Del escritorio de Julio Ruíz

Lo terrenal debe morir entre nosotros

Lo terrenal debe morir entre nosotros

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:5-7).

Pablo viene hablando en este pasaje de la muerte y la resurrección del creyente, todas logradas en la vida que ahora tenemos en Cristo. Y en ese mismo contexto, y por la nueva vida adquirida, nos ha hablado de los imperativos “buscad y poned” para poner nuestra atención en las cosas de arriba, más que en las de la tierra. Pero ¿hay otra mayor demanda para nosotros?

El nuevo imperativo de este texto nos dice: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros”. Pablo pareciera decirnos: ‘si bien ustedes han muerto y resucitado en Cristo, como prueba de su seguridad eterna, deben seguir matando “el cuerpo de muerte” porque al parecer sigue reinando en nosotros’. Y para esto, el apóstol enumera una lista de esos pecados más comunes que batallan en nuestra carne, siendo todos ellos objetos del desagrado divino. 

Hay un enemigo batallando en nuestro cuerpo llamado “pecado”. Pero ese enemigo tiene muchas formas, y Pablo le declara la guerra de una manera general y frontal. Y él, como ningún otro, lo describe perfectamente, reconociendo que ni aun los cristianos estamos exentos de seguir en ellos.

A Pablo le informaron de la presencia de estos pecados morales en la iglesia, y por eso los va a enumerar en secuencia, porque uno de esos pecados va llevando a otros en total degradación. 

¿Cuáles son esos pecados ofensivos ante los ojos de Dios?

Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Esta lista es una referencia directa a los pecados sexuales, y todos ellos son un atentado contra nosotros mismos, porque “el que fornica contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18).

Nada le hace más daño a la vida espiritual como la práctica de estos pecados ocasionados por las pasiones de la carne. 

Pero ¿cuáles son las consecuencias de la práctica de tales pecados? Que “la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”. No podía ser de otra manera. Dios es absolutamente santo para ver el mal.

Él descargó toda su ira contra su Hijo cuando llevó todos nuestros pecados, por lo tanto, ahora su ira será descargada para los hijos que viven en esta desobediencia. “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” nos va a decir después Hebreos 10:31. 

Pero Pablo al final nos alienta diciendo que estas cosas pertenecieron a la vieja vida “cuando vivíais en ellas”.

Por lo tanto, es nuestro más sagrado deber vivir consagrados al Señor, golpeando nuestro propio cuerpo, para no pecar contra Dios, especialmente con estos pecados.

Desear algo más de lo que nos ha sido dado, incluyendo estos pecados, es avaricia e idolatría.

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos. Actualmente pastorea la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia.
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América
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11 meses de haberse escrito

Doy gracias a Dios por estas enseñanzas tan edificantes para mi vida de cada una aprendo muchísimo. Dios bendiga a mi hno Julio Ruiz y le siga dando entendimiento en su palabra.

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