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Etiqueta: pensamientos cristianos

  • La Gracia visible de Dios

    La Gracia visible de Dios

    La Gracia visible de Dios

    Basado en Hechos 11:23 y Hechos 13:1-12, el pastor Julio Ruiz nos trae el estudio «La gracia visible de Dios»

     

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  • El cristiano y su sensibilidad ecológica

    Una preocupación mundial por los recientes cambios climáticos está colmando las noticias de periódicos, televisión, internet y radio, el asunto se ve cada vez peor cuando por razones de las acciones humanas manifestadas en daños irreversibles a los ecosistemas naturales se provoca la destrucción de espacios necesario para subsistencia de la humanidad. Terremotos, incendios, variaciones  en el clima de manera abrupta, inundaciones, y la pérdida paulatina de especies en vías de extinción.

    Por años me he preguntado, ¿será que la iglesia de Cristo tiene algo que decir con respecto a este asunto? ¿Cuál es el papel de cada creyente ante esta situación que le afecta directamente? ¿La Biblia tiene algo que decir? El problema es que lamentablemente hemos concedido nuestro espacio, cuando no aportamos nada, cuando guardamos silencio o en el momento que miramos hacia otro lugar en vez de enfrentar esta situación.

    En muchos de lo casos el creyente tiene la concepción de que este asunto es responsabilidad de los gobiernos, los empresarios o los organismos de conservación creados para este fin. El creyente teme verse envuelto en un asunto que lo vaya a ver envuelto en una situación con implicaciones políticas que vayan de perjudicar su testimonio.

    Ahora bien, volvamos al principio de todo, ¿quién es el creador de todo este maravilloso mundo? Por supuesto la respuesta es DIOS, la verdad que nos presenta la Biblia es que Dios es el creador, dueño de todo lo creado. Esto tiene serias implicaciones para la vida del creyente, ya que cada cristiano tiene el deber de enseñar esta verdad, y al hacerlo esta realizando un aporte significativo a la cosmovisión conservacionista que nos plantean algunos grupos ecologistas, donde se presenta a la naturaleza como el fin en si misma.

    La misión de Jesucristo a sus discípulos incluye la enseñanzas de todas las verdades de la Palabra de Dios, el ser humano requiere saber y entender que el problema ecológico y el cuidado del medio ambiente tiene su raíz en el problema del pecado y la rebelión del ser humano en contra de su Creador. La meta en la redención es la reconciliación del hombre con Dios, por medio de Jesucristo.  

    La reconciliación del hombre con Dios trae como consecuencia un sentido de urgencia y una expectación de juicio con respecto a la responsabilidad entregada a hombre en el Huerto del Edén, ya que no se nos entrego lo creado para destruirlo, sino más bien, para cuidarlo y dar cuenta a su dueño de su uso. El asunto de rigor es que no puede haber un sentido ecológico en una comunidad que excluye al creador, el excluir a Dios del escenario universal trae un vacio en todo tipo de persuasión ya que las motivaciones se centran en la urgencia de salvarnos de la destrucción en el hoy y en el ahora, sin pensar en el asunto del “después de la muerte”.  

    Es decir el asunto ecológico para el creyente tiene su fuente en que nosotros no somos dueños de nada que nos rodea, todo pertenece a Dios y un día tendremos que dar cuenta a Dios por el uso que le hemos dado a todo. Dios como creador de todo el mundo, no lo ha dejado abandonado a contrario la Biblia nos plantea que lo sustenta y lo cuida hasta en los mínimos detalles Mateo 6:25-34. El creyente como servidor e imitador de Dios ha de cuidarlo también.  

    Otro aspecto digno de notar es que nos hace falta sensibilizarnos con respecto a este asunto, ya que esa insensibilidad ecológica no nos permite escuchar los que Pablo llama “los gemidos de la creación” Romanos 8:22-23, estos gemidos de la creación provocaban que Pablo gimiera de igual forma esperando la consumación de la glorificación en el final de los tiempos. ¿Puede el creyente escuchar los gemidos de los damnificados en Haití, en Chile?,  y en cada lugar donde haya un ser humano oprimido, hambriento y perseguido. Hoy la humanidad gime por las propias consecuencias de sus actos, ¿Cuánta necesidad puede usted observar a su alrededor? Un aguacero aquí, una tormenta allá, un huracán, un tsunami significa un sinfín de personas que lloran, sufren y gimen. ¿Puede usted escuchar esos gemidos?

    El resultado de no escuchar los gemidos es que no se aprende a gemir, Pablo gemía juntamente con la creación por la podía escuchar, hoy más que nunca se precisan creyentes que giman en coro con la creación, este gemido representa el sentir de corazón sensibilizado y comprometido con el Creador. El peligro también se encuentra en que el creyente tome este asunto ecológico como muchos grupos lo han hecho como la oportunidad para llamar la atención de las comunidades pero en realidad no siente simpatía, compasión y mucho menos empatía.

    Muy bien lo presenta el teólogo latinoamericano Samuel Escobar:  “No es la actitud de un proclamador triunfalista que se limita a gritarle al mundo la falsedad de sus esperanzas y utopías. Es el gemido de la compasión, de la simpatía, no desde la distancia protectora sino desde la cercanía encarnada. Tampoco es la actitud del comerciante que ve en el  ambre espiritual (ECOLÓGICA) la oportunidad de hacer negocio y engrandecer su tienda. No; es, para empezar, la compasión que escucha el gemido del mundo”.

    Ahora bien, podríamos decir que el primer paso que se puede dar es el de concientizarnos, sensibilizarnos y revisarnos sobre cuales son mis más profundas convicciones, otivaciones y sobre todo nuestra actitud hacia la grave problemática que nos presenta el deterioro del medio ambiente y sus ecosistemas.  

    En el próximo escrito estaremos revisando las implicaciones teológicas de una ecología bíblicamente aceptada en contraste con las perspectivas ecológicas presentadas por algunos grupos ecológicos.

