Del escritorio de Julio Ruíz

Por su misericordia

Por su misericordia

Dios es infinito en misericordia. Exploramos este cuarto aspecto de la serie «Atributos de Dios» basándonos Nehemías 9:30-31.

Creo que no hay un libro en la Biblia tan lleno de acción como el libro de Jonás. Alguien ha calificado esa historia como a un “Hombre en Fuga”. Y su huida se relaciona con la misericordia de Dios. Jonás huye a Tarsis, cuando fue llamado para ir a predicar a Nínive, comprando un pasaje para ir en dirección opuesta. Esta osadía de Jonás le merece el título: “el profeta desobediente, dormilón, indiferente e insensible”.  

Un vistazo a sus cuatro capítulos nos muestra una gran aventura cuando se levanta una gran tormenta, y los marineros del barco resultan ser más temerosos de Dios que el profeta mismo.  Es una historia con suspenso, porque surge la pregunta ¿cuál será el destino de Nínive?, especialmente cuando Jonás se enoja hasta la muerte porque Dios no la destruye. Pero hay algo aún más insólito en el libro y es el imaginarse a un hombre en el vientre un gran pez.  

El asunto incomprensible del profeta fue que la salvación no podía salir de las fronteras de Israel. Esto lo hizo un hombre lleno de prejuicios, y con una sed de destrucción por aquella ciudad a la que fue enviado a predicar, y quien ni siquiera por haber estado tres días en el estómago de un pez cambió, aun cuando oró des allí a Dios (Jonás 2:1-2). Y fue después de esta oración, cuando el pez lo vomitó en tierra, y a lo mejor asustado y mal oliente a pescado, que predicó en Nínive un mensaje de ocho palabras, diciendo: “de aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (3:4-5).

Ante esto, la ciudad se arrepintió (v. 10), y entonces Jonás se apesadumbró y se enojó (4:1), porque Dios no hizo lo que él quería con su sermón.  Mis amados, el libro Jonás es el más claro ejemplo de la misericordia de Dios, el cuarto atributo de esta serie. Abordemos este tema de la misericordia como el atributo más necesario para la vida.   

La misericordia de Dios es Su más grande riqueza

La revista “Forbes” la encargada de dar a conocer cada año a las personas más ricas del mundo, siguieron mostrando a Elon Musk, como la persona más rica, con un aumento de casi el 17% en el precio de las acciones de Tesla durante noviembre, llevando a su la fortuna a aumentar en 28,000 millones de dólares, para llegar a la pequeña cantidad de 245,000 millones de dólares. ¿Pero es esta persona la más rica del mundo? ¡No! La persona más rica del mundo es Dios, porque el mismo dijo: “mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos”.

Les aseguro que la revista “Forbes” jamás va a publicar las riquezas de Dios. Porque ¿quién podrá calcular sus riquezas materiales si las vemos en función de su creación? ¿Cuánto será el precio de los mares, ríos, montañas, llanos, astros, estrellas, galaxias, y un largo etcétera? Sin embargo, dentro de las insondables e inagotables riquezas de Dios, la riqueza de sus misericordias, se constituyen en la cumbre de toda su grandeza de acuerdo con  Efesios 2:4-8.

Este debería ser el texto más grande de toda la Biblia. ¿Puede usted leerlo con calma y ver su alcance, profundidad y el ilimitado deseo de Dios con su misericordia? Observe nuestra perdición: Muertos en delitos y pecados. Observe la compasión de Dios: el gran amor con que nos amó. Observe nuestra asociación: vida juntamente con Cristo. Y observe ahora nuestro privilegio: resucitados y sentados en lugares celestiales ahora mismo. Esto solo es posible porque “Dios es rico en misericordia”.  

La misericorida de Dios garantiza la salvación

La misericordia de Dios tienen una incidencia directa en nuestra salvación, y advirtiéndonos que, si no fuera por ellas, nadie podía ser salvo. En la carta de Pablo dirigida a Tito nos ha dejado un texto cuyo propósito es contrastar la condición perdida del hombre, y lo que finalmente ha hecho Dios para alcanzarnos con su única y pura misericordia.

En efecto Tito 3:3-7 es la visión de la corrupción del pecado en el hombre, pero a su vez es la visión más cercana de varios atributos de Dios envueltos en nuestra salvación. Observemos la corrupción del corazón del hombre, como somos antes de llegar a Cristo: “insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros” v. 3.

