Ser hombre virgen de 28 años en medio de la presión social

El valor de ser un hombre virgen
En una sociedad marcada por el machismo y el desenfreno, la idea de un hombre virgen puede parecer absurda o ridícula. Sin embargo, desde la perspectiva cristiana, la virginidad no es debilidad, sino una decisión firme de vivir en obediencia y guardar la pureza sexual como un regalo de Dios.
Carlos reconoce una gran contradicción cultural: a las mujeres se les exige virginidad como muestra de pureza, mientras que al hombre se le celebra la experiencia. Sin embargo, él piensa diferente y cree que guardarse puede ser una manera de vivir con mayor paz y dignidad.
En su diálogo, Esly le recuerda que parte de la verdadera belleza en la relación de pareja consiste en descubrirse mutuamente, en compartir algo único sin haberlo entregado antes a otras personas. Para ella, esto no es motivo de vergüenza, sino un verdadero tesoro que fortalece la unión. Vamos a escuchar el diálogo que sostuvieron en la Plaza del Encuentro.
El problema de la presión social
La dificultad está en la presión social que enfrenta Carlos. Sus amigos lo critican, se burlan de él y lo instan a “demostrar su hombría”. Incluso su propia novia duda de su amor, convencida de que si no ha tenido relaciones, entonces no la ama de verdad. Esta presión le genera dudas y angustia, pero en el diálogo con Esly encuentra claridad: el amor no se mide por la experiencia previa, sino por el compromiso y la entrega sincera.
Este dialogo nos recuerda que, aunque ser un hombre virgen a los 28 años parezca extraño en nuestra sociedad, en realidad puede convertirse en un acto de valentía y en un regalo invaluable dentro del matrimonio. Resistir la presión social no es fácil, pero optar por la pureza y el respeto mutuo sigue siendo un camino lleno de valor y significado.
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