Del escritorio de Julio Ruíz

No te rindas: Perseverancia y fe en Lucas 18

Perseverancia en la oración: Cómo mantener la fe frente al desánimo según la Parábola de la Viuda y el Juez Injusto

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No te rindas: Perseverancia y fe en Lucas 18


¡No te rindas! A lo largo de la vida, enfrentamos momentos de profunda incertidumbre donde el cansancio y la frustración amenazan con apagar nuestro espíritu. Sin embargo, la enseñanza bíblica nos recuerda la importancia vital de mantener la constancia en el clamor diario. Como nos instruye la Escritura en el texto bíblico de Lucas 18:1: «También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar». Por esta razón, ante cualquier prueba o aparente demora en la respuesta divina, el mensaje para tu vida hoy es claro: no te rindas, mantén tu fe encendida y confía en que Dios escucha la oración de sus escogidos.

¿Con qué frecuencia desistes tras haber comenzado algo que te propusiste? Es importante recordar que cada vez que intentamos algo y no lo logramos, eso no significa que debamos rendirnos. La historia está llena de ejemplos donde volver a intentarlo después del fracaso resulta fundamental. Thomas Edison (1847-1931), creador de la bombilla eléctrica, experimentó más de mil intentos fallidos antes de conseguir una que funcionara. Cuando un reportero le preguntó si se sentía desanimado por tantos fracasos, Edison respondió: «No he fracasado, simplemente he encontrado 1.000 maneras de no hacer una bombilla». Abraham Lincoln (1809-1865), el decimosexto presidente de Estados Unidos vivió varios fracasos tanto personales como políticos—perdió su trabajo, sufrió la muerte de un hijo y fue derrotado en diferentes elecciones—antes de ser finalmente elegido presidente. Nelson Mandela (1918-2013), líder sudafricano, pasó 27 años en prisión por oponerse al régimen racista y, pese a todo, no abandonó su lucha, llegando a ser el primer presidente negro de Sudáfrica. Winston Churchill (1874-1965), primer ministro británico, también enfrentó derrotas políticas y pérdidas, como la derrota en la Primera Guerra Mundial y en la Batalla de Dunkerque, pero jamás claudicó y condujo a su país hacia la victoria en la Segunda Guerra Mundial. La perseverancia ha sido clave para quienes han convertido sus derrotas en triunfos.

Un ejemplo de persistencia es la parábola de la “Viuda y el Juez Injusto”. ¿Por qué Jesús enseñó esta parábola? Por lo relacionado con la segunda venida: como desconocemos cuándo ocurrirá, debemos seguir orando con constancia, ya que muchos pueden desanimarse. El desaliento puede presentarse fácilmente, apagando nuestro espíritu. Sin embargo, esta parábola busca motivarnos a no rendirnos, sino a seguir adelante, y la analizaremos de esta manera:

Sigue orando mientras vas a ver al juez

1. La necesidad de orar siempre sin desmayar v. 1.

La declaración de este texto pronto nos pone sobre aviso acerca de la importancia que le damos a la oración. De hecho, la pregunta implícita de lo dicho por Jesús para introducir esta parábola es ¿cómo es mi vida de oración? ¿cuánto oro? Con esta declaración Jesús puso de manifiesto que el desánimo viene a nuestras vidas. Si aplicamos esto al contexto de la segunda venida de Cristo nos damos cuenta cuán importante es la perseverancia, sobre todo para los días previos cuando eso suceda.

Lo más fácil es que, en vista de la larga espera de su venida, desmayemos y no sigamos adelante. Cuando uno ve los acontecimientos después de la muerte de Cristo, todo se convirtió en un gran desánimo. Una de esas historias del desánimo se ve cuando aquellos dos discípulos regresaban a Emaús, y Jesús se les apareció en el camino. La tristeza y el desánimo fueron las palabras que el otro Caminante escuchó de ellos. Por otro lado, los otros once discípulos volvieron a sus faenas antiguas. Pedro regresó con sus amigos otra vez a la pesca, y al parecer hasta allí había llegado todo. La experiencia humana refleja que, cuando no se logra algunas cosas anheladas, hasta allí pareciera llegar todo.

