
El Pastor Steven Anderson, líder de la Faithful Word Baptist Church en Tempe, Arizona, protagonizó un momento de extrema tensión el pasado 6 de julio de 2026 al solicitar públicamente que Dios destruya a sus cuatro hijos mayores durante un sermón polémico. En una intervención marcada por una fuerte carga emocional, el predicador exigió que sus hijos se retracten de las acusaciones de abuso infantil y violencia vertidas contra él en un reciente documental, o que, de lo contrario, reciban el juicio de Dios.
Anderson, conocido por su postura fundamentalista independiente y su defensa exclusiva de la Biblia King James, utilizó el púlpito para afirmar que ha sido objeto de abuso psicológico durante años por parte de sus familiares directos. Durante la transmisión del mensaje, el líder religioso calificó a sus propios hijos como «mocosos malvados» y «pedazos de basura», lanzando un ultimátum: o los jóvenes se arrepienten públicamente de sus «mentiras», o él renunciará a su cargo pastoral.
Steven Anderson acusado de abuso infantil
El trasfondo de esta crisis familiar y ministerial reside en las detalladas denuncias de sus cuatro hijos mayores, quienes han expuesto un entorno de violencia sistémica dentro del hogar de los Anderson. Isaac Anderson, uno de sus hijos, describió incidentes de extrema agresividad donde su padre supuestamente lo pateó y pisoteó contra el suelo, llegando incluso a proferir amenazas de muerte. Por su parte, su hijo John denunció que el Pastor Steven Anderson utilizaba cables eléctricos para azotar a su madre, replicando el mismo castigo físico que empleaba con sus hijos.
El impacto de estos testimonios ha sido devastador para la estabilidad de la Faithful Word Baptist Church. Según las fuentes, aproximadamente un tercio de la congregación decidió abandonar la iglesia tras conocerse las alegaciones de maltrato físico, psicológico y espiritual. Miriam Anderson, de 17 años, relató que el ambiente en su hogar era tan opresivo que, entre los 11 y 15 años, consideró el suicidio diariamente y llegó a orar para que Dios le quitara la vida.
Este nuevo sermón polémico se suma a una larga trayectoria de declaraciones extremistas que han definido el ministerio de Anderson. El pastor es recordado por su abierta hostilidad hacia el calvinismo y por declaraciones donde expresaba alegría ante la idea de la muerte de personas homosexuales, afirmando incluso que «presionaría un botón» para acabar con ellos si fuera posible. Debido a este tipo de retórica, Anderson ha acumulado prohibiciones de entrada en 34 países.
Actualmente, el predicador insiste en su inocencia y demanda una vindicación pública para restaurar su reputación. Sin embargo, la gravedad de los relatos de abuso infantil presentados por sus hijos, que incluyen golpes con cables y maltrato psicológico prolongado, mantienen a la Faithful Word Baptist Church bajo el escrutinio de la opinión pública cristiana y los medios de comunicación
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