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Del escritorio de Julio Ruíz

El camino de la exaltación: la justificación

La humildad que Dios honra en el corazón humano

El camino de la exaltación: la justificación

La justificación es uno de los temas centrales del evangelio y una de las verdades más transformadoras de la fe cristiana. En Lucas 18:9-14, Jesús presenta la parábola del fariseo y el publicano para mostrar que Dios no aprueba la autosuficiencia espiritual, sino el corazón humilde que reconoce su necesidad de gracia y perdón.

Nos encontramos ante una de las enseñanzas más profundas de Jesús acerca de la verdadera actitud del corazón cuando está en la presencia de Dios. En la presente parábola, Jesús contrasta dos maneras de acercarse a Dios: una, basada en la autosuficiencia y el orgullo; la otra, en la humildad y el reconocimiento de la propia necesidad. No hay que ahondar mucho para entender a cuál corazón finalmente Dios oye cuando se está delante de Él.

Mientras preparaba este sermón, y buscaba una comparación para contrastar la experiencia del orgulloso fariseo y la humildad del publicano, vino a mi mente los dos grandes contrastes de estas actitudes del corazón basadas en quien fue botado del cielo, y aquel enviado del cielo.

Veamos primero cómo operó el “espíritu fariseo” desde el principio de acuerdo con Ezequiel 28. Observe cómo fue creado aquel “querubín grade”, según 13-15. Pero ahora vaya a Isaías 14:12-15 para ver cómo se enalteció su corazón y luego su caída. Este ser creado por Dios, como la obra perfecta de toda su creación angelical, es la encarnación del orgullo, prepotencia, vanagloria y el final abatimiento. Pero ahora veamos la actitud del que vino del cielo, la más grande y completa representación de la humildad.

La descripción del carácter humilde de Jesús lo hizo Pablo en Filipenses 2:5-11. Entre otras cosas, Pablo mencionó el sentir de Jesúsen los versículos 5-8; pero el v. 9 tendrá una similitud con el v. 14 de la parábola. De esta manera vemos Hijo previamente humillado, pero al final exaltado. Esto parece ser el mensaje de esta parábola. Consideremos que nos muestra el camino a la exaltación.

Muestra a un hombre pecando de autosuficiencia

1. Una palabra para quienes se creen superiores v. 9.

¿Por qué Jesús contó esta parábola? Estaba abordando un problema porque había quienes confiaban en sí mismos como justos y a su vez menospreciaban a los demás. Como Jesús conoce cada corazón, pronto descubrió dentro de la multitud a unos que tenían un corazón muy malo debido a la confianza en sí mismos, el considerarse mejores que otros, y había otros quienes menospreciaban a los demás.  Por supuesto que, al leer la declaración de Jesús, descubrimos a quiénes se estaba Él refiriendo.

No todos los seguidores de Jesús tienen un corazón sincero, y le siguen con honestidad. Con este contexto Lucas nos deja esta parábola para ilustrar el problema de las personas que confían en su propia bondad. El fariseo representa a quienes ven en sus propias obras los méritos para justificarse ante Dios. Su oración está llena de comparaciones y desprecio hacia los demás, creyendo que su rectitud le da derecho a la aprobación divina. Sin embargo, Jesús advierte que esta actitud de orgullo y autosuficiencia aleja a la persona de la verdadera comunión con Dios.  

2. Un “creyente” que cumple, pero no vive v. 11.

Cuando un pastor lee las características de este fariseo, y en la manera cómo cumplía con sus responsabilidades como miembro del templo, pudiera pensar: la verdad es que ese miembro reúne muchas características que ayudarían para el “crecimiento” de la iglesia. Vamos a evaluarlo de la siguiente manera.

En cuanto la oración, oraba más que muchos. En cuanto a su vida moral, no era ladrón, injusto, y tampoco un adúltero. En cuanto a su vida espiritual, ayunaba dos veces por semanas, algunos creyentes nunca ayunan. En cuanto a la mayordomía de las finanzas, diezmaba de todo lo que ganaba, algunos creyentes nunca diezman. ¿No creen que este hombre reúne algunas características que no la tienen algunos cristianos? Pero, ¿cuál era su problema? Que era un fariseo, porque toda su oración es una justificación cuando se compara con los demás.

Fijémonos muy bien hasta dónde llegaba su soberbia mientras oraba. En esta oración pronto vemos una forma omitida del sujeto “YO” hasta en 4 ocasiones. Mírelo de esta manera:  en esos dos versículos: Yo te doy gracias, Yo no soy como los otros hombres, Yo ayuno dos veces a la semana y Yo diezmo todo lo que gano. Su oración estuvo revestida de él, pero en ninguna parte mencionó a Dios. Yo no quiero un miembro así.