Quizá usted se esté preguntando ¿pero era yo tan malo como se me describe aquí? Pues alguna de esas categorías me identificaba a mí. Ahora vea cómo Dios ha obrado para salvarnos:  Manifestó su bondad y su amor por todos los hombres, mandando a un Salvador; nos salvó no tomando en cuenta nuestras obras, sino por sus misericordias; nos salvó por la intervención del Espíritu a través de la regeneración y renovación, derramando todo eso abundantemente en nosotros por medio del Salvador Jesucristo. ¿Y cuál fue el propósito de todo esto? La justificación por su gracia y ser heredero de la esperanza de la vida eterna. Si esto no es misericordia, entonces qué es misericordia.

La misericordia de Dios detiene la destrucción

Lamentaciones 3:22-23 es otro de los grandes textos muy citados por los hijos de Dios, sobre todo cuando sienten las carencias de la vida misma o están inseguros acerca de una decisión para ser tomada. Sin embargo, lo que muchos no saben es que el profeta Jeremías escribió Lamentaciones en una época de profundo dolor y luto nacional, después que la hermosa y gran ciudad de Jerusalén cayera en manos del imperio babilónico en el año 586 a. C.

Paradójicamente el libro describe una gran angustia, pero a su vez una gran esperanza escrita de una manera poética. De esta manera, el tema del libro es el juicio divino, mezclado con la compasión de su pueblo. Si bien el profeta se lamenta, llora y es notoria su angustia al ver esos tiempos muy oscuros, a su vez levanta su esperanza al saber que Dios es fiel y no desechará a su pueblo jamás. Bien sabía Jeremías que Israel le dio muchas razones para haber sido sumido por su ira. Israel se empeñó en provocar la ira de Dios para ser consumidos, pero en lugar de aplicar su ira, aplicó su misericordia, porque en efecto, y como lo dice Nehemías “tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste” (Nehemías 9:17).  

Según la Biblia, la misericordia es cuando Dios retiene el justo castigo, y Dios, en lugar del castigo a Israel, dejando un remanente, el texto dice que Dios renueva para ellos sus misericordias “porque nuevas son cada mañana, grande es tu fidelidad”.  Esto nos recuerda que las misericordias de Dios hacia nosotros no tienen fecha de caducidad, pues son perpetuas (de allí la palabra “nunca”), y estarán frescas y disponibles para ser usadas cada día. Las misericordias de Dios nos previenen de ser destruidos, pero en lugar de eso ellas están siempre presentes. Bendito sea nuestro Dios.

Aplicación: La ira de Dios  al ponerse al lado de sus misericordias, se nos recuerda que son lentas de acuerdo con Salmo 86:15; 103:8; 145:8. En Joel 2:13 tenemos el mismo recordatorio, pero el profeta en lugar de hablar de “lento”, utiliza la palabra “tardo” y añade: “y que se duele del castigo”. La Nueva Traducción Viviente habla de esa última parte, diciendo: “Está deseoso de desistir y no de castigar”. Le damos razones a Dios para ejecutar su ira constantemente, pero todavía no lo hace, porque su amor y misericordia es inagotable.

Hay un trono de gracia lleno de misericordia

Cuando uno lee la historia de muchos tronos terrenales, donde se sientan reyes y gobernantes, no siempre han sido lugares donde la gente encuentra misericordia; es más, es de muchos de esos tronos donde se dan las sentencias de muerte; y esa es la simbología del trono: autoridad y poder, mientras que la gracia expresa simpatía y comprensión. Y si alguien ostentaba poder y simpatía  a la vez era Cristo. Esto pudiera ser la mejor explicación de Hebreos 4:12.

La referencia a ese trono es hecha en relación con el propiciatorio del arca del pacto. El contexto inmediato nos habla del sacrificio de Jesús quien abrió el camino a través del velo (la cortina de separación el lugar santo del lugar santífico), y ahora es nuestro gran sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades, y nos invita a «mantener firme nuestra confesión» de la salvación. La obra de Jesús nos permite llegar a ese trono, y hacerlo “confiadamente”.

