hay algo digno de ser observado. Algo vio ese joven en el Maestro de Galilea que le convenció de ir a él tan pronto como fuera posible. Este joven nos muestra la importancia de la premura para venir a Cristo. Hay gente “buena” que acude pronto a Dios, pero sin querer cambiar. Vienen corriendo a Cristo, pero luego se detienen cuando ven sus demandas. Pero también vino con la postura correcta (Marcos 10:17). Se nos dice que vino “… hincando la rodilla de delante de él…”. No todos los hombres se postran delante del Señor.
2. Un hombre con la pregunta correcta
¿Qué haré para heredar la vida eterna?” v. 18b. Aquella era una pregunta espiritual, profunda, eterna. Pero escondía un error fatal: pensar que la salvación se obtiene haciendo algo. La salvación no se hereda por mérito, se recibe por gracia. Usted no tiene que hacer nada para salvarse, sino arrepentirse de sus pecados y convertirse en un discípulo de Cristo, lo que no quiso hacer el joven de esta historia.
3. Un hombre con una moral intachable v. 20.
Este hombre, además de esas otras excepcionales características, era un profundamente religioso, porque por los menos cumplía algunos mandamientos. Pero observe cuáles eran los mandamientos que cumplía: los relacionados con los hombres, pero había fallado en el más importante: amar a Dios sobre todas las cosas.
Note que Jesús no menciona el mandamiento contra la codicia… hasta que toca el tema del dinero, justo donde más le dolía. Y esto nos revela que la moral sin rendición no salva. Este hombre había guardado perfectamente cinco de los diez mandamientos. Sin embargo, el primer mandamiento habla de no tener dioses delante de Dios, y él tenía uno que no estaba dispuesto a abandonar.
Esta es la historia de mucha gente en el día de hoy, viven vidas moralmente “intachables”, guardando algunos mandamientos, pero están igualmente perdidos, porque no guardar el primer mandamiento de amar a Dios por encima de todas las cosas y no tener dioses ajenos delante de Él.
🔔 Mantente al día con entreCristianos
Recibe las noticias e información cristiana más relevante directamente en tu WhatsApp.
📲 Únete a nuestro canal oficial
Hay un encuentro con un resultado inesperado
1. Un encuentro lleno de amor (Marcos 10:21).
Esta es una de las frases más conmovedoras del pasaje. Jesús: lo miró, lo amó, le habló con gracia, le mostró el camino de vida. ¿Puede pensar en el tipo de mirada que Jesús le extendió? Pudo ser una mirada de mucha misericordia. Pudo ser una mirada de dolor. Pudo ser una mirada que demandaba una respuesta. Esta es la mirada para el pecador respetable que vive en su propia justicia. Lo último que vemos en este encuentro es un reproche de parte de Jesús.
Ni siquiera lo vemos en la pregunta de Jesús, “¿por qué me llamas bueno?”. Su amor es de salvación. Muy pronto Jesús estaría colgado sobre un madero. Aquella muerte también era para este joven. Nadie escapa a la finura de su mirada. La misma mirada que tuvo para el joven rico la tiene para el pobre, así como para con la mujer. Pero el amor no anula la decisión humana. Se puede ser amado por Jesús y aun así rechazarlo. Esta puede ser una de las historias más tristes de todas las Escrituras. Después de la mirada vino el desafío: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
2. Un hombre casi salvo, pero al final perdido v. 23.
La frase “pero él… se fue triste” pareciera ser el corazón de todo lo visto en esta historia. Veamos este gran contraste. Este hombre llegó corriendo, pero se fue arrastrando; llegó con esperanza, pero se fue con tristeza; llegó con preguntas, se fue sin salvación. Al final no fue Jesús quien lo rechazó; fue él quien rechazó a Jesús. La tristeza de este hombre no nació del rechazo a Jesús, sino del costo de seguirlo. Quería la vida eterna, pero sin soltar lo que ya le daba seguridad. Su riqueza no estaba solo en sus manos, estaba en su corazón.
Jesús no le quitó nada: reveló lo único que aún le faltaba, una entrega total. La tristeza de este hombre no apareció cuando Jesús habló de la vida eterna, sino cuando tocó aquello que le daba identidad y seguridad. No fue la santidad lo que lo asustó, fue la rendición. Él había obedecido mandamientos, había construido una vida moralmente correcta, pero había algo que aún no había pasado por el altar: su corazón atado a las riquezas. Jesús no cuestiona su esfuerzo, revela su apego. Este pasaje nos muestra que se puede estar muy cerca del Reino y aun así irse triste.
