Del escritorio de Julio Ruíz

Los dos tiempos del Reino de Dios

La conexión del presente con la esperanza futura

Última actualizacion: 10 abril, 2026

Los dos tiempos del Reino de Dios

Lucas 17:20-37

Jesús se encuentra en algún punto entre la frontera de Galilea, Samaria y Jericó, dirigiéndose a Jerusalén junto con los peregrinos que iban allí para celebrar la Pascua. Antes de esto, tuvo lugar el episodio en el que Jesús sanó a los diez leprosos. Y mientras prosigue su camino, Jesús es abordado por algunos fariseos que le interrogan acerca de la venida del reino de Dios.

Además de responder a la pregunta planteada, Jesús aprovecha la ocasión para explicar con detalle a sus discípulos cuestiones del reino de Dios, aclarando la diferencia entre el reino presente y el reino futuro. Lucas relata en este pasaje acontecimientos que ya ocurrieron y otros que están por venir sobre el reino de Dios en sus dos manifestaciones temporales.

Hay un reino de Dios «ahora» y un reino de Dios «todavía no». Esto significa que el reino de Dios ya ha comenzado, es decir, ha sido inaugurado; pero al mismo tiempo, espera su cumplimiento definitivo para ser consumado. Así, el reino de Dios es tanto «ahora» como «aún no». ¿Por qué esta doble perspectiva del reino? Porque Dios ha creado en el ser humano la convicción innata de que este mundo no es todo lo que existe.

Debemos percibir que hay algo más grande que nuestra rutina diaria. Por eso, lo afirmado por Shakespeare en la tragedia “Macbeth” —que la vida no es más que una “sombra que camina… un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”— resulta falso. La vida presente nos prepara para la eternidad. Este mundo tendrá un final, y de ahí que Cristo nos enseñará sobre el reino en dos tiempos. Veamos en qué consiste.

Hay un reino de dios inagurado

Hay un reino de Dios que ya está inagurado

El reino de Dios ya está entre nosotros (vv. 20-21).

Lo primero que observamos es la presencia de un reino actual, aunque pasa desapercibido. La pregunta de los fariseos partía de su propia interpretación de las profecías y del hecho de que Jesús hablaba con frecuencia sobre el reino de los cielos. De hecho, Jesús inició su ministerio público predicando lo mismo que Juan el Bautista: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Sin embargo, el problema radicaba en que los fariseos esperaban que el Mesías estableciera un reino físico que restaurara el trono de David.

Por tanto, ante la afirmación de que Jesús es el Mesías, era lógico que se preguntasen cuándo cumpliría dichas profecías. ¿Cuándo se establecería Él como Rey? No obstante, debido al antagonismo que mostraban hacia Jesús, cabe suponer que no era una pregunta sincera, sino más bien un intento de ponerle a prueba y desafiar su declaración de ser el Mesías prometido. “Si tú eres el Mesías, ¿cuándo establecerás el Reino de Dios?”, sería la cuestión. Esto explica la respuesta precisa pero evasiva de Jesús, así como la explicación más completa ofrecida a sus discípulos. Por tanto, la primera venida de Jesús marcó el inicio de la inauguración de su reino, que comienza en cada corazón donde Él reina como Rey.

Deseando ver el reino y no verlo (v. 22).

Ante la pregunta de los fariseos sobre el reino esperado, Jesús responde: “Ni dirán: ‘¡Mirad aquí!’ o ‘¡Mirad allá!’”. Con esta afirmación, Jesús les advierte: no les prestéis atención, no busquéis sus libros ni desperdiciéis vuestra vida en ello. Así explica el texto. Jesús afirma primero que el reino de Dios ya ha llegado, es decir, el reino es “ahora”. Se trata de un reino presente y espiritual. Éste es el sentido de la frase final del versículo 21: “el reino de Dios está entre vosotros”. El mensaje es claro: Jesús es el Rey, por tanto, el reino de Dios ya ha comenzado.