  • La bendición que enriquece

    (Proverbios 10:22; Deuteronomio 28:1-6)

    INTRODUCCIÓN: En algunos de nuestros países existe una muy sana costumbre donde los padres enseñan a sus hijos a pedir la bendición. Este sencillo acto crea lazos afectivos y hasta espirituales en los hijos. Muchos hijos no saldrían de sus hogares sin pedir la bendición. El hijo que se formó en ese ambiente cree que la bendición posee una especie de cobertura de bienestar para todo el día. Al regresar a su casa volverá a hacer lo mismo, como si esta vez estuviera agradeciéndole a sus padres por la protección dada.  El hijo cree que esta declaración tiene una especie de “unción divina” que lo cubrirá siempre. Por supuesto que la fuerza de la costumbre hace que muchos padres hayan perdido el sentido de lo que hacen. La otra bendición es la que acostumbramos a darnos los creyentes al momento de vernos o al despedirnos. Al decir “bendiciones” o “Dios te bendiga”, estamos deseando que un favor muy especial sea otorgado a la persona que saludamos. Lo mismo hacemos cuando escribimos alguna carta o algún e-mail. Algunos de nosotros no nos despediríamos sin otorgar esa bendición. En el caso de la iglesia es normal desearnos una bendición. De hecho los pastores solemos dar nuestras bendiciones a las familias  y hermanos que componen la iglesia. Al hacer esto les manifestamos a los demás nuestros más profundos deseos porque todas las ayudas del cielo acompañen a la persona. Por supuesto que  el impartir esta bendición no debiera hacerse de una manera mecánica, como un simple saludo porque voy de paso. Por otro lado tenemos que estar avisados porque hay bendiciones que por venir de ciertos conjuros mágicos, de fuentes espirituales ocultas, empobrecen. Muchas personas sin saberlo están acarreando maldiciones por haber recibido alguna vez  una “bendición” de esos lugares. Así que fuimos llamados para ser herederos de  bendición; pero, ¿qué tipo de bendición? Consideremos  la bendición que enriquece.

    I.    LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE TIENE UN ORIGEN DIVINO

    1. Jehová te bendiga y te guarde (Nm. 6:24-26).  Esto es lo se ha conocido como la “bendición sacerdotal”. Israel no conoció otra bendición que no fuera esta. El que la pronunciare un ministro del Señor como lo era el sacerdote, llevaba consigo los beneficios de una larga duración en el tiempo. Y es que toda  bendición verdadera proviene de Dios. Él es su fuente original. Esta bendición está relacionada con la vida misma. Cuando Dios creó la primera pareja lo primero que hizo fue darles su bendición (Gn. 1:28). Tras esa bendición se le ordenó crecer y multiplicarse, lo cual pronto lo hicieron.  La bendición está acompaña de la fecundidad. Solo Dios puede crear vida, el hombre lo que ha hecho es una extensión de lo que ya Dios ha hecho. Solo Dios tiene la fuente de toda bendición. Y bajo esta bendición el hombre fue formado; la maldición le vino como consecuencia de su pecado. Lamentablemente no fue sino por su desobediencia que todo sería maldito, incluyendo la tierra que luego tendría que labrar. Contar con la bendición de Dios es algo que nos hace vivir seguros todos los días. Después que Caín mató a su hermano Abel, le acompañó una maldición de la que nunca se separó  hasta la muerte. Sin embargo Enoc caminó en bendición, y agradó te tal manera a Dios, hasta ser el primer mortal que experimentó arrebatamiento al cielo. Al caminar así buscamos la bendición del Padre, del Hijo y la del Espíritu Santo. Un creyente genuino camina en esta bendición.

    2. “Haga resplandecer su rostro sobre ti. …” La bendición de Jehová se manifiesta en el rostro de la persona. ¿Cómo puede el rostro de Dios resplandecer sobre alguien? La versión internacional traduce: “Dios te mire con agrado”. Aquí tenemos un símbolo de complacencia de parte del creador. El rostro del Señor es su gesto de favor y bondad hacia los que considera sus propios hijos. A través de su rostro descubrimos nuestro  verdadero rostro, de vernos más como hijos y no como esclavos. Ese rostro no se hace a través de una máscara o careta.  No es hecho a través de una cirugía plástica. El propósito de la bendición de Dios ejerce una cobertura sobre una persona hasta sacar de ella un cambio profundo.  Cuando tenemos un encuentro con el Señor su bendición se refleja en  nuestro rostro cambiado. No hay feos en la comunidad de la iglesia. El resplandor de Dios lo hace hermoso. No importa las características que tenga su rostro: ancho, largo, chiquito, ovalado, negro, blanco, moreno… El asunto es que cuando alguien le vea pueda ver en usted un rostro distinto. Como Esteban, cuyos asesinos vieron el rostro de un ángel al morir. Usted es llamado para brillar. Si tiene esta bendición, su  rostro debería brillar.

    II.    LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE TRASCIENDE LO MATERIAL

    1. La bendición de Dios es más que una cuenta bancaria (Lc. 12:15). Alguien dijo que “un hombre verdaderamente rico, es aquel cuyos hijos corren a sus brazos aun cuando tiene las manos vacías”. Si trabajamos solo para dejarles bendiciones materiales a nuestros hijos, estaremos creando hijos sin principios ni valores. El asunto es que la bendición de Dios no se mide con los bienes materiales. Con sabiduría Jesús dijo: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc. 12:15). Así que contrario a la mal llamada “teología de la prosperidad”, en la bendición de Dios hay algo más profundo y subjetivo que no depende de cuánto tenemos en nuestras cuentas de ahorrado o a la abundancia de posesiones de nuestras casas. Mas bien la promesa de la palabra nos dice: ““Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas.” (Isaías 44:3-4). Si la bendición de Dios es derramada sobre el “sequedal” y sobre las “tierras áridas”, hemos de saber que lo que Dios nos da trasciende lo temporal y lo material. La bendición que enriquece no “añade tristeza con ella” (Pr. 10:22), porque al venir de Dios, libra al hombre de las ansiedades y preocupaciones que lleva consigo el bienestar mal adquirido.

    2. La bendición de Dios mira lo que no se ve (2 Co. 4:18). Nos acostumbramos a contar las bendiciones por las cosas que poseemos. La vida de muchos hombres es parecida al “rico insensato”, quien después de haber acumulado tanto, le dijo a su alma: “Alma, muchos bienes tienes… repósate, come, bebe, regocíjate…” (Lc. 12:19). Los que de esta manera viven no pueden ver las “cosas que no se ven”. No pueden ver las bendiciones espirituales que otros disfrutan, viviendo en una gran felicidad aunque estén desposeídos de todo. Pablo decía que las “cosas que no se ven son eternas”, por lo tanto son las que más debemos buscar. Pero también es un hecho que cuando buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las cosas son añadidas. Sin nuestra prioridad son las cosas espirituales, si estas bendiciones son las que más buscamos, no nos sorprendamos de cuantas bendiciones materiales Dios nos da. El Señor le dijo a la mujer samaritana: “Cualquiera que bebiera de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiera del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás…” (Jn. 4:13,14). Las bendiciones de Dios trascienden el “agua” del pozo de Jacob. Las bendiciones de Dios van más allá de los panes y los peces. Las bendiciones de Dios ponen en libertad a los cautivos por causa del pecado.

