Del escritorio de Julio Ruíz

Cuando la fuerza es una debilidad

Cuando la fuerza es una debilidad

Este estudio titulado «Cuando la fuerza es una debilidad» está basado en: Jueces 16:6-9; 16-17;25, 28-31. Es la segunda entrega de la serie «Cuando los Santos son Mundanos»

Sansón es uno de esos personajes que ha dado mucho material para escribir y para hablar. Toda su vida fue notoria. Su nacimiento fue anunciado por el “ángel del Señor” a una madre estéril.  Ese ángel fue el Cristo preencarnado, y si no lo sabía, nadie más ha tenido este privilegio.

Fue consagrado desde su niñez como un nazareo, lo que lo hacía poseedor de una unción especial. Su fuerza fue la más grande amenaza para los filisteos de su tiempo. Y quién no le temería a un hombre como Sansón.

En una ocasión mató a un león, y lo despedazó como a un cabrito (13:6), y después de eso cuando le reveló a su mujer el enigma “del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura” v. 14, yéndose bravo porque tenía que pagar una apuesta (13:12-13), mató a 30 hombres para quitarle sus vestidos y prendas y pagar lo prometido.

Después de eso, como el padre de su primera mujer se la dio a otro, fue y cazó a 300 zorras, las ató por la cola, les puso una antorcha y con el  fuego encendido quemó toda la cosecha de los filisteos (14:3-7). Después se nos dice que “los hirió cadera y muslo con gran mortandad…” v. 8; y todo esto lo hacía solo, sin ejército. Después con la quijada de un burro mató a 1000 hombres. ¡Imagínese si hubiera tenido el cuerpo completo!

En otra ocasión, estando con una mujer ramera, los filisteos lo rodearon y se levantó a la media noche, y al salir arrancó el portón de la ciudad con sus pilares que podía pesar hasta casi 400 kilos, y la llevó a más de 60 kilómetros arriba hacia la montaña. La última hazaña que hizo con sus fuerzas ya recuperadas, aunque para ese momento estaba ciego, fue la de derribar el templo donde estaban los filisteos mirando el escarnio que estaban haciendo con el hombre que un día fue el ungido del Señor (16:28-31).

Este hombre usó sus fuerzas para dominar a otros, pero no se pudo dominar a sí mismo. Sansón es una auténtica demostración del descenso espiritual cuando nos apoyamos en nuestras propias fuerzas y no en el poder de Dios. Veamos cuáles son los resultados de nuestra confianza en la carne y no en la dependencia de Dios.

Confiar en nuestra fuerza es exponerse a la derrota

Jugando con la tentación

Jueces 16:6. El carácter de Sansón es un reflejo de ese estilo de vida que juega exponiéndose a la tentación, pensando que no le va a pasar nada. Ya Sansón había experimentado este mismo juego con la tentación que ahora tiene con Dalila.

Anterior a esto tuvo la experiencia con otra mujer con quien también expuso sus fuerzas al revelarle un enigma que nadie pudo saber (14:15-18). Sansón comenzó a exhibir sus fuerzas sin ningún control ante las mujeres siento este un juego muy peligroso.  En efecto, Sansón tuvo varias mujeres, incluyendo una ramera. Esto fue parte de un gran bochorno para sus padres, ya que fue una violación a sus votos como nazareo y al final la ruina para su vida.

Cuando cedió por primera vez a su deseo, descubrió el mundo de su lujuria. Experimentó el poder de la concupiscencia y las consecuencias para un alma que le pertenece al Señor. No sabemos si Sansón iba a algún gimnasio para mantener su figura física, pero definitivamente tenía el complejo de hombre bello, y el complejo de “Don Juan”, porque pensaba que todas las mujeres se les rendirán a sus pies.  

Estar espiritualmente ciegos

Jueces 16:7.   Vea cómo ahora Sansón le va a revelar a sus enemigos donde estaba el secreto de sus fuerzas.  Los pecadores y el pecado son amigos inseparables. Tienes que saber que ambos te buscarán para engañarte.

Cómo puede funcionar una relación donde el hombre engaña a la mujer y la mujer al hombre. Esto fue lo que mostró Sansón a Dalila, porque ella tampoco lo amaba.  No hay ninguna buena intención en algo donde esté presente la oferta del pecado. Sansón no rechazó al comienzo de su vida aquello que tenía la intención de corromper su alma.

No consideró el privilegio de ser un hombre de Dios y un juez para su nación. Hizo todo lo contrario a la advertencia bíblica, pues consintió en las propuestas sensuales del pecado hasta el punto de ser seducido y quedar cautivo en los brazos de éste.