Muestra a un hombre quebrantado de corazón

1. Estando lejos por considerarse indigno v. 13.

Los publicanos eran los cobradores de impuestos, por lo tanto eran menospreciados por el oficio que hacían. De ellos se dicen que eran ladrones y avaros, siendo muy odiados por el tema de los impuestos. Este hombre no era pobre, pero descubrió que la riqueza no satisfizo su corazón, y por eso va al lugar donde podía encontrarse con Dios a compartirle su pena y su dolor.

Observe este detalle de la parábola. Ambos subieron al templo a orar. Ambos se presentan delante de Dios, pero mientras el fariseo subió hasta los primeros asientos, el publicano se puso en los últimos asientos, a lo lejos. Esta actitud revela a un corazón que no se siente digno de estar ni siquiera en la casa de Dios, menos cerca del altar.

¿Qué es lo que le pasaba a este hombre? Que está completamente atormentado por su pecado y sabe que el único sitio donde puede refugiarse de ese enorme problema es en la presencia de Dios. Este hombre, desde el punto de vista social, no era un mendigo, porque a lo mejor tenía bienes materiales, pero desde el punto de vista espiritual, estaba vacío. Necesitamos del espíritu de este publicano cuando venimos a la casa del Señor; llegar de una manera quebrantada.  

2. “Dios, sé propicio a mí, pecador” v. 13b.

Observemos la actitud de este hombre. Note que en lugar de hablar como lo hizo el fariseo, se da golpes en el pecho como señal de dolor y contrición por su condición espiritual en medio de su sufrimiento espiritual, acude a la casa de Dios para encontrar misericordia y gracia. Vea que su oración es la más breve que encontramos en toda la Biblia.

No hay el palabrerío del que está adelante. Vea que a diferencia del fariseo, él si menciona a Dios, porque el objeto final de nuestras oraciones es que estén dirijas a Dios, sea en alabanza, exaltación, confesión o súplica como la presente. Este hombre pudo ser rico, y aunque no le debiera a nadie, al ver la gravedad de su situación clama para que la deuda de su pecado sea pagada. Este hombre se sentía culpable, tan distinto a este tiempo donde la culpa ha dejado de formar parte de la experiencia humano.

Para algunos, la culpa se ha considerado como un síntoma de enfermedad emocional o alguna anormalidad mental y no como una respuesta moral adecuada al pecado. La sociedad ha quitado a Dios de su vida, pero jamás podrá quitar la culpa del pecado. Este hombre está en la casa de Dios y su experiencia fue como la de Isaías 6:5-7, cuando reconoció lo que significa estar delante de Dios. No hay méritos, sino la culpa que traen nuestros pecados.

Muestra a un Dios respondiendo a la oración

1. Hay una oración respondida en la parábola v. 14.

La declaración de Jesús en este texto nos muestra primero a un hombre justificado por Dios, por no haberse justificado a sí mismo. Observe esto. Este hombre vino de su casa con una gran carga en su corazón, como un pecador culpable indigno de recibir perdón.

Sin embargo, ahora él regresa a su casa feliz, perdonado, y a lo mejor diciendo lo mismo que dijo Zaqueo, el otro publicano, cuando después del encuentro con Jesús y después de su conversión dijo: “…y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8). El hombre que permaneció lejos, dándose golpes en el pecho, ahora ha sido cercano por la obra del Señor. La humillación siempre será el camino a la exaltación.  

Martín Lutero dijo: “Solo existen 2 clases de personas en el mundo: pecadores que se piensan que son justos, y justos que piensan de sí mismos que son pecadores”, y este publicano formaba parte de ese último grupo. La justificación que viene como resultado no de nuestras obras, pero sí por la obra de Jesús al entregarse por nosotros, es la que nos manda a la casa justificados (Romanos 3:21-26). Este publicano nos enseña cómo deberíamos venir y salir de la casa de Dios.

2. Hay una oración no respondida en la parábola v. 14b.

La oración del fariseo estuvo marcada por la abundancia de palabras, la autojustificación y el desprecio hacia los demás, lo que impidió que obtuviera una respuesta de Dios. Es fácil imaginar a este hombre llegando temprano al templo, quizás buscando impresionar al pastor con su aparente devoción. Creía que con sus ayunos y diezmos bastaba para que Dios lo declarara justo.

Sin embargo, el texto nos presenta una realidad desalentadora: sólo uno fue justificado. Jesús señaló: “… antes que el otro”. Así, el resultado de las oraciones fue claro: aquel que se consideraba justo, en realidad estaba marcado como pecador, y, por tanto, condenado; mientras que el publicano, reconociendo su condición y confesando su pecado volvió a casa justificado por su humildad.  

La justicia que Jesús resalta en este pasaje no reside en el cumplimiento legalista, sino en la humildad y el reconocimiento sincero de nuestros pecados, lo que nos lleva a depender plenamente de Cristo. Kent Hughes escribe: “La postura espiritual con la que oramos en lo más profundo de nuestro corazón revela si Dios nos ha hecho justos”. Entonces, ¿oramos como el publicano o como el fariseo? De eso depende la respuesta.

