Yuval Harari alerta sobre la IA y su impacto en la religión
El futuro de la humanidad frente a avances tecnológicos sin precedentes

El historiador y autor de best-sellers Yuval Harari ha lanzado una advertencia contundente sobre el papel de la inteligencia artificial en nuestra sociedad. Durante su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, Harari aseguró que la IA ya no puede considerarse simplemente una herramienta, sino un agente capaz de pensar, decidir y generar nuevas ideas de manera autónoma. Según Harari, esta capacidad transforma el modo en que interactuamos con las palabras y, por ende, con la religión, la ley y otros sistemas humanos.
Harari destacó que todas las palabras, ideas y pensamientos que antes eran exclusivamente humanos, ahora pueden originarse en máquinas. Esta transformación plantea un desafío directo a nuestra identidad, especialmente en ámbitos donde el lenguaje es fundamental, como la religión y la justicia. La advertencia del historiador se centra en que, si continuamos confiando únicamente en la inteligencia verbal para definirnos, podríamos perder nuestra posición central en el mundo.
Yuval Harari: la IA y el futuro de la sociedad
El historiador Yuval Harari explicó que la IA puede crear combinaciones de palabras, símbolos e imágenes que transforman la comunicación y el conocimiento. Este poder implica que la IA podría apoderarse de sistemas basados en libros, como la Biblia o el Talmud, lo que afecta directamente a religiones como el cristianismo y el judaísmo. De la misma manera, los códigos legales, al estar escritos en palabras, se encuentran en riesgo de ser dominados por algoritmos avanzados.
Para Harari, la clave de la supervivencia humana en este contexto reside en valorar aquello que no puede expresarse con palabras, como los sentimientos y la sabiduría práctica. La sociedad deberá determinar qué aspectos de la experiencia humana siguen siendo insustituibles frente a la IA, asegurando que los seres humanos mantengan un papel significativo en la toma de decisiones y en la interpretación de la moral y la ética.
El historiador enfatizó que la IA no solo puede procesar información, sino también mentir, manipular y generar pensamiento complejo, lo que la convierte en un actor activo en la configuración del futuro social y espiritual de la humanidad. Esta perspectiva abre un debate urgente sobre cómo las instituciones religiosas, educativas y legales deben adaptarse para mantener la integridad de su misión frente a estas tecnologías emergentes.