Pablo nos ha dejado una palabra que debe ser nuestra bandera al momento de ver una tentación: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12).  Esta es una gran resolución del corazón.

El pecado progresará si no huimos de él

Jueces 16:8-9.  Una vez que le hayamos dado la oportunidad al pecado no será fácil detenerlo. Es parecido al cáncer que no se detecta a tiempo. Literalmente el pecado invade todo el ser. Del pecado de la fornicación se dice que “el que fornica contra su propio cuerpo peca”. 

Bien pudiera la persona decir que no hará más lo que ha venido haciendo, pero el engaño del pecado es tan fuerte que le convencerá para que lo siga practicando. Tenemos que reconocer que el pecado no producirá nada bueno en nosotros. Al contrario, es un dueño que ofrece la dulzura y la fragancia del placer, pero al final el dolor y su ruina se hacen más grandes.

Pablo sabía del engaño del pecado y hasta dónde puede llevar al individuo, de allí que recomendó que él no reinará más en nuestros corazones para que lo obedeciéramos(Romanos 6:12). Observe como Sansón siguió jugando con la unción. Al estar en los brazos de Dalila no calculó hasta dónde podía llevarle su juego amoroso. Es un hecho que, si no huimos de la tentación, el acecho que ella hará sobre nosotros será el mismo que experimentó Eva con Satanás.

Confiar en nuestras fuerzas es quedar esclavizado

1. Durmiendo con el enemigo

Jueces 16:10. El juego de Sansón con Dalila era altamente peligroso. Tratar de engañar al engañador en sus propias fuerzas era exponerse a una esclavitud anticipada. El asunto es que cuando dejamos que el pecado se enseñoree de nosotros, se convierte en un dueño cruel cuyo único propósito será destruir sus víctimas.

El libro de los proverbios a través de varias preguntas nos recuerda lo que hace el pecado cuando le dejamos controlar nuestra vida (Proverbios 6:27-28). Sansón pretendió andar sobre “las brasas del pecado” sin quemarse. Cuando se unió a Dalila, la mujer que al final lo destruyó, estuvo jugando con ella a través de mentiras mientras ésta lo presionaba para que le dijera el secreto de sus fuerzas. La engañó tres veces diciéndole en qué consistía su fuerza, pero a la cuarta vez, después que “su alma fue sometida a mortal angustia”, Dalila descubrió el secreto de su fuerza, siendo alcanzado por sus enemigos.

Al final el pecado logró su propósito. Alguien ha dicho que, si el creyente no se aleja del pecado, el pecado le alejará de Dios. El pecado es un huésped traicionero y asesino silencioso.

El pecado te hará un esclavo emocional

Jueces 16:21.  Hay una cierta fascinación por el pecado. En cada tentación siempre habrá una fuerza seductora que se hace irresistible a los que en ella entran sin avizorar sus consecuencias. Así el pecado se mostrará con todos los atractivos posibles para que el alma incauta caiga en sus redes. El engaño del pecado consiste en un ofrecimiento que supera cualquier otra oferta de felicidad.

En el caso de Sansón el pecado despertó su lujuria, pues ya había dado evidencia que el sexo era una de sus grandes debilidades. Note la facilidad con la que él estuvo en los brazos de tres mujeres. Todo lo contrario a lo hecho José, quien en lugar de caer en los brazos de aquella seductora mujer de Potifar, prefirió dejar en sus manos la ropa que perder su honor.

¿Qué pasó al final con Sansón? Este texto es elocuente: “Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel 21. Sansón llegó a ser un esclavo de sus enemigos. Aun los hombres más fuertes pueden ser vencidos con las tentaciones más sutiles. El pecado trabajará hasta hacerte un esclavo.

El pecado convierte débil al hombre fuerte

Jueces 16:16. Finalmente, las fuerzas de aquel hombre “fitness” ahora se van a debilitar completamente. Después de tanta insistencia, porque así es como obra el pecado, aquel hombre proveniente de Zora, y de la tribu de Dan, ahora va a perder sus fuerzas, su poder, su honra y la esperanza de todo un pueblo, porque él había sido llamado para ser el libertador de Israel.

Este es el asunto que se tiene que ver cuando nuestra confianza la ponemos más en lo que somos, en lugar de decir: mi fortaleza proviene de Dios. La verdad del pecado es que nos llevará más tiempo de lo que originalmente pensó. Sansón tuvo fuerza para todo, pero no para enfrentar el pecado. El pecado convierte débil al hombre fuerte.