2. Motivos para obedecer lo que manda Jesús (17:26, 28).

Jesús nos advierte que antes de su regreso, los días previos serán semejantes a los tiempos anteriores al diluvio y a la destrucción de Sodoma. En aquellos días, la gente vivía con normalidad: comían, bebían, se casaban y hacían negocios, ignorando lo que estaba por suceder. Solo cuando Noé entró en el arca, el diluvio llegó y todos fueron destruidos. De igual manera, en tiempos de Lot, la gente estaba ocupada en sus actividades diarias—comprando, vendiendo, plantando y construyendo—hasta que, al salir Lot de Sodoma, cayó fuego y azufre del cielo, acabando con todos.

Así será el día en que el “Hijo del Hombre se manifieste”. La pregunta aquí es: ¿por qué Jesús enfatizó la importancia de orar sin perder el ánimo antes de relatar la parábola? Porque, al igual que Noé y Lot enfrentaron la tentación de desanimarse en medio de sociedades corrompidas y perseveraron en su fidelidad a Dios, también los discípulos de Jesús experimentarían esa tentación. Ellos tendrían que afrontar persecuciones y adversidades, situaciones que fácilmente pueden provocar desaliento. Un ejemplo de esto es Juan el Bautista, quien fue encarcelado por denunciar el pecado; y, durante su encierro, llegó a dudar y preguntó si Jesús realmente era el Mesías que él había anunciado.

Sigue persistiendo a pesar del juez

1. Lo que se hace presente para desanimar v. 2. Al leer este pasaje, surge de inmediato la pregunta de por qué Jesús escogió la figura de un juez injusto para hablar sobre la perseverancia, en vez de elegir a un juez íntegro. La razón es clara: si alguien tan falto de compasión y empatía como este juez termina actuando ante la persistencia de una persona, eso nos lleva a pensar que, ¡con mucha más razón!, Dios, que es verdaderamente justo y bondadoso, responderá a quienes le buscan con perseverancia. La inclusión de este personaje en la parábola no es casual, sino que tiene como propósito resaltar el contraste entre un juez terrenal injusto y Dios, quien es la máxima expresión de justicia y amor.

Esto puede resultar chocante, pues en la tradición judía los jueces debían reunir cualidades como sabiduría, humildad y temor de Dios; sin embargo, este juez carece de todas ellas. Ni respeta a Dios ni a las personas, por lo que, según la ley judía, jamás debería haber ejercido como juez, ni siquiera en el lugar más recóndito. Así, este personaje representa todos los obstáculos y dificultades que pueden surgir para desanimarnos y hacernos abandonar, recordándonos que es precisamente frente a esas adversidades cuando más debemos perseverar.

2. La figura de la viuda simbolizando la debilidad v. 3. Si sorprende la presencia de un juez injusto en la parábola, aún más lo hace el protagonismo de una viuda. En el contexto del antiguo Cercano Oriente, las viudas y los huérfanos representaban a los colectivos más indefensos y desprotegidos de la sociedad. La escena nos presenta a una mujer que, pese a su fragilidad y la ausencia de apoyos, toma la iniciativa de acudir al juez. Su petición es clara y urgente: “Hazme justicia de mi adversario”. Es decir, reclama que el juez intervenga, que defienda su causa y ponga fin a la opresión que sufre.

El evangelista Lucas subraya la insistencia de la viuda mediante el uso del pretérito imperfecto: “seguía viniendo” al juez, lo que indica una acción repetida, constante, inacabada. Su ejemplo enseña que incluso quienes parecen tenerlo todo en contra pueden, mediante la constancia y la fe, buscar justicia y no rendirse ante la adversidad. La parábola, por tanto, invita a los creyentes a no dejarse paralizar por la sensación de impotencia, sino a perseverar confiando, sabiendo que Dios, a diferencia del juez injusto, escucha y responde nuestras oraciones.

