Del escritorio de Julio Ruíz

Siervos inútiles: la enseñanza de Jesús sobre la humildad y el servicio

Siervos inútiles: la enseñanza de Jesús sobre la humildad y el servicio

En el evangelio de Lucas 17:10, Jesús declara una frase que puede resultar desconcertante para muchos creyentes: “siervos inútiles somos”. ¿Cómo debemos entender estas palabras después de haber servido fielmente al Señor? La enseñanza de Jesús no pretende desvalorizar el servicio cristiano, sino recordarnos la verdadera naturaleza de nuestra relación con Dios. Cuando comprendemos que somos siervos inútiles, reconocemos que todo lo que hacemos es simplemente obedecer lo que el Señor ya nos ha mandado. Este pasaje nos invita a vivir con humildad, evitando el orgullo espiritual y recordando que todo fruto en la vida cristiana proviene de la gracia de Dios.

Basado en Lucas 17:1-10

El presente título nos viene del versículo 10. ¿Cómo entender este texto? ¿Cómo asimilar la frase“siervos inútiles somos” después de haber hecho el trabajo mandado? Piense un poco en esta declaración y cómo es nuestra reacción cuando finalizamos un trabajo que nos dio satisfacción. La tendencia humana después de hacer una tarea encomendada es esperar la aprobación y el reconocimiento. Simplemente anhelamos oír “buen trabajo”.

Pero lo que Jesús deja claro en todo este texto es hasta dónde somos dignos de cumplir con la tarea asignada. Porque si aún decimos: somos “dignos”, eso mismo será ya un indicio de orgullo y presunción. Pero si reconocemos que somos simplemente siervos, entonces no tendremos ese tipo de mérito. Ninguno de nosotros es digno de hacer nada. Este es el punto que el apóstol Pablo enfatiza en 1 Corintios 3:7 al abordar las similitudes entre los cristianos que “plantan” y quienes “riegan” el mensaje evangelístico. Pablo escribe, diciendo: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que hace crecer las cosas”.

Ni el que planta ni el que riega “son algo”. No somos digno de nada. ¿Por qué? Porque somos pecadores por naturaleza y pecadores por elección. Porque sin la gracia regeneradora de Dios no éramos nada, y  sin esperanza, pero Él nos resucitó de nuestra condición espiritual, cuando estábamos muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1) Así pues, por el resto de nuestros días, siempre dependeremos de la gracia de Dios, y por eso no somos digno de nada. Este texto nos ha sido dado para la autoindagación.  Entonces, cuándo llegamos a ser siervos indignos.   

Cuando dejamos de ser tropiezo para otros

«Imposible es que no vengan tropiezos».

Esta expresión es una revelación de la naturaleza humana y el mundo respecto a la posibilidad de los tropiezos. Mientras el mundo exista habrá tropiezos. Algo o alguien se va a prestar para que eso ocurra. Y ciertamente las debilidades humanas no son excusa para el mal que hay en el mundo, pero pueden explicar su presencia. La vida es un camino lleno de desafíos y obstáculos. Esto es lo que Jesús está afirmando con esta declaración.  No es cuestión de si vamos a enfrentar dificultades, sino cuándo. Pero no debemos desanimarnos. Jesús nos recuerda que los tropiezos son inevitables, pero son superables. Podemos aprender de ellos y crecer en fe y perseverancia.

No nos dejemos llevar por la desesperanza, sino que confiemos en que Dios está con nosotros en cada paso del camino. Él nos ayudará a superar los obstáculos y a encontrar el propósito en medio de la adversidad. Así que no nos rindamos, sino que sigamos adelante con fe y confianza. Porque al final, la victoria es nuestra. La fe nos da la fuerza para enfrentar cualquier desafío. No nos dejemos vencer por los tropiezos, sino que los usemos como oportunidades para crecer y fortalecer nuestra fe. Con Dios, todo es posible.

“… mas ¡ay de aquel por quien vienen!” V. 1.

La palabra original para “tropiece” es skandala, de la cual obtenemos la palabra escándalo o escandaloso. Y cuando Jesús habla de ser “tropiezos” estaba afirmando el hecho que por vivir en un mundo caído siempre habrá piedras de tropiezo por todas partes y todos tropezamos con ellas. ¿Quién de los presentes no ha tropezado alguna vez? La palabra “mas” aquí es una preposición que literalmente dice “pero”, asignada a alguien por quien puede venir el tropiezo.

Se traduciría entonces como: “¡Pero, ay de la persona por quien suceden!” Esto significaría que “si haces que alguien peque, eso es algo terrible delante de Dios”. ¿Y cuán terrible es? Mire lo que dice el v. 2. Los “pequeñitos” aquí son una referencia a los creyentes, particularmente a los nuevos que tenemos. Esta verdad aparece en (Marcos 9:42), y vea con esto como Jesús sigue trayéndonos ilustraciones para tener un cuadro más gráfico de lo que aquí nos está explicando. A esos “pequeños” ¿nuestro comportamiento les aleja de Cristo o los acerca a Él? ¿El lenguaje del trabajo edifica o desanima a los demás? ¿Estoy causando que alguien peque? Cuánto vale un “pequeño” para Cristo, y cuánto debo cuidarme de no ser tropiezo para él.