    III.    LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE DEPENDE DE LA OBEDIENCIA

    1. La bendición y la maldición están delante (Dt. 30:19).  El pueblo de Israel nació bajo una bendición. Dios le pidió a  Abraham que saliera de su tierra natal para darle otra que fluía leche y miel. Como resultado de su obediencia, Dios le dijo que haría de él una nación grande para que fuera bendición a otros. Los que le bendijeran, Dios los bendecía; y los que le maldijeren, Dios le maldeciría (Gn. 12:2, 3). Desde entonces la bendición y la maldición han quedado para ser tomadas. Quien bendiga a Israel recibirá bendición, pero quien maldiga a este pueblo queda bajo maldición. Este mismo asunto quedó para ser aplicado en la vida de Israel mismo, pero ahora sujeto a su grado de obediencia. Dios puso delante de su pueblo ambas cosas: la bendición y la maldición. La bendición si oían su voz, y la maldición si se apartaban de su palabra (vv. 28, 29). Las promesas de la bendición no podían ser mejores. En vista de su obediencia, las bendiciones vendrían a ellos y le alcanzarían (Dt. 28:2). Cuando obedecemos a Dios, su bendición vendrá sobre la ciudad, el campo, el fruto del vientre, el fruto de la tierra, el fruto de las bestias. Habrá una bendición para la salida y la entrada.  La bendición vendrá sobre los graneros y sobre todo aquello que pusieres tu mano. El pondría a su pueblo por cabeza y por cola (Dt. 28:2-14). Dios bendice la obediencia. Lo hizo ayer y lo hace hoy con sus hijos. Escojamos lo mejor (Dt. 30:15).

    2. Las bendiciones que dependen de nosotros (Dt. 30:9-10). Una y otra vez descubrimos por la palabra que Dios está altamente interesado en bendecirnos, pero que muchas veces no disfrutamos de su bendición por nuestra propia desobediencia. Aunque hemos dicho que las bendiciones de orden material no son las más importantes, no es menos cierto que nuestro Dios está muy interesado en aliviar nuestras cargas cotidianas y darnos bendiciones materiales como lo hizo con su pueblo en el pasado. Una revisión de la forma cómo Dios sostuvo a su pueblo nos indica que las bendiciones materiales responden a nuestro grado de lealtad y fidelidad a su palabra. En Deuteronomio 30:9, 10 encontramos esta declaración: “Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda la obra de tu mano… cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios…”. Un asunto que nos revelan estos textos es que somos llamados a liberar esas bendiciones. La obediencia nuestra es la llave que libera las ventanas de bendición de las que el mismo Dios nos ha hablado. Hay bendiciones represadas en los almacenes divinos. Jesucristo dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre, pedid y se os dará…”. ¿Está librando esas bendiciones?

    IV.    LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE ESTÁ  EN JESUCRISTO

    1. Bendecidos con toda bendición (Ef. 1:3). Hay personas que se gozan porque tienen bendiciones materiales o las que han cosechado como resultado de algún logro académico o hasta sentimental. Pero note que cuando venimos a Cristo, cada uno de nosotros ha sido dotado con “toda bendición”. El apóstol Pablo se refirió a los colosenses en su gran carta de la Cristología, diciendo: “Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Col. 2:10). No nos falta absolutamente nada cuando conocemos a Cristo. En Cristo encontramos la bendición de la gracia, contrario a las exigencias de la ley. En Cristo encontramos la bendición del perdón, contrario a la condenación del pecado. En Cristo encontramos la vida abundante, contraria a la muerte y destrucción que ofrece Satanás.  En Cristo la vida tiene sentido, contrario a la vida vacía y sin propósito que el mundo nos deja. Pero sobre todo, en Cristo encontramos la bendición de la vida eterna, contrario a la perdición que se hallará en el infierno. La bendición de Cristo llena cada área de nuestra vida.

    2. Bendecidos en los lugares celestiales (Ef. 1:3). Las bendiciones de los que somos objetos aquí en la tierra, ya tienen su repercusión en el cielo. Pero muchos que han sido perdonados y limpiados con la sangre de Cristo pudieran vivir en las miserias. Es sabido a que a muchas vidas cristianas pareciera faltarles algo, de allí que vivan buscando nuevas experiencias. Hay creyentes que viven inseguros, insatisfechos, sin gozo verdadero. Muchos creyentes no han entendido la posición que tienen en Cristo. Pablo nos dice en Efesios 2:6 que después que fuimos resucitados con Cristo, “nos hizo sentar en lugares celestiales en Cristo Jesús”. Y, ¿dónde está Cristo ahora? ¡Al lado del trono de su Padre! ¿Se había puesto a pensar que esa es también su posición? Por seguro que algunos de ustedes me dirán, “pastor yo no me siento en esos lugares, más bien me siento como en un desierto, en medio de frustraciones, pruebas y padecimientos, no entiendo eso”. El asunto es que en el mismo momento que tú pones tu confianza en el Señor, él mismo te introduce a su presencia, pues Cristo se encargó de abrir el acceso al Padre. Es un asunto sublime que mientras viva en la tierra, ya tengo una posición en los cielos. No es poca cosa lo que significa mi posición delante del Señor. A través de Cristo ya disfruto de esas bendiciones celestiales. Ahora puedo ver la gloria del Padre y las dimensiones celestiales. Cristo ha hecho posible mi salvación, pero también mi bendición celestial. Esta es la bendición que enriquece.

    CONCLUSIÓN: Hemos dicho que la bendición que enriquece definitivamente proviene del cielo, trasciendo lo temporal, demanda de nosotros obediencia y es la bendición que se encuentra en Jesucristo. Uno de los grandes textos de las Escrituras que nos recuerdan las promesas con las que Dios quiere bendecirnos, nos dice: “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” (Is. 58:11). Estas son las bendiciones que enriquecen. ¿Ha sido usted enriquecido por esta bendición? ¿Puede usted contar esas bendiciones ahora? ¿Ha sido salvo?

  • Nuestra Carne

    La carne es dèbil,
    como muchos comprobamos;
    pues, queriendo hacer el bien,
    del mismo nos apartamos.

    La carne y sus pasiones
    nos llevan a pecar
    porque debilitando nuestras mentes
    nos impiden razonar.

    Resistir su influencia
    en nuestras fuerzas no podemos;
    mas, Dios nos ofrece una salida
    si a Èl nos sometemos.

    La salida está en Cristo,
    el cual la carne venciò;
    pues a travès de su muerte,
    liberaciòn ofreciò.