El reino es una realidad actual. Dado que el Rey está ante ellos, el gobierno de Dios se ha iniciado. El reino no es solo una promesa futura o una idea lejana de un palacio terrenal; es una realidad presente. Cuando pensamos en el “reino de Dios”, solemos imaginarlo en términos de espacio y tiempo, con fronteras geográficas. Sin embargo, la cuestión es que es “ahora” y espera el “todavía no”. Primero es espiritual, antes que geográfico. Así, en cierto modo, ya ha llegado: ha sido inaugurado en la persona y la obra de Cristo. Si volvemos a Lucas 4, allí Jesús, refiriéndose a la profecía de su venida, dijo: “Hoy se cumple esta Escritura” (v. 21). El reino ha llegado en Cristo. Cuando entregaste tu vida al Señor y Salvador, entraste en el reino de Dios.

El sacrificio del cielo para establecer ese reino (v. 25)

Este pasaje resulta fundamental en el contexto en el que Jesús expone la doctrina del Reino de Dios, una de las enseñanzas más reveladoras que existen. Cuando Jesús declara “primero es necesario que padezca”, nos señala que, antes de ser coronado como Rey de gloria, sería coronado de espinas; antes de ser adorado por los ángeles del cielo, sería despreciado, rechazado y asesinado. Sin embargo, fue precisamente el sufrimiento de la cruz lo que abrió la puerta a ese reino, y es el arrepentimiento lo que nos permite entrar en él.

Así, el texto muestra que el Reino de Dios no puede llegar hasta que Jesús haya completado su obra en la tierra, incluido su sufrimiento y muerte. Es importante recalcar esto, ya que existe la tendencia en algunos de querer entrar en el reino sin pasar primero por la cruz. De este modo, el Reino de Dios no podía llegar hasta que el Rey fuese a la cruz. ¿Por qué debe ser Jesús quien gobierne y reine? ¿Por qué no buscar otro medio de salvación? Porque nadie más sufrió como Él por nuestros pecados. Medita en la profundidad de este texto y detente a observar las palabras: padecer y ser desechado. Ese fue el precio de nuestra salvación.

Hay un reino por venir

Hay un reino de Dios que ha de venir

El tiempo previo antes de aquel reino (v. 23).

Este versículo contiene una advertencia clara para los discípulos: no deben dejarse llevar por rumores sobre la venida gloriosa del Mesías ni por afirmaciones de que el Reino ya ha sido establecido. Sabemos por la historia que estos rumores surgieron desde la ascensión de nuestro Señor y continuaron hasta la caída de Jerusalén, e incluso persisten hoy en día. Jesús conocía de antemano que esto sucedería. Antes de su regreso para instaurar un reino eterno, aparecerían falsos maestros que hablarían de señales “casi exactas” de su venida.

El Señor nos advierte: “No prestéis atención a quienes afirman tener toda la información, con mapas, gráficos y diagramas. No los busquéis ni los sigáis”. Pedro, en su segunda carta (2 Pedro 2:1), nos advierte que surgirán falsos maestros que introducirán herejías destructoras y negarán al Señor que los rescató. Esto se ha manifestado especialmente en quienes han intentado predecir la fecha exacta de la segunda venida, resultando siempre en falsedad. Quienes así han actuado han quedado desenmascarados como falsos maestros, pues el mismo Cristo advirtió sobre esto (Mateo 24:36).

Además de los errores en las fechas, se han dado falsas profecías en las que algunos aseguran haber recibido revelaciones de Dios acerca de la segunda venida, pero estas revelaciones nunca se han cumplido. Incluso predicadores de renombre, al observar algún acontecimiento, anuncian profecías que luego deben rectificar tras la aparición de nuevos hechos.

Esa venida será universalmente visible (v. 24).