Aplicación: La tristeza del joven rico es una alarma espiritual. Aquello que nos entristece cuando Dios lo toca suele revelar dónde está nuestro tesoro. Si la obediencia nos amarga, si la entrega nos angustia, quizá Cristo ha señalado justamente lo que aún nos falta rendir.
Hay una demanda que necesita ser completada
La cosa que hace falta (v. 22).
Cuando uno revisa esta historia, se pregunta ¿le podía faltar algo a este hombre? Observe lo que tenía: era principal (alguien de mucha influencia en la sociedad), era joven, era rico, moralmente cumplía con los mandamientos; pero Jesús, quien al final es quien determina qué nos falta, dice: “aún te falta una cosa”. Cuando Jesús dijo “aún una cosa te falta”, no estaba señalando una carencia externa, sino un límite en la entrega del corazón. El joven había obedecido mandamientos, pero aún no había rendido el trono de su vida.
Jesús no le pidió más obras, le pidió el primer lugar. Hoy esa palabra resuena también para nosotros: no es cuánto hemos hecho, sino qué aún retenemos. La vida eterna no se hereda con las manos llenas, sino con el corazón rendido al Señor. Jesús no le pidió eso porque la salvación se compra, sino porque sus riquezas eran su verdadero dios. No era el dinero el problema, sino el lugar que ocupaba en su corazón. A este hombre le faltaba rendirse. Jesús no le pidió religión, le pidió discipulado. A este hombre le faltaba fe verdadera. Creía en Jesús como Maestro, pero no como Señor. Cuando llegó el momento de confiar plenamente… eligió sus posesiones.
Aplicación: El joven aristócrata pensó haber pasado no solo un examen de buena conducta, sino quedar como candidato para ir al cielo. Pero después que Jesús hizo el escrutinio interior se dio cuenta que algo le faltaba.
2. La pregunta que a todos preocupa v. 24.
Cuando los discípulos preguntan: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”, están reconociendo que si el mejor, el más correcto y bendecido no pudo, nadie parece capaz. Y esta es la pregunta de todos, porque si un hombre como este que vino a Cristo, con semejantes calificaciones para ser un candidato para ir al cielo, y no lo pudo, entonces ¿qué queda para nosotros tan pecadores y desposeídos? Pero esta fue la respuesta de Jesús. “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”.
Esa pregunta revela el colapso de toda confianza humana. Jesús ha demostrado que no basta con cumplir, ni con poseer, ni con esforzarse más. Frente a esa impotencia nace la verdad central del evangelio: la salvación no es posible para el hombre que se aferra, pero sí para el que se rinde. He aquí tres verdades finales: La salvación no se logra, se recibe. Nada debe ocupar el lugar de Cristo. Seguir a Jesús vale más que todo lo que dejamos, y esto satisface la preocupación de Pedro. No se trata de cuánto vas a dejar o perder, sino cuánto vas a ganar si decides seguir a Cristo.
Aún te falta una cosa
Resumimos esta historia de esta manera. Este joven tuvo:un encuentro con Jesús,una pregunta correcta,una vida moral,una oportunidad única,pero eligió quedarse con todo… y perderlo todo.Hoy la pregunta para nosotros no es:¿Qué te sobra?sino:¿Qué te falta? Y es aquí donde salen algunos pensamientos ricos para nosotros los pobres pecadores. ¿Qué quiero decir? Por un lado: No todos los que parecen aptos para ser discípulos lo son.
Es posible que los 12 discípulos observaron a este joven como un buen prospecto para la causa; es más, hasta pensarían que podía ayudar con sus vacas a la causa de Cristo, pero no fue así. A menudo vemos a la gente que nos visita de esa manera. Pero aquel hombre se fue espiritualmente perdido. Por otro lado, la salvación no es algo que gano, sino algo que recibo.
Recuerdan la pregunta que hizo este joven: “¿Qué puedo hacer para heredar la vida eterna?” Respuesta: nada. Todas las grandes religiones son de «hacer». El judaísmo, el budismo, el islam, todas son de «hacer». El cristianismo es de «ser», porque Jesús hizo lo que tú no podrías hacer (Efesios 2:8-9). Otro aspecto es que si soy salvo, puedo agradecer a Dios por hacer posible lo imposible.
Cuando los discípulos oyeron a Jesús hablar de lo difícil que es para los ricos entrar en el reino de Dios, quedaron atónitos v. 25-26. Sin embargo, vea como Jesús hizo su aplicación para aquietar la preocupación de aquellos que han decidido todo por Él. Ganamos mucho más cuando seguimos a Jesús. Pero, la pregunta final es esta: ¿Qué amo más que a Dios (¿Cuál es mi ídolo)? ¿A qué debo renunciar?