    Crucifiquemos con Cristo
    nuestra carne y sus pasiones
    para que recibamos de Èl
    todas sus bendiciones.

     

     

    1 Corintios 10:13

  • No Juzgar

    (Mateo 7:1-6)
     
    INTRODUCCIÓN: Los seres humanos somos verdaderamente complejos. Tenemos la tendencia de medir a los demás de acuerdo a lo que vemos por fuera. Al compararnos con otros para juzgarlos, descubrimos  un sin fin de fallas, pero no siempre vemos las nuestras. Hemos hecho nuestro propio instrumento para medir  a los demás, pero muy rara veces lo usamos para medir el tamaño de nuestra propia condición. Sin embargo,  debemos  recordar  que “metro” que usamos para medir los demás servirá también para que nos midan a nosotros. En Juan 7:8 el Señor nos recuerda que no debemos juzgar de acuerdo a las apariencias sino hacerlo con justo juicio. Por supuesto que el Señor no está diciendo que no debemos hacer una evaluación para  distinguir entre el bien y el mal. Claro que somos llamados para exhortarnos los unos a los otros. También se nos  insta a tener cierto juicio de valor para determinar qué clase de espíritu se mueve en determinada ocasión (1 Jn. 4:1). Y para aquellos  que creen que ciertas conductas no debieran  ser juzgadas, la misma Biblia es  el juez que determina lo correcto. Lo que la Biblia llama pecado, nosotros no podemos llamarlo de otra forma. Al hacer esto estamos poniendo las cosas en el lugar que corresponde. Todo juicio debe hacerse apegado al dictamen de la Biblia.  Ahora lo que Jesús prohíbe con este mandamiento es hacer un juicio apresurado, sin tomar en cuenta que me está prohibido “mirar la paja en el ojo de mi hermano”, mientras tengo en mi ojo una viga sin sacar.   ¿Por qué este mandamiento en el Sermón del Monte? ¿Por qué estamos inhabilitados para juzgar a los demás de esta forma?  
     
    I. PORQUE AL JUZGAR A OTROS QUEDAMOS TAMBIÉN BAJO JUICIO
     
    1. “No juzguéis,  para que no seáis juzgados”.   Solo Dios tiene la prerrogativa de hacer juicio. En todo caso, el único juicio que nos está permitido es a nosotros mismos. De manera que si nuestros labios se abren para juzgar a otros de una manera negativa, quedamos bajo juicio automáticamente. Este asunto de juzgar es tan serio que el mismo  Padre le entregó al Hijo esa delicada tarea (Jn. 5:22, 27, 30). ¿Que por qué el Padre ha hecho esto? Porque así como Jesús tiene todas las credenciales para ser nuestro salvador, también por su misma condición de obediencia, es  el único capaz de ser juez al mismo tiempo. Así que cuando usted  juzga a otro, lo cual es sinónimo de condenar,  lo que está haciendo es usurpar la autoridad que le corresponde al Señor. No sé hasta dónde habíamos entendido esta palabra, pero   nuestra propia naturaleza pecaminosa nos inhabilita para juzgar. El problema es que nuestro juicio nunca podrá ser transparente. Se encontraba una familia de cinco personas pasando el día en la playa. Los niños estaban haciendo castillos de arena junto al agua cuando a lo lejos apareció una anciana con sus vestidos sucios y harapientos  recogiendo cosas del suelo y poniéndolas  en una bolsa. Los padres llamaron a sus niños y les dijeron que no se acercaran a la anciana. Cuando ella pasó junto a ellos, inclinándose una y otra vez para recoger cosas del suelo, dirigió una sonrisa a la familia. Pero ellos no le devolvieron el saludo. Algunas semanas después supieron que la anciana llevaba toda su vida limpiando la playa de vidrios para que los niños no se hirieran los pies. ¿Sabía usted que las personas que más  juzgan son las que al final serán más juzgadas? El juzgar a otros a la final se convierte en un boomerang.
     
    2. Al juzgar nos convertimos en acusador. El último trabajo que un hijo de Dios está llamado a ser es convertirse en un acusador de su mismo hermano. Dios no nos ha elegido para que seamos  abogado acusador. ¿Usted sabe quién es el acusador del creyente? ¡Satanás! Mire lo que la Biblia nos dice  a este respecto: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apc. 12:10). Así, pues,  cuando  juzgamos de una manera indiscriminada a otro hermano, nos estamos haciendo amigos del diablo.  Pablo pregunta en Romanos 8:33 lo siguiente: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”. El único que tiene el poder para redimir o para condenar es Cristo, no es el  diablo ni  otra persona. Satanás se siente muy complacido cuando en la misma iglesia le ayudan en su trabajo. Pero lo que debemos recordar es que desde el momento que nos constituimos en jueces de nuestros hermanos, le estamos haciendo el trabajo a Satanás.
      
    II. PORQUE SEREMOS MEDIDOS SEGÚN LA FORMA QUE JUZGAMOS
     
    1. Medidos por el tamaño de la lengua. La medida que usamos para con los demás, Dios la usará de la misma manera para nosotros. Si entendiéramos las implicaciones de esta palabra nos abstendríamos de usar de una forma desmedida la lengua para criticar a otros. No creo que resulte muy alentador pensar que mi Dios me trate de la misma manera con la que yo trato a mi hermano. No somos llamados a juzgar sino a perdonar y a levantar al hermano. En este mismo capítulo Jesucristo habló del perdón recíproco, diciendo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también vuestro Padre celestial; mas si no os perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mt. 6:14, 15). No podemos pretender ser tratados por Dios con benevolencia si no lo hicimos con nuestro prójimo. Mientras más juzgamos, más grande será el metro con el que seremos medidos. La tendencia humana es  juzgar a los demás según nuestras normas. Pareciera que hay un sentido de satisfacción cuando logramos que los demás se parezcan a nosotros. En algunas ocasiones,  los creyentes se parecen a un bandido  llamado Procusto, perteneciente a la mitología griega. Él capturaba a las personas y las llevaba a una cueva donde tenía una cama de hierro. Él medía a las personas en su lecho de manera que cupieran exactamente allí. Si eran demasiadas largas las mutilaba; y si eran demasiadas cortas las estiraba hasta descoyuntarlas. ¿Sabía usted que muchas veces nosotros hacemos lo mismo? Tenemos una cama que se ajusta a nosotros y queremos que todo el mundo se ajuste a lo que nosotros somos. ¿No cree que sea mejor darle gracias a Dios que la gente no es como nosotros? Que no se nos mida por el tamaño de la lengua. Que la lengua siga siendo el órgano pequeño del cuerpo.
     