¿Has visto alguna vez un relámpago? ¿Te impresionan? Así como un relámpago brilla de un extremo al otro del cielo y es visible para todos, así será el regreso de Cristo: todos en la tierra podrán verlo. La venida de Cristo será visible universalmente. Nadie quedará sin presenciar su llegada. Jesús es muy preciso al afirmar que su regreso será como un relámpago que cruza el cielo. Vendrá de una forma inconfundible, que captará tu atención aunque no lo estés esperando.

No importa en qué parte del mundo vivamos; Dios, el Gran Creador, resolverá cualquier límite físico para que todos sean testigos de ese acontecimiento. Si en la primera venida reinó cierta discreción, la segunda será totalmente pública y evidente. No habrá tiempo para que los medios informen, porque “todo ojo lo verá”. Marcos habla de una venida “con gran poder y gloria” (Marcos 13:26). Lucas menciona a Cristo viniendo “en una nube con poder y gran gloria” (Lucas 21:27). Y Pablo afirma que Cristo “descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Esa venida será repentina e inesperada (v. 26).

Analicemos por qué Jesús utiliza dos grandes ejemplos históricos para ilustrar la realidad de la segunda venida: su carácter repentino e inesperado. El primer ejemplo es el de Noé y el diluvio. En Génesis 6 encontramos los motivos por los que Dios determinó destruir la humanidad a través del diluvio, y durante 120 años Noé fue “pregonero de justicia”. ¿Cuál era la situación previa? La gente vivía su día a día: comían, bebían, “se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos” (v. 26).

Jesús dice que así será cuando venga el Hijo del Hombre. El segundo ejemplo es la destrucción de Sodoma, donde vivía el justo Lot. Allí, la gente comía, bebía, “compraba, vendía, plantaba, edificaba”, hasta que un día Dios envió “del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos”. Lo mismo ocurre hoy. Las personas viven sin preocuparse por lo que puede suceder en cualquier momento respecto a la venida de Cristo.

Para muchos, lo urgente es comer, beber, comprar o vender; la venida de Cristo no aparece en su lista diaria. ¿Te has preguntado alguna vez, al despertar, si hoy podría ser el día? La venida de Cristo sorprenderá a muchos.

En la segunda venida todo sucederá con gran rapidez (v. 31). 

Según el erudito del Nuevo Testamento Robert Stein: “Esta escena es bien conocida en el contexto de la guerra, ilustrando la velocidad con la que se aproxima un ejército enemigo, sin dar tiempo para prepararse. Solo queda huir”. Lo súbito del regreso de Cristo indica que no habrá margen para prepararse. Él llegará y será demasiado tarde para hacer algo.

Es decir, no podrás sacar dinero del banco, preparar comida para el camino, cambiarte de ropa o coger una maleta. La imagen es clara: quien esté en la azotea, no baje a recoger nada; y quien esté en el campo, no regrese a casa a buscar a su familia, porque todo ocurrirá muy rápido. Permíteme ilustrarlo con un ejemplo: en junio del año pasado, una tragedia en Texas fue causada por el desbordamiento del río Guadalupe, provocando la muerte de más de 100 personas, entre ellas 27 campistas, y muchos desaparecidos.

Todo sucedió tan deprisa que la gente no pudo reaccionar ante las alarmas, y la fuerza del agua arrastró casas y coches con personas dentro; algunos solo se salvaron agarrándose a los árboles durante horas. Así será la segunda venida: tan rápida que no habrá tiempo para nada más.

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En la segunda venida, algunos “creyentes” se quedarán (v. 32).

Voy a explicar este texto con mucha responsabilidad. La mujer de Lot es un ejemplo de por qué algunos “creyentes” se quedarán cuando venga Cristo. Fíjate: esta mujer fue la compañera del único hombre justo que vivía en Sodoma (un justo prestado). Sin embargo, representa a ese tipo de creyente que puede estar bajo la protección de un santo de Dios, pero permite que el mundo llene su corazón con sus deseos.