El pecado embrutece a la persona. Observe el texto del versículo 9. Curiosamente dice que Sansón se enamoró de Dalila, pero Dalila no se enamoró de él. Cuando esto sucede se comienzan a hacer cosas totalmente fuera de lugar. “El que piense estar firme mire que no caiga”. El auténtico hombre de Dios desconfía de sus fuerzas físicas y se apodera de las fuerzas del Señor. Quien esto hace, al final dice como Pablo: “Cuando soy débil, soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

Confiar en nuestras fuerza es pagar un alto precio

Te costará el compañerismo con Dios

Jueces 16:20b.  El primer y gran costo del pecado es la pérdida de la comunión con Dios. La Biblia nos dice que no hay compañerismo entre la luz y las tinieblas (2 Corintios 6:14-16). Recordamos que Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él.

El pecado tiene el propósito de separarnos de Dios. No podemos estar en comunión con Dios mientras también tenemos comunión con las tinieblas. Sansón perdió la comunión con su Señor como resultado de su vida disoluta. Él pensó que la fuerza que Dios le había dado jamás desaparecería mientras estuvo coqueteando con el pecado. Pero mire lo que dice el texto del versículo20.

Estas palabras son solemnes; tocan muy de cerca el corazón, porque nada es más doloroso que perder la comunión con Dios. Por supuesto que Sansón no perdió su salvación pues al final aparece como uno de los héroes de la fe (Hebreo 11:32), pero si perdió el gozo de ella. Un tiempo de placer cuesta el compañerismo con Dios. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen”. La verdadera fuerza de un creyente proviene de su comunión con Dios (1 Samuel 16:7).

Te costará la dignidad y el honor

Jueces 16:25.   El pecado tiene la misión de ofender a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos. En la experiencia de Sansón podemos ver los extremos que lleva la amistad con el mundo. ¿Qué nos dice la Biblia a este respecto? «Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no proceden del Padre, sino del mundo» (1ª Juan 2:16).

De una forma categórica se nos dice que esta es la fuente de mayores dificultades para un hombre que quiere caminar en rectitud. Es como si el mundo nos sonriera con el dulce rostro de una mujer. Bien pudiera ser una sonrisa de ángel, pero un corazón de demonio. Es cierto que al final Dios cumplió sus propósitos de destruir a los enemigos de Israel, pero Sansón perdió su dignidad y honor. Dios pudo haber hecho lo mismo como lo hizo con Josué, quien al final de su carrera dijo: “Pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Sansón pagó muy caro sus propios desvaríos. El que pudo ser el más grande de todos los jueces, y algunos dicen que hasta pudo ser el primer rey de Israel si se hubiera mantenido puro y santo, pero su historia será recordada como el hombre de la más grande fuerza, pero debilitado por la fuerza del pecado. El pecado desgracia la vida.

Cuando la fuerza es una debilidad

El engaño del pecado nos llevará más lejos de lo que pensábamos llegar; nos tendrá más tiempo del que nos imaginamos estar; y, sobre todo, el pecado nos hará pagar un precio más alto del que pensábamos pagar.

El último versículo con el que se pone fin a la historia de Sansón nos dice: “Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años” v. 31.

¿Qué pensarían sus padres cuando estaban enterrando al hijo que Dios les dio de una manera milagrosa? Además ¿qué pensarían del hijo que quebrantó sus votos como un nazareo, especialmente por haber cedido a la seducción de varias mujeres? ¿Qué pensarían sus hermanos del que estarían tan orgullosos, a quien ningún hombre podía vencer?

A Sansón le faltó lo que le sobró a David, arrepentimiento por su pecado. Le faltó lo que le sobró a José, dominio propio. Le faltó lo que a Pablo le sobró cuando dijo que “todo me es lícito, pero no todo conviene”.  Pero, sobre todo, le faltó el poder para vencer la tentación como la tuvo Cristo, quien después de 40 días y 40 noches siendo tentado con las ofertas de Satanás, no sucumbió a ellas. El reto de un santo de Dios es no jugar con la unción que una vez recibió de su Señor.


Estudios de la serie: Cristianos mundanos

1: Cuando el justo es mundano
2:Cuando la fuerza es una debilidad

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos. Actualmente pastorea la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia.
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América
América
4 meses de haberse escrito

Una gran enseñanza y muy importante conocer a fondo este tema realmente a sido un aprendizaje muy bueno para mi … muchas gracias.

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