    2. Juzgamos por nuestra iniquidad v. 3. Aquí vemos a un hombre con una viga en su ojo juzgando la paja que está en el otro. Un hombre tratando de practicar “oftalmología espiritual”, pero tiene un tronco en su ojo. Jesús nos dice que los que así actúan son los hipócritas. Son ellos los que juzgan a otros, ignorando lo que tienen en su vida.  ¿Sabe usted el esfuerzo que tendría que hacer alguien con una viga en su ojo para ver la paja en el ojo del hermano? Pero Jesús dice que asía actuaban los hipócritas. Ellos eran súper críticos. Hay que cuidarse de esa  actitud censuradora. Si usted vino con una actitud de crítica, de buscar algo en alguien, en su pastor, en el sermón… lo encontrará. Pero si usted vino a buscar a Dios también lo encontrará. Lo que vemos en otros es un reflejo de lo que hay en nuestros corazones. Ilustración: el gato que fue a visitar a  la reina en Inglaterra y le preguntaron qué vio allí, y algunos pensando que les iba a decir que vio los grandes palacios de ese país, les dijo que vio a un ratón debajo de la silla de la reina. Romanos 2:1-3 nos muestra las razones por las que no podemos juzgar a otros. En este mismo sentido, somos propensos a juzgar los pecados escandalosos en otros, pero no  hacemos lo mismo con los pecados del carácter. Hay pecados de la carne que están escondidos, pero el Señor los ve. Podemos escondernos en una vida santurrona que no permite ver nuestra condición. Antes de juzgar a otros tenemos que juzgarnos a nosotros.
     
    III. PORQUE TENEMOS QUE QUITAR LA VIGA ANTES DE QUITAR LA PAJA
     
    1. El que juzga no se da cuenta de su viga. No todos están calificados para reprender a otros. Lo que Jesús nos está enseñando acá es que las faltas que veo en  mi hermano no son comparadas con las que yo mismo pudiera estar teniendo. La “paja” que hay en el ojo de mi hermano no es comparada con la “viga” que estoy llevando. Lo que Jesús condena aquí es esa actitud que forma todo un escándalo por faltas más pequeñas mientras él se permite hacer cosas más graves. Muchos de los juicios que hacemos contra otros han sido errados. Nosotros juzgamos según la apariencia, mientras que solo Dios juzga de acuerdo al corazón. Lo que Jesús nos muestra aquí es que algunos pecados debieran aparecer a nuestros ojos mayores (este el sentido de la viga), de manera que nuestra conciencia sea la que determine que al juzgar a otro yo mismo tengo pecados peores. Solo una persona con una extraordinaria capacidad espiritual queda apta para quitarle la “basurita” que tiene el otro hermano. 
     
    2. ¿Cuál es la viga mayor  que hay en mi ojo? La lista es muy larga, pero voy hacer referencia a la  más común: la falta de un sincero amor por lo demás. Uno de los  textos que no usamos con frecuencia, a lo mejor por esa misma actitud de buscar las fallas en los demás y no las nuestras, nos dice: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley… El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”. (Romanos 13:8, 10).  Los fariseos creían cumplir la ley pero no tenían amor. Sin embargo, los que cumplen la ley son los que dan amor. Escuche esto: “El que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. El amor limpia nuestros ojos de la viga antes de ver la paja en los demás.
     
    CONCLUSIÓN: Jesucristo enfáticamente nos ha dicho: “No juzguéis…”. Este mandamiento plantea que al juzgar quedamos también bajo juicio. Al juzgar a otros nos exponemos a ser medidos con la misma media. Y al juzgar a otros nos damos cuenta que hay una viga en nuestros ojos lo cual nos impide buscar la paja de el otro hermano. La única manera permitida para “juzgar” a otros, la encontramos en  Gálatas 6:1 “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. En lugar de juzgar debemos restaurar.

  • Más allá de la milla requerida

    (Mateo 5:38- 42) 

    INTRODUCCION: Nos acostumbraron a hacer ciertas obligaciones, pero no nos enseñaron a ir más allá de ellas. Cuando un hijo hace  algo más de lo establecido se considera una persona excepcional. Pero el resultado de no ir más allá de lo establecido ha dado como origen a un mundo con una sobre dosis de  egocentrismo. Cada quien se mueve alrededor de sí mismo. ¿Cómo zafarnos de él? ¿Cómo hacer que el  mundo se mueva en otra dirección? Es decir, ¿cómo vivir con la satisfacción de labrar la dicha ajena más que vivir para complacer la nuestra? Esta es una  gigantesca tarea que tenemos por delante. Los crueles soldados romanos  aprendieron de los persas un secreto que les dio mucho resultado. No solo conquistaban a los pueblos sino que usaban a las personas de una manera muy ventajosa. Cuando los agarraban, los obligaban a ser tareas muy duras y serviles. Si un soldado veía a un judío, él sabía que estaba amparado por una “ley”, inventada por ellos mismos,  para pedirle a cualquiera que llevara su mochila o su armamento una milla. Si alguien se resistía, el soldado podía usar su fuerza para obligarlo. Esto era detestable para un judío y ellos  odiaban el hecho que se les obligara a llevar aquella carga por una milla. Según la costumbre, un  joven judío tenía marcado una milla desde su casa hasta cierto punto. De allí que los  soldados disfrutaban al forzal a los judíos a llevar la carga una milla más. Y es en este contexto de costumbres que  Jesús hace el siguiente planteamiento a sus oyentes: “A cualquiera que te obligue a llevar un milla, ve con él dos”. ¿Cómo piensa usted que respondió esa gente que escuchó a Jesús? ¿Qué tenían en su mente? ¿Qué significa ir más allá de lo que la ley establecía? 

    I. IR MÁS ALLÁ DE UNA MILLA ES TAREA DE UN BUEN CRISTIANO 

    1. Una justicia mayor que la de los fariseos. Los fariseos y los escribas eran sumamente cuidadosos en guardar la ley al pie de la letra. Pero Jesús está diciéndonos que la justicia nuestra tiene que ser mayor que la de ellos (Mt. 5:20). La obligación de cumplir solo con lo que está establecido no deja ninguna satisfacción. Si de algo no disfrutaban los fariseos era del gozo que viene de ir más allá de la milla establecida. Por lo tanto estos eran hombres insensibles, crueles y sin ninguna apertura a los cambios. Para ellos lo más importante era el estricto cumplimiento de la ley y su tradición oral. Para ellos lo único que existía era el “oíste que fue dicho”. Ellos sabían que Moisés les había dejado tales ordenanzas y eso era inamovible. La obligación de la ley decía: “ojo, por ojo, diente por diente”.  Esta ley planteaba una justicia sin misericordia. Según el mal que se hiciera, así debería responderse.  Sin embargo,  Jesucristo planteó su “mas yo os digo”. Esa frase orientaría el significado de la ley y asomaba un nuevo orden para aplicarla. Jesús vino a cumplirla  la ley, no como los fariseos, toda vez que ellos eran esclavos de ella. La justicia nuestra tiene que ser mayor que la de los fariseos porque estamos bajo la gracia.