Sigue tocando hasta convencer al juez

1. Cuando la justicia es retenida por la maldad del corazón v. 4.

Este reconocimiento revela una doble maldad: por un lado, la ausencia total de temor a Dios, que implica la falta de cualquier referente ético o espiritual; por otro, el desprecio hacia el ser humano, manifestado en su negativa a defender a una viuda, símbolo de debilidad y desamparo. Así, la viuda se enfrenta no solo a la injusticia de su situación, sino también a un sistema que le da la espalda y que, en teoría, debería protegerla. Sin embargo, en medio de tanta adversidad, destaca la actitud de la viuda, cuya única “arma” es la perseverancia. Es precisamente esta constancia la que acaba doblegando la resistencia del magistrado.

El juez, incapaz de soportar la presión de las continuas solicitudes, termina cediendo, no por convicción, sino por puro agotamiento: “no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia”. Si esto es posible en un ser humano injusto, ¡cuánto más deberíamos confiar en que Dios, justo y misericordioso, responderá a las oraciones de sus hijos! La enseñanza es clara: la perseverancia en la fe y en la oración tiene poder, y no debemos desanimarnos ante la aparente indiferencia, pues Dios no es como el juez injusto, sino que escucha y actúa por amor a los suyos.

2. “Escuchad lo que dijo el juez injusto” v. 6. 

Jesús nos exhorta: “Prestad atención. Reflexionad. Este juez no es bueno, es injusto. Sin embargo, escuchad bien lo que ha dicho, porque finalmente hará justicia a esta mujer, se ocupará de su causa y juzgará a los malvados”. Nuestro amado Señor quiere que razonemos de la siguiente manera: si alguien con un carácter tan reprochable como el de este juez accedió a ayudar a la viuda por su insistencia, ¡cuánto más hará el Señor por aquellos a quienes ama!

Esta es la enseñanza central de la parábola. Así pues, ¿qué desea mostrarnos Cristo en este punto? Por un lado, quiere que comparemos y apreciemos el contraste entre el juez injusto, carente de amor y misericordia, y Dios, quien es “infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad”, como el juez supremo y justo. Si un juez injusto puede ser movido por la perseverancia de una viuda, ¡cuánto más responderá Dios, justo y lleno de amor, a las oraciones de sus hijos que claman a Él con fe y constancia! Es cierto que muchos hombres, al impartir justicia, se asemejan a este juez injusto, pero no sucede así con nuestro Juez, cuyo trono es eterno y para siempre, y cuyo cetro de justicia sostiene su reino (Salmo 45:6).

Sigue esperando hasta que te atienda el juez

1. “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?” v.7.

El mensaje central de esta parábola es que Dios no se asemeja en nada al juez injusto. No hace falta recordarle constantemente que tenga compasión de nosotros, porque Él nos tiene siempre presentes y nos ama profundamente. A diferencia del juez de la historia, que era indiferente y carecía de empatía por las personas, Dios se preocupa por nosotros y escucha atentamente nuestras oraciones. Mientras que la viuda persistente acabó exasperando al juez debido a su insistencia, a Dios no le molestan nuestras súplicas; muy al contrario, Él desea escucharnos y atender nuestras necesidades como un Padre amoroso.

Por tanto, la enseñanza fundamental no consiste en repetir una y otra vez la misma petición hasta que Dios se vea obligado a concederla, sino en mantener una relación de confianza, perseverando en la oración desde la certeza de que Él es justo y responde en su tiempo. Así, cuando surge la pregunta del versículo 7, la respuesta es clara: por supuesto que Dios hará justicia a sus elegidos. Él es un juez justo, y nosotros no somos para Él personas desamparadas o marginadas, sino sus propios hijos y sus escogidos, a quienes cuida y defiende con amor.

2. “¿Se tardará en responderles?” v. 7.  