Muestra quien finalmente será exaltado

1. El que se exalta será humillado v. 14b.

¿Qué significa la declaración de Jesús en este v. 14? La frase “el que se enaltece será humillado” significa que toda persona que se considera superior o que confía en su propia justicia y méritos, tarde o temprano será rebajada y corregida por Dios. Jesús utiliza esta expresión para advertir sobre el peligro de la soberbia espiritual, especialmente cuando alguien se compara con los demás y se cree mejor.

No es casualidad que Jesús escogiera a un fariseo para hablar de la exaltación propia porque el mejor ejemplo para esto fue el fariseo Pablo en el asunto de la exaltación.  Pablo nos muestra cómo pasar de la exaltación a la humillación. Veamos cómo era su vida antes de conocer a Cristo de acuerdo con Hechos 9:1, y luego su propio testimonio en Filipenses 3:4-6 y Gálata 1:13, 14.

Más adelante, cuando escribe a su discípulo Timoteo le agradece al Señor por haberlo tenido en el ministerio según 1 Timoteo 1:12, pero dejando claro cómo fue vida antes y después. Pablo es un ejemplo que el que se exalta será humillado. Los soberbios no prevalecen delante de Dios; faraón es un ejemplo de eso.

 2. El que se humilla será exaltado v. 14 b.

Volviendo al caso de Pablo, veámoslo en Hechos 9:6. Algunos han dicho que Pablo fue derribado del caballo; bueno, la Biblia no dice eso, pero sí que fue derribado mientras iba persiguiendo a los cristianos. Con cartas dadas por el sacerdote tenía “luz verde” para ir “casa por casa, arrastrando a hombres y a mujeres” (Hechos 8:3), metiéndolos en la cárcel, cuando al medio una luz brillante detuvo su carrera, y luego vemos a un hombre en el piso, ciego y dependiendo de otro para caminar.

Allí, el fariseo Pablo fue reducido a un hombre humilde y profundamente tocado por el Señor. Lo demás será una historia escrita sobre las tablas de la humildad. Será él mismo que escribiría después, textos como Filipenses 2:3-8 y 1 Corintios 13:3-4. De esta manera, Pablo reveló lo dicho por Jesús en Lucas 18:14, aunque no anduvo con Él.  Más adelante, fue el mismo Pablo quien habló de la justificación que viene como resultado de la humillación, y de la aceptación de Cristo en Romanos 3:21-28.

La humildad que conduce a la justificación

¿Qué hacer frente a la actitud del fariseo y la del publicano en la presente parábola? Lo primero es decirle al Señor:  Guárdame de la autojustificación porque la salvación no viene por un carácter moral superior. Si lo vemos como un duelo de carácter moral, el fariseo vence al publicano. Pero con esto, nadie puede ganarse el favor de Dios con tu bondad, ni ser salvo por tu justicia propia.

Tú y yo somos pecadores y necesitamos la justicia de otro, o sea la de Cristo. Evitemos la justicia comparativa. Dios no espera que compare mi justicia con la justicia de otra persona. El publicano no se compara con nadie como si lo hizo el fariseo.

El fariseo aceptaría fácilmente a alguien con sus cualidades, y amaría a las personas que se mantienen “firmes” como él. Quien proceda de esa manera, es un fariseo. Y este mensaje nos lleva a una petición final: Vísteme con la justicia de Cristo. Usted ni yo podemos ser salvos por nuestra propia justicia, sino la de Cristo. La actitud del publicano es la correcta porque al final Jesús dice: “Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro…”. ¿Cómo desea regresar a su casa hoy?

Preguntas frecuentes sobre la justificación

¿Qué enseña Jesús sobre la justificación en Lucas 18?

Jesús enseña que Dios aprueba al que se humilla delante de Él y reconoce su necesidad de misericordia, no al que confía en sus propias obras.

¿Por qué el fariseo no fue aprobado por Dios?

Porque puso su confianza en su propia justicia y menospreció a los demás en lugar de depender humildemente de la gracia de Dios.

¿Qué representa el publicano en la parábola?

Representa a la persona que reconoce sinceramente su pecado y clama por misericordia con humildad.

¿Cómo puede una persona acercarse correctamente a Dios?

Con arrepentimiento, humildad y fe, entendiendo que la salvación y el perdón vienen por la gracia divina y no por mérito humano.

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Julio Ruiz

Julio Ruiz es pastor, teólogo y conferencista con más de 25 años de ministerio. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista de Venezuela y profesor del Seminario Teológico Bautista, donde formó líderes y pastores. A lo largo de su trayectoria ha pastoreado iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos, dedicándose a la enseñanza bíblica y la predicación centrada en la soberanía de Dios y la vida cristiana práctica. Actualmente dirige la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia, y es autor de numerosos artículos sobre teología, estudios bíblicos y liderazgo espiritual. Su experiencia pastoral y académica lo convierte en una voz reconocida dentro del ámbito evangélico hispanohablante.
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