    2. Buscando un nivel celestial. El Sermón del Monte es lo más revolucionario que  se conozca como estilo de vida cristiana. Nada ha podido superarlo. Este sermón fue dado para trastocar aquella  moral mínima que sostenían los que conducían el  pueblo de Dios. Las palabras de Jesús vinieron para confrontar aquel  legalismo sin amor. Los fariseos pensaban que el estricto cumplimiento de la ley  era suficiente para ganar el cielo. Una de las grandes cosas que hizo la muerte de Jesús fue mostrarnos que la vida llena de gozo y bendición es la que rompe con aquel nivel de la tradición y de la costumbre. Se ha dicho que la vida se vive en  tres niveles: el nivel del maligno, que devuelve mal por  bien; el nivel del ser humano, que devuelve bien por bien y mal por mal. Pero el nivel más alto, el celestial, es el que devuelve bien por mal. Jesucristo dijo: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…”. Este es nivel celestial. El humano era “ojo por ojo”. El maligno planteaba la pelea para lograr alguna salida, pero el celestial dice: “…y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa”. Jesús reta a sus seguidores a hacer más de lo requerido. El creyente se mueve en el nivel celestial. El creyente no vive solo para cumplir. No iremos más lejos hasta tanto no vivamos la segunda milla. 

    II. IR MÁS ALLÁ DE  UNA MILLA ES EL MEDIO PARA LA CONQUISTA 

    1. Poniendo la otra mejilla con un propósito vv. 38, 39. Hay dos cosas que usted puede hacer que enfurecerán a un judío. Una es escupirle en la cara; la otra es abofetearlo. Pero note que Jesús habla aquí de la “mejilla derecha”. La única forma de golpear la mejilla derecha era con el dorso de la mano.  ¿Alguna vez le han hecho eso? ¿Sabía usted que esta es la peor ofensa? Pues esto fue lo que le hicieron a  nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuál es la situación de esos versículos? ¿Está Jesús enseñando que no debemos defendernos, que no debemos proteger nuestros hogares, nuestras vidas? Jesús creía en toda la ley, y alguna parte ella dice que debemos defender a nuestros amados, e incluso defender nuestros derechos hasta la muerte. De manera que no hay contradicción en lo que Jesús dice ahora y lo que ha dicho la ley en defender nuestros derechos, en hacer que la justicia prevalezca. Sin embargo, lo que él le dice al creyente es, que aun cuando él reciba el insulto más calculado y mal intencionado por su amor a Cristo,  él no debiera responder con otro tipo de insulto parecido. Jesús nos enseña que no debemos responder mal por mal. Que debemos resistir al que es malo, que podamos vencer el mal con el bien. Nuestro modelo sigue siendo Cristo. Poner la otra mejilla es ceder con el fin de conquistar al que nos agravie. Ese es nuestro fin. El creyente debe recordar este texto: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.   

    2. Dejando la capa con un propósito. La túnica (por lo general hecha de algodón y lino), era una especie de camisa que se usaba debajo de la ropa. Aun las personas más pobres tenían por lo menos unas dos de ellas. Pero la capa era otro asunto. Era la vestimenta exterior y la persona tenía una sola. Las personas la usaban para protegerse del intenso sol y del frío por la noche; por lo general servía  de cama. La ley planteaba la confiscación de la túnica pero nunca la capa, pues se consideraba como una prenda muy preciada para un judío. Mire lo que Jesús plantea. Si alguien te pone a pleito y te pide la túnica, no entres en alguna polémica con eso, dale también la capa. Al hacer eso estás pensando no tanto en lo que es tuyo sino que con esa actitud te estás ganando el adversario. Lo que Jesús nos dice acá es que si resultas debiendo a alguien y te pide lo que le debes, que vayas más allá y entregues más de lo debido. Esta actitud revelará que el creyente nunca exige la satisfacción de sus derechos ni  disputa para que se cumpla a su favor las disposiciones legales que le protegen. Hay creyentes que todo el tiempo están reclamando sus derechos. Algunos hasta consideran llevar a otros a la corte para defender sus derechos. Sobre esto, lo que Jesús te dice es que no hagas lo mínimo, haz más de lo que se requiere. Y cuando alguien tenga una necesidad y le pide ayuda, mire lo que dice el v. 42. No queremos ganar un argumento sino ganar a la persona. 

    III. IR MÁS ALLÁ DE  UNA MILLA ES SEÑAL DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL 

    1. Los resultados de ir más allá de la milla. Quien camina la otra milla descubre el gozo del servicio. Si usted va solo una milla, eso es lo que establecía la ley, pero si va más allá usted descubre que allí es donde se encuentra Jesús. La segunda milla es la milla del placer. En la primera milla usted pasa “rabietas”, mientras que en  la segunda usted siente un gozo inmenso. En la primera milla a usted lo obligan, en la segunda usted se gana al hombre que le puso la carga. Es posible que la primera milla sea el de un trabajo pesado, pero en la segunda usted obtiene la victoria. Esta milla cambiará su actitud. ¿Sabe por qué muchos no tienen éxito espiritual? Porque solo caminan la primera milla. Algunas veces creemos que con hacer lo requerido ya eso es suficiente. Hay gente que no hace otra cosa sino lo que se requiere. Al leer este pasaje nos damos cuenta que ningún otro nos habla tan contundentemente acerca de lo que es en esencia la vida cristiana como este. Lo más fácil es pagar “ojo por ojo, diente por diente”. Esa es una reacción muy humana. No somos muy dados a dejarnos  ganar un pleito. Lo más fácil es defender los derechos. No solemos ser tan dadivosos. Preferimos recibir que dar. Por otro lado, lo más fácil es amar a quienes nos aman. Amar a los enemigos es un reto para el que necesitamos prepararnos. Pero cuando descubrimos que podemos ir más allá de la milla, entonces, y solo entonces, disfrutaremos de la esencia de la vida cristiana.   

