
El testimonio de fe de un rescatista que se negó a abandonar a un hombre atrapado entre las estructuras colapsadas ha conmovido profundamente a miles de personas dentro y fuera de Venezuela. En medio de un escenario devastador provocado por un destructivo terremoto, la valentía de este servidor de emergencias demostró que la mano de Dios sigue obrando en los momentos de mayor aflicción humana. Las labores de auxilio continúan contrarreloj en localidades fuertemente afectadas como Caraballeda, en el estado de La Guaira, donde los equipos especializados remueven incansablemente toneladas de bloques y metales en busca de sobrevivientes.
La fe de un rescatista ante la adversidad
El suceso que ha impactado la fe de la comunidad se produjo cuando el rescatista localizaba a una víctima atrapada bajo las estructuras colapsadas y decidió no apartarse de su lado a pesar del inminente peligro de sufrir una nueva réplica. En ese instante de extrema tensión, el rescatista le preguntó de manera directa al hombre atrapado si creía en Dios. Al obtener una respuesta afirmativa, el socorrista procedió a guiarlo con profunda convicción espiritual para realizar una oración de fe, intercesión y entrega total.
Las palabras pronunciadas por el rescatista resonaron con fuerza entre los escombros: «Repite conmigo. Señor Jesús, te entrego mi corazón, te entrego mi alma, libértame de todo mal. Te declaro como mi único y suficiente salvador. Te amo Dios. Amén». El hombre atrapado repitió con fidelidad cada una de las palabras de la oración, concluyendo con un sentido y profundo llanto de alivio que conmovió a los presentes, manifestando la paz espiritual que trae confesar a Jesucristo como único salvador personal, aun en medio de las peores circunstancias físicas.
Actualmente, los esfuerzos de los distintos equipos de emergencia se centran en encontrar a las miles de personas que aún siguen desaparecidas tras el terremoto en el país venezolano. Lamentablemente, los expertos en gestión de catástrofes han advertido que la ventana crítica de 72 horas para rescatar con vida a personas atrapadas ya se ha cerrado de manera definitiva. Pasado este plazo técnico, la dura tarea de las brigadas civiles se transforma básicamente en la localización y recuperación de cadáveres.
A pesar de que las posibilidades físicas disminuyen y el temor a una nueva réplica sigue latente en las zonas afectadas, la lección dada por este rescatista nos recuerda la soberanía de Dios sobre la vida. La comunidad evangélica se mantiene unida en una continua oración de intercesión por el consuelo de las familias de las 1.450 víctimas fallecidas, por la pronta recuperación de los miles de heridos y para que Dios sostenga las manos de cada rescatista que continúa trabajando arduamente en las zonas de desastre de Venezuela.
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