
La Formación Durupinar, en la provincia de Ağrı, este de Turquía, entra en una nueva fase de investigación para determinar si sus estructuras subterráneas podrían corresponder a los restos del Arca de Noé o si tienen un origen completamente natural. La expedición internacional Noah’s Ark Scans inició en septiembre de 2026 perforaciones de núcleo y nuevos estudios del subsuelo, después de detectar mediante radar patrones lineales, cavidades y formas angulares.
El lugar, identificado oficialmente en 1959, tiene una longitud cercana a los 160 metros y ha sido relacionado durante décadas con las dimensiones atribuidas al arca en el relato del Génesis. Sin embargo, las anomalías detectadas hasta ahora no constituyen una prueba arqueológica de la existencia de la embarcación.
📌 Aspectos clave
✔ La investigación se desarrolla en la Formación Durupinar, provincia de Ağrı, en el este de Turquía.
✔ El proyecto está dirigido científicamente por el arqueólogo Prof. Dr. Cenker Atila, de la Universidad Sivas Cumhuriyet.
✔ La campaña incluye perforaciones de núcleo, coordenadas GPS, modelos 3D, radar GPR, fotogrametría, LiDAR y tomografía de resistividad eléctrica.
✔ El equipo planea utilizar el robot subterráneo Gopher para explorar posibles cavidades inaccesibles para una persona.
✔ Los resultados del radar están previstos en 10 días y los análisis de las muestras de suelo en tres meses.
✔ La formación mide cerca de 160 metros, una longitud comparable con los 157 metros atribuidos al Arca de Noé en el Génesis.
✔ La interpretación geológica mayoritaria considera Durupinar una formación natural producida por procesos de erosión y movimientos del terreno.
La Formación Durupinar vuelve a ser investigada
La estructura fue descubierta en 1959 por el capitán İlhan Durupınar, cartógrafo del Comando General de Cartografía de Turquía, mientras examinaba fotografías aéreas de la región. Está situada cerca de las aldeas de Telçeker y Üzengili, en la provincia de Ağrı y a unos 29 kilómetros del Monte Ararat.
Su forma de embarcación y su longitud alimentaron posteriormente la hipótesis de que podría estar relacionada con el Arca de Noé. Infobae informó que la formación mide cerca de 160 metros y que las nuevas investigaciones buscan determinar si las irregularidades observadas bajo la superficie corresponden a pasillos, cavidades y sectores construidos o a procesos geológicos. (infobae)
El relato del Génesis describe el Arca con 300 codos de longitud, una medida que las fuentes citadas relacionan con aproximadamente 157 metros. La semejanza de dimensiones ha sido uno de los elementos utilizados por quienes defienden la hipótesis, aunque por sí sola no permite establecer un vínculo arqueológico.
Perforaciones, radar y el robot Gopher
La nueva campaña utiliza perforaciones de núcleo para extraer cilindros de suelo y roca y compararlos con las anomalías detectadas mediante radar de penetración terrestre. El equipo también realiza levantamientos GPS y modelos digitales tridimensionales para documentar la estructura.
Los estudios anteriores con GPR, realizados en 2014, 2019 y 2021, identificaron patrones lineales, ángulos rectos e intersecciones bajo el terreno. Las nuevas perforaciones pretenden comprobar si esas señales corresponden a estructuras artificiales o si pueden explicarse mediante cambios en la composición del subsuelo, grietas, cavidades u otros procesos naturales.
La investigación contempla además el uso de Gopher, un robot subterráneo diseñado para desplazarse por espacios estrechos y obtener imágenes y muestras donde las personas no pueden acceder. Su desarrollo estuvo a cargo del ingeniero Dr. Robert Ross, de la Universidad La Trobe, en Australia. El dispositivo fue adaptado a partir de robots utilizados originalmente para explorar madrigueras de animales.
Las imágenes difundidas desde el lugar también han incluido grabaciones realizadas con dron, pero el dron no constituye el elemento destinado a explorar las posibles cavidades subterráneas. Esa función correspondería al robot Gopher.
Qué han encontrado hasta ahora
Los investigadores han señalado posibles anomalías rectangulares a unos 6,7 metros de profundidad y un posible pasadizo de más de 75 metros detectado mediante radar. También se han recogido aproximadamente 1.000 muestras de suelo en 150 ubicaciones.
Un estudio realizado en septiembre de 2024 encontró en muestras del interior casi tres veces más materia orgánica que en el suelo exterior, además de niveles superiores de potasio y carbono y variaciones en la acidez. También se identificaron depósitos marinos y restos de moluscos.
Andrew Jones, responsable de Noah’s Ark Scans, afirmó que los análisis del suelo sugieren que la formación podría ser un objeto diferenciado del flujo de barro circundante. No obstante, las propias investigaciones buscan determinar si los patrones geométricos tienen un origen humano o natural.
La comunidad geológica mayoritaria mantiene una interpretación diferente: Durupinar sería una cresta natural formada por pliegues rocosos, caliza y arcilla volcánica, posteriormente modificada por erosión y deslizamientos. Las señales de radar y la presencia de materia orgánica, por sí mismas, no demuestran que exista una embarcación antigua.
Los resultados determinarán el siguiente paso
El equipo dirigido por Cenker Atila espera disponer de los resultados del radar en 10 días y completar durante el invierno el análisis de las muestras de suelo. “Estas muestras de suelo se analizarán durante todo el invierno. Tendremos los resultados del radar en 10 días y los de las muestras de suelo en tres meses”, declaró el arqueólogo, según recogió Infobae.
La investigación también contempla posibles estudios de composición química, presencia de madera o materia orgánica y dataciones de carbono. Cualquier eventual excavación quedaría condicionada a la obtención de evidencias suficientes y a un plan de preservación del lugar.
La Formación Durupinar mantiene un interés particular por su posible relación con el relato bíblico de Noé. Sin embargo, distinguir entre la descripción de Génesis y lo que las evidencias arqueológicas puedan demostrar resulta esencial: hasta ahora, la investigación busca precisamente establecer si las estructuras observadas son artificiales o naturales. Los nuevos análisis deberán aportar elementos para evaluar esa cuestión.
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