    2. Sorprendamos al soldado.  Vamos a imaginarlos el cuadro del soldado que obliga a llevar una milla. Vamos a pensar que uno de los judíos que estaba allí oyó acerca del Sermón del Monte. Oyó decir al Señor que si alguno le obliga a llevar la carga una milla que caminara otra. Así, un soldado llega al lugar y le dice a un judío que le lleve la carga una milla, y el judío con gusto le obedece. Pero para la sorpresa del soldado, el judío le dice: “Sabes, esta carga es muy pesada para usted y  usted está cansado, permítame  llevar su carga otra milla más”. Al ver todo esto el soldado está muy confundido, y le pregunta: “¿Por qué hace esto? Se que ustedes los judíos odian esto”. El judío aprovecha la ocasión para decirle que el escuchó a  Jesús de Nazaret decir que el que  te obliga a llevar una milla que vaya con él otra. Déjeme decirle que ese soldado reaccionaría, diciendo: “Verdaderamente este es un cristiano”. Recordemos que otro soldado más adelante, después que crucificó a   Cristo, y al ver su rostro distinto a los otros malhechores, dijo: “Verdaderamente este es el Hijo de Dios”. El ir más allá de lo establecido nos hace creyentes maduros y sensibilizamos a aquellos que nos adversan. Jesucristo fue más allá de lo que estableció la ley (Ro. 5:28). ¡Qué maravilloso es nuestro amado Señor Jesucristo! Él caminó la segunda milla por amor a nosotros.

    CONCLUSIÓN: Uno de los apóstoles que capturó el significado de lo que Jesús dijo en el Sermón del Monte fue Pablo. Cuando él escribió a sus hermanos en Roma sobre ir la “milla extra”, dedicó todo un capítulo para que se entienda lo que es caminar más allá de lo requerido (Ro. 12:9-22). ¡Vivamos siempre para recorrer la otra milla! 

  • Discípulos de Alta Definición

    (Filipenses 2:19-30)

    INTRODUCCIÓN: Hemos entrado a la era de la “alta definición” en lo que respecta a ver y oír las cosas. La TV, la radio y el cine  ya están en esta vanguardia.  La “alta definición”, conocida en inglés como la High Definition, es un proyecto que ya tiene unos 20 años de existencia. Surgió para sustituir la tecnología analógica, la cual se ocupó de la televisión convencional. Y tan rápido se va en esto de la “alta definición” que  se dice que a partir del año 2009 todo estará bajo el sistema digital. ¿Por qué está llegando a ser más clara esta TV que la tradicional? Porque la nueva pantalla tiene mucho más líneas de resolución, haciendo que la imagen sea impecablemente más clara y sus colores más nítidos. Ahora bien, no es mi propósito hacerle propaganda a esta tecnología, porque ella misma tendrá sus vendedores, sino mostrar por la vía de la comparación cómo la vida cristiana debiera ir de lo que es “convencional” a una “alta definición”. La Biblia nos plantea los más altos estándares para la vida espiritual. Una y otra vez se nos convoca a ser mejores. No hay tal cosa como llegar a un conformismo espiritual. Hay un continuo reto para avanzar hacia la excelencia; hacia mejores experiencias en el discipulado cristiano. Filipenses 2 pudiera ser  conocido como el capítulo de la “alta definición”, pues pone como ejemplo supremo al Señor y la manera cómo él se entregó, dando  de si lo mejor. Y no es extraño que aquí mismo encontremos los ejemplos de Timoteo y Epafrodito, quienes descollaron, convirtiéndose en un modelo para todos los que nos llamamos discípulos de Cristo. La meta es que el mundo pueda ver mejor a Cristo a través de nosotros. Veamos, pues, la vida de un discípulo de “alta definición”.

     

    I. UN DISCÍPULO DE ALTA DEFINICIÓN POSEE UN ÁNIMO DE UN VALOR  INQUEBRANTABLE v. 19

    1. “Para que yo también esté de buen ánimo”. Recordemos que Pablo está preso en Roma. Si hay un lugar donde el ánimo se quebranta con prontitud es allí. Los hombres que pasan largos cautiverios cuentan de sus estados caídos, llenos de la más profunda resignación. El no tener mucha esperanza para salir crea un estado de ánimo que consume a la persona. Recordemos que Pablo, aun cuando tenía la esperanza de salir de aquella prisión, sabía también de la maldad de Nerón. Pero su ánimo era alimentado por las buenas noticias de los hermanos de filipenses, donde Timoteo era su discípulo motivador. El ánimo inquebrantable de un discípulo se nota por su alta fidelidad a lo que ha recibido. Timoteo jamás cambió su ánimo sobre quién era su líder. La fidelidad de este discípulo llenaba a Pablo de gozo. Nada levantaba más su ánimo que las noticias que Timoteo le traía, aun cuando aquel  era un viaje de unos 1200 Kms. Bien pudiera ser que haya pesadas cargas que la vida nos imponga, como esas pruebas indeseables, pero el saber que la obra no se detiene porque hay hermanos y hermanas entusiastas en lo que hacen, le brinda al espíritu las razones para seguir adelante. Debemos ser cuidadores del ánimo de todos los que nos presiden.  ¡Qué no baje el ánimo!

    2. “A ninguno tengo del mismo ánimo”. Este es un elogio de un altísimo peso proviniendo del apóstol Pablo.  No significa que los demás discípulos no poseyeran una hoja limpia de servicio al Señor; lo que él  está destacando es que con relación a los filipenses, él era su mejor mensajero. Por un lado ya Timoteo había hecho varios viajes a esas tierras (Hch. 16:13; 19:22; 20:3). Pero por otra parte llegó a identificarse de tal manera con el apóstol que la idea del texto es que eran “de igual alma”. Él era alguien de iguales sentimientos, de igual disposición de ánimo, de igual mentalidad… para la obra del Señor. Una característica notable de un discípulo es que se reproduzca con  la misma visión, pasión, dedicación y diligencia de su maestro. Esto no siempre sucede. Hay creyentes con el ánimo por el suelo, quebrantados por el mínimo asunto. Sobre esto, la Biblia dice: “El hombre de doble ánimo es inconstante en su camino” (Stg 1:8). Requerimos de discípulos al mejor estilo de Josué y Caleb que nada les desanimó (Nm. 13 y 14). Mientras los demás espías desalentaron al pueblo, ellos le animaron a seguir.