La respuesta a esta pregunta debe ser un rotundo ¡no! Es verdad que la parábola pareciera sugerir una larga espera para las peticiones, pero Jesús concluye con esta pregunta para la reflexión final. El Juez injusto esperó que la mujer se diera por vencida, pero ella no lo hizo. Finalmente cedió, le respondió y la vengó. Aquí tenemos la importancia de permanecer fieles, confiados y esperando en Dios. Todo llega a su debido tiempo. Nunca debemos dejar de esperar en la respuesta de Dios.  

Se dice que George Muller tenía cinco amigos incrédulos por quienes se comprometió a orar por su salvación. Oró por ellos durante cincuenta años y solo dejó de hacerlo cuando falleció. En esos cincuenta años, un hombre se convirtió en creyente en cinco años, dos de ellos lo hicieron después de diez años, el siguiente después de veinticinco años, y el último hombre seguía incrédulo cuando Muller falleció, pero dos años después de su muerte, ese hombre llegó a la fe. La oración fiel y comprometida Dios la responderá.  Pero la verdad es que no oramos con frecuencia, y cuando lo hacemos, pronto dejamos de orar.

¿Se tardará en responderles?” v. 7

La respuesta a esta pregunta es claramente negativa: Dios no se demora en contestar. Aunque en la parábola parece que la espera es extensa, Jesús termina planteando esta pregunta para que pensemos sobre nuestra actitud ante la espera. El juez injusto pretendía que la viuda se cansara y abandonara su petición, pero ella perseveró y, finalmente, obtuvo justicia. Este relato nos enseña la importancia de mantener la fe y la confianza en Dios, sabiendo que Él actúa en el momento oportuno. Nunca debemos perder la esperanza en que Dios responderá a nuestras súplicas.

Un ejemplo de perseverancia en la oración es el de George Muller, quien oró durante cincuenta años por la conversión de cinco amigos. A lo largo de ese tiempo, vio cómo varios de ellos llegaron a la fe en distintos momentos: uno a los cinco años, dos a los diez, otro a los veinticinco, y el último después de la muerte de Muller. Este testimonio ilustra que la oración constante y fiel será escuchada por Dios. Sin embargo, en la práctica, solemos orar poco, y cuando lo hacemos, fácilmente abandonamos la oración si no vemos resultados rápidos.

¡No te rindas!

Esta parábola pone de manifiesto que Dios nunca abandona a sus hijos y siempre hará justicia a favor suyo, aunque no sea de manera inmediata, sino en el momento adecuado según su voluntad. El versículo 8 cobra especial relevancia, invitando a reflexionar sobre nuestra actitud ante la espera: ¿Será Jesús recibido por personas que perseveran en la fe, oran y confían constantemente en Él, o encontrará a quienes han perdido la esperanza y se han alejado de la comunión con Dios?

Como señala John Piper, si nos desalentamos y dejamos de orar, cuando el Hijo del Hombre regrese, no hallará fe en nosotros. La fe es como un horno que necesita ser alimentado con la oración; si dejamos de orar, el fuego de la fe se apagará, y nuestro corazón se enfriará y endurecerá. Cuando Cristo vuelva en gloria, solo permanecerá en aquellos que han mantenido viva su fe y su relación con Él. Los elegidos de Dios se distinguen porque claman a Él día y noche, tal como afirma el versículo 7. Por eso, no te des por vencido, ni permitas que el desánimo te aleje de la oración. Continúa perseverando, mantente firme en la sala de espera, y asegúrate de que cuando Cristo regrese, encuentre fe ardiente en tu corazón.

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Julio Ruiz

Julio Almera es pastor, teólogo y escritor cristiano. Posee una licenciatura en Teología del Seminario Teológico Bautista de Venezuela y realizó estudios de maestría en Canadá. Ha servido como presidente de la Convención Bautista Venezolana en tres ocasiones y como profesor en el Seminario Teológico Bautista. Durante más de 18 años ha compartido sermones, reflexiones y artículos en diversos medios digitales, publicaciones y redes sociales. Está casado con Carmen Almera Ruiz, con quien ha formado una familia de tres hijas y cuatro nietos. Actualmente es pastor principal de la Iglesia Bautista Ambiente de Gracia, Fairfax Station, Virginia.
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