Ese no es un trono de juicio o el “trono blanco”. Es un trono de gracia donde encontramos el oportuno socorro. Es el trono de la más completa confianza y seguridad respecto a nuestra pobre condición. El temor más grande al acercarnos allí sería por el castigo de la ira de Dios. Siempre el temor por haber hecho algo malo despierta esta inquietud, pero no debemos temer a la ira de Dios porque ya Cristo ha expió nuestros pecados, y eso hizo aplacar la ira de Dios, dejándonos el camino abierto a ese trono desde donde se despacha la gracia en abundancia, y desde donde podemos alcanzar la misericordia.

Aplicación: Un trono de gracia repleto de misericordias. Eso como que es “mucho con demasiado”, para ponerlo en un lenguaje coloquial. Ahora el texto además de contener estos dos atributos comunicables nos presenta una invitación. Y es una invitación sencillamente llena de ternura, compasión y de certeza: “Acerquémonos confiadamente”. Es una invitación para orar, confiadamente, creer confiadamente y confiar confiadamente. No hay temor para acercarnos allí.

La misericordia de Dios invita a la consagración

El llamado de Romanos 12:1 es que, por cuanto las misericordias de Dios son “nuevas cada mañana”, “son más altas que los cielos”, “llenan el trono de Dios”, y son el “contenedor de la ira de Dios” debemos asegurarnos de presentarle a Dios, no un sacrificio muerto como los sacrificios antiguos, sino “un sacrificio vivo”. El llamado a la consagración de nuestras vidas a Dios por cualquiera de sus atributos ya es de por sí un llamado a dar lo mejor de nosotros, pero hacerlo por las misericordias de Dios es la mayor demanda para la consagración cristiana.

El comentarista Harrison ha dicho: “En comparación con el hecho de que los paganos están prontos a sacrificar para obtener misericordia, la fe bíblica enseña que la misericordia divina provee el fundamento del sacrificio como una respuesta apropiada.” ¿Y cuáles han sido esas misericordias otorgadas en nuestras vidas que nos invitan a la más completa consagración de nuestras vidas? A través de nuestra fe en Cristo hemos sido justificados (Romanos 5:1-3).

A través de las misericordias de Dios y su Hijo Cristo, hemos sido adoptados como hijos de Dios. A través de las misericordias de Dios ahora estamos bajo la gracia, y no más bajo la ley. Pero aún hay más, fue por la misericordia de Dios que ahora tenemos el don del Espíritu, siendo elegidos en Dios, con la certeza de una gloria venidera, y la seguridad de no estar jamás separados del Dios clemente y amoroso. ¿Puede usted pensar en algo mayor para consagrarse al Señor?

Por Su Misericordia

Volvemos otra vez al libro de Jonás para ver como en ningún otro en la Biblia el atributo de la misericordia de Dios. Nínive era una ciudad pagana, llena de idolatría y extremadamente pecadora, pero la misericordia de Dios es más grande que su pecado, y es por esas misericordias que Dios le envió a un profeta para salvarla.  La ciudad está bajo el juicio divino, pero por las misericordias de Dios no había sido destruida.  ¿Cómo hizo Dios todo esto?  Jonás desobedeció a Dios, y tan pronto hizo esto fue arrojado por la borda en medio de una tormenta.

La misericordia de Dios se ve cuando Dios tenía preparado “un gran pez”. ¿Cómo seguimos viendo la misericordia de Dios? Pues que Jonás había muerto, o de asfixia o triturado por los dientes del pez; pero Dios mostró su misericordia al permitir que el mismo pez le salvara la vida. Misericordia significa que, teniendo la posibilidad de castigar a alguien como Jonás, Dios no lo mate, sino que le concede otra oportunidad. Misericordia significa que Dios en lugar de destruir a Nínive, como predicó Jonás durante 40 días, los perdonó a todos, tanto así que el mismo Cristo habla de esta Nínive arrepentida (Mateo 12:41).

Misericordia significa que a Dios le importan las personas (4:11), más allá de su pueblo, lo que Jonás no creía, y su pregunta lo confirma: “¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra?” (4:1). Y es aquí cuando Jonás, al ver que Dios perdonó a Nínive, declaró la más grande verdad de todo este libro (Jonás 4:2).


Estudios de la serie: Atributos Divinos

1: Santo, Santo, Santo
2: La permanente fidelidad de Dios
3: El amor más grande
4: Por Su misericordia
5: La Justicia de Dios
6: La revelación de la ira divina
7: El rostro de la gracia

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos. Actualmente pastorea la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia.
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