    II. UN DISCÍPULO DE ALTA DEFINICIÓN ES CONOCIDO POR SU ESPÍRITU DE SERVICIO DESINTERESADO v. 20

    1. Hay algunos que sirven buscando lo suyo propio. No sabemos quienes tenía Pablo en mente cuando habla de aquellos que “buscan lo suyo propio”, pero es notable su queja. Un creyente que busca lo suyo propio envía una señal borrosa. No hay tal cosa como una transparencia de vida.  Son aquellos que buscan su propia exhibición, su propia gloria, su propia fama, su propio prestigio. Un hombre con esta alta definición de su servicio desinteresado fue Juan el Bautista. Mientras tuvo toda la oportunidad para levantar su propio liderazgo, toda vez que fue preguntado si era el Mesías, prefirió decir varias veces “yo no soy el Cristo”. Pero en el lugar de eso manifestó: “Es necesario que el crezca y yo mengue”. Sin embargo, este espíritu no siempre es notorio. Hay una tendencia a buscar qué provecho encuentro en la obra del Señor. Hay los buscadores de “lana de ovejas”, más que al pastor de las ovejas. La única motivación de Timoteo era el de ser mensajero de su padre espiritual. Pablo dice que los que buscan lo “suyo propio”, no buscan lo “que es de Cristo”. ¿Cuál es el espíritu de servicio que nos mueve?

    2. Sirviendo como hijo a padre. La mejor traducción de este versículo sería así: “De Timoteo, en cambio, conocéis la calidad, pues se puso conmigo al servicio del evangelio como un hijo con su padre”. Timoteo tuvo que ser un discípulo excepcional. En efecto, tuvo que ser un discípulo de “alta definición”. No es extraño que sea al único discípulo  a quien le dedica dos sendas cartas con carácter pastoral. Como su hijo espiritual le había servido con devoción (1 Co. 4:17) Pablo, quien dice que le engendró en la cárcel, se dio cuenta que lo que su abuela Loida y su madre Eunice sembraron en él, sirvió para formar un carácter, propio para ser un discípulo fiel. Poseía, por lo tanto, un espíritu de servicio abnegado. Pablo dice que los hermanos conocían sus méritos. Su servicio se comparaba al que hace un hijo bueno con sus propios padres. Pablo sabía que su discípulo Timoteo haría las veces suyas en medio de los filipenses. Al estar con ellos, les exhortaría, aconsejaría, enseñaría, corregiría… Los discípulos de “alta definición” sirven de esta manera. Ninguna otra cosa les motiva sino un fuerte espíritu de servicio desinteresado.

    III. UN DISCÍPULO DE ALTA DEFINICIÓN TIENE UNA GRAN SENSIBILIDAD POR EL BIENESTAR DE LOS DEMÁS vv 25, 26.

    1. “Tuve por necesario enviarles a Epafrodito”. Pablo no pudo enviarle a filipenses a Timoteo; en lugar de él envió a este otro discípulo que también poseía una “alta definición”. ¿Quién era este discípulo para Pablo? De acuerdo al v. 25 era su “hermano”, un genuino creyente. Era su “colaborador”, su muy cercano ayudante. También era su “compañero de milicias”, alguien que batalla en el mismo bando; que peleaba la misma batalla. Además era su “mensajero”. Literalmente su “apóstol” a quien enviaba con sus mensajes. Pero sobre todo, era su “ministrador de sus necesidades”. Era su “diácono” cercano que se encargaba de velar por las necesidades de su apóstol. Epafrodito es conocido como un creyente “cinco estrellas”. Era poseedor de una sensibilidad para identificar y suplir las necesidades. Bienaventurada la iglesia que cuenta con discípulos del talante de un Epafrodito. ¿Con cuáles de estas características nos identificamos? 

    2. Con un gran deseo de verles. Esto habla de un gran amor fraternal. Habla de un gran amor por la iglesia. En el corazón de ese discípulo estaba la congregación de filipenses. A juzgar por lo que Pablo menciona respecto al gozo, aquella congregación tenía que producir en Epafrodito una nostalgia inmensa. Frente a este inmenso deseo, el apóstol lo envía con la carta que consolará grandemente sus corazones. El gran deseo de verles estaba ligado a los tiempos que duraba fuera de ellos, debido a las grandes distancias que tenía que cubrir para poder servir al apóstol Pablo. Esta actitud habla de una virtud necesaria en la vida cristiana. Los discípulos que llamamos de “alta definición” deben poseer esta sensibilidad. Hay hermanos que nos necesitan. Hay creyentes que viven solos. Nuestra agitada agenda no nos hace ver estas necesidades. Estamos urgidos de desarrollar en nuestras vidas las demandas del amor fraternal (1 Tes. 5:14)

    IV. UN DISCÍPULO DE ALTA DEFINICIÓN SABE QUE LA OBRA DEL SEÑOR ES DIGNA DE LOS MEJORES SACRIFICIOS v. 30

    1. Discípulos sin mucho sacrificio. Cuando Pablo habla de aquellos que buscan “lo suyo propio”, hace una exhortación muy seria  para quienes el sacrificio por el Señor no es su asunto prioritario. Cuando la vida espiritual la resumimos a un solo venir a la iglesia, y cumplir con ella como cumplo con mis actividades sociales, no estoy realmente sacrificándome. Tenemos que admitir que nos falta mucho  para sacrificarnos por el Señor. En este capítulo tenemos el ejemplo supremo de entrega y sacrificio, nuestro Señor Jesucristo. Se nos dice que “no le importó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó así mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…”.

    2. Exponiendo su vida hasta la muerte. Epafrodito es esa clase de discípulo que entendió que el Señor es digno de los mejores sacrificios. En sus viajes de ida y vuelta, como administrador de las necesidades de Pablo, se enfermó casi hasta la muerte. Y al saber que sus hermanos estaban preocupados por él, se angustió sobre manera. La palabra aquí equivale a la misma que Lucas usó para comparar la angustia que Cristo tuvo en el Getsemaní. Sin embargo el Señor lo levantó porque era alguien de una gran necesidad todavía en la obra del Señor. El sacrificio de este discípulo le llevó a consumirse de tal manera por la obra que Pablo lo elogia diciendo que él estuvo “exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí” v. 30. Esto nos habla de osadía, de correr riesgos, de sacrificar lo mío propio por causa del evangelio. Así actúan los discípulos de “alta definición”. Dejan que otros vean a Cristo de una manera más clara y nítida.

    CONCLUSIÓN: El nombre de Timoteo significa “temeroso de Dios”. La calificación que Pablo hace de él, diciendo que “a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros”, nos revela la grandeza de tan significativo nombre. Pero ahora observe el significado del nombre de Epafrodito: “Hermoso y atrayente”. Y las características  que encontramos en este pasaje no es sino el fiel reflejo de este nombre. Los discípulos de “alta definición” lo caracteriza su temor a Dios, y que sus vidas  sean como un imán que atraiga a los demás. ¿Cómo es la imagen que la gente está viendo en nosotros? ¿Presentamos una imagen análoga o una de alta definición? ¿Están otros  viendo a Jesucristo de una manera clara en mi vida?