La esposa de Lot no era como su marido. Aunque vivió y huyó con él, dejó su corazón atrás. Sodoma ocupó tanto su corazón que, ante la orden estricta del ángel, desobedeció mirando atrás; es decir, volvió la mirada para ver la ciudad del pecado y, en ese instante, encontró la muerte. Se convirtió en una estatua de sal y murió en sus pecados. ¿Por qué Jesús dijo “acordaos de la mujer de Lot” al hablar de su segunda venida? Es una advertencia para que entendamos cómo la desobediencia puede destruir nuestra vida, incluso estando cerca de la salvación.

Más adelante, sus hijas, temiendo no tener descendencia porque todos los hombres habían muerto, emborracharon a su padre y cometieron incesto, todo como consecuencia de la desobediencia de la mujer de Lot.

Aplicación: “Acordaos de la mujer de Lot”. ¿Por qué? Porque es un ejemplo de cómo el mundo puede estar en tu corazón y tu corazón en el mundo. Lot está en el cielo sin su esposa.

La segunda venida será el día de la separación (vv. 34-37).

Observemos la descripción y lo impactante de estos versículos. Por ejemplo, habrá dos personas durmiendo juntas y, cuando Cristo regrese, una será llevada y la otra quedará. ¿Qué significa esto? Que una será apartada del juicio y la otra será dejada para enfrentarlo. Una será liberada del juicio; la otra lo afrontará.

La idea es que, con el regreso de Cristo, se producirá una separación entre los salvos y los perdidos. Habrá una división entre creyentes e incrédulos, incluso dentro de las familias y entre compañeros de trabajo. Esposos, no podéis entrar en el cielo por la fe de vuestra esposa. Esposas, no podéis ser salvas solo porque vuestro esposo lo sea. Nadie puede ir al cielo por la fe de un familiar, madre, padre, compañero de trabajo o amigo.

Cada uno debe creer y ser salvo para librarse del juicio cuando llegue el reino. Un texto como este debe tocar profundamente nuestras vidas. Pensar, por ejemplo, que el esposo o la esposa no estará conmigo en el cielo; o que alguno de mis hijos, padres

Conclusión

La expresión “reino de Dios” aparece aproximadamente 126 veces en los evangelios y, en el libro de Lucas, 32 veces, lo que evidencia que se trata de un tema central en la Biblia. Tan importante es este asunto que Jesucristo, tras resucitar, se apareció durante 40 días a sus discípulos, “hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). Todo esto para confirmar que les he hablado tanto del reino de Dios presente como del reino que está por venir. El reino de Cristo se inauguró en el momento en que recibiste a Cristo, lo que significa que el reino de Dios ya está gobernando. Pero ahora esperamos el reino de Dios que vendrá, es decir, la segunda venida. Frente a esto, ¿qué debemos hacer? Debemos prepararnos (2 Pedro 3:9-11). ¿Estás listo para la segunda venida de Cristo? ¿O serás uno de los muchos que serán sorprendidos? La venida de Cristo será repentina e inesperada. Además de prepararnos, debemos preparar a otros. Es sobrecogedor pensar cómo la venida de Cristo puede provocar la separación de familias. ¿Están todos los miembros de tu familia salvos? ¿Y tus amigos y compañeros de trabajo? ¿Estás ayudando a otros a prepararse para el juicio venidero? Para ello hay que proclamar: “Arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado” (Mateo 4:17).

Julio Ruiz

Julio Ruiz es pastor, teólogo y conferencista con más de 25 años de ministerio. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista de Venezuela y profesor del Seminario Teológico Bautista, donde formó líderes y pastores. A lo largo de su trayectoria ha pastoreado iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos, dedicándose a la enseñanza bíblica y la predicación centrada en la soberanía de Dios y la vida cristiana práctica. Actualmente dirige la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia, y es autor de numerosos artículos sobre teología, estudios bíblicos y liderazgo espiritual. Su experiencia pastoral y académica lo convierte en una voz reconocida dentro del ámbito evangélico hispanohablante.
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