Cuando perdono ilimitadamente

“Si tu hermano pecare contra ti, repréndele” v. 3.

La palabra clave del texto es “mirad”, y es lo mismo que “ten cuidado”. Si un hermano o hermana creyente peca contra ti, ¿qué haces? pues debes ir a ellos y lo reprenderlos. Pero, ¿qué significa reprenderle? Significa todo, menos maltratarle. Jesucristo nos da las pautas acerca de cómo lidiar con alguien que te ha ofendido, o que tú mismo has ofendido (Mateo 18:15-17). Y Pablo nos recomienda un procedimiento parecido de acuerdo con Gálatas 6:1-2.

En el texto que estamos usando, Jesús habla de reprenderlo; y si se arrepiente, debe perdonarlo. La reprensión va acompañada del perdón.   Así que, si alguien peca contra ti, te hiere, habla mal de ti o te ofende de alguna otra manera, ¿qué haces? Primero, revisa tu actitud: “Ten cuidado”. Pregúntate: ¿amo a esta persona? ¿Estoy dispuesto a perdonarla?

Si tu reprensión no va acompañada del perdón, no servirá de nada. Entonces, ¿cómo debe ir el procedimiento? Si tu hermano o hermana peca contra ti, ve y cuéntale en privado el agravio que te hicieron. Este fue el procedimiento recomendado por Jesús cuando alguien peca contra mí: “ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15).  

🔔 Mantente al día con entreCristianos

Recibe las noticias e información cristiana más relevante directamente en tu WhatsApp.

📲 Únete a nuestro canal oficial

“Si peca contra ti siete veces al día… perdónalo” v. 4.  

Esto significa que debemos perdonar a los demás sin límites. Ese es el punto detrás de esta forma idiomática de hablar. Jesús dice: “Si peca contra ti siete veces al día, perdónalo”. Por cierto, esto fue lo que Pedro sugirió como máximo en el asunto del perdón. Pero vea que fue Jesús quien habló “setenta veces siete” de acuerdo con Mateo 18:22. En ambas cantidades no hay límite para el perdón.  Observe que aquí Jesús no deja alguna opción. Simplemente dice: “perdona”. ¿Por qué debemos perdonar? Porque somos cristianos.

Por lo tanto, esposa creyente, si tu esposo peca contra ti, debes perdonarlo. Esposo creyente, si tu esposa peca contra ti, debes perdonarla. Si tu hija o hijo peca contra ti, debes perdonarla. Si tu nuera o yerno peca contra, debes perdonarlos. Si tu hermano de iglesia peca contra ti, debes perdonarlo. Esto es lo que debes hacer, ve amablemente a esa persona que te causó dolor, honra a esa persona hablándole en privado y perdónale. ¿Y cómo lo hago te preguntarás? Como Dios en Cristo te perdonó (Efesios 4:32). La actitud nuestra en cuanto al perdón debe ser como el padre en la parábola del “Hijo Pródigo”, abundantemente, hasta restituirle.


Aplicación: Perdona de esta manera:


1) El perdón es una promesa de no volver a sacar el asunto a colación a la persona.

2) El perdón es una promesa de no sacar el asunto a colación con los demás.

3) El perdón es una promesa de no recordarme más del asunto.

Cuando reconocemos la falta de fe


“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” v. 5.

¿Qué relación tiene este texto con lo anterior? Al parecer los discípulos estuvieron alarmados por lo dicho anteriormente, y al sentirse muy tocados en sus sentimientos, le pidieron al Señor que les aumentara la fe para poder perdonar.  Sin embargo, el tema aquí no es tener una «Gran Fe». El asunto acá no es la magnitud de la fe lo que importa; lo que importa es la magnitud de Aquel en quien descansa nuestra fe. Debemos tener una gran fe, pero que nuestra fe sea en un gran Dios. En esta petición hay ⁠reconocimiento de la debilidad. Ellos reconocen que su fe es débil y que necesitan ayuda para crecer en ella.

Pero el hecho de buscar a Jesús es dar por sentado que Él es la fuente de esa fe y poder anhelados. Los apóstoles no estaban contentos con la fe que tenían, sino que querían más, para poder enfrentar los desafíos que vendrán a sus vidas. Eso es lo loable de esta petición. De esta petición surge la pregunta: ¿Qué tipo de fe es la que debo tener? ¿Necesito que el Señor aumente mi fe?  La fe que anhelaban los apóstoles debe ser la misma nuestra, una fe que descansa en el gran Dios dada a través de la persona de Jesucristo. De esta manera, si creo en Él, el tamaño de mi fe no importa.

“Si tuvieres fe como el grano de mostaza…” v. 6.

Este es un texto muy conocido, pero muy mal entendido. El tema aquí no es lo grande de la fe de alguien; lo que importa es lo grande que es Aquel en quien descansa nuestra fe. Jesús les está diciendo que la fe no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. La fe es como un grano de mostaza, que es pequeño, pero puede crecer y producir grandes resultados. No necesitamos “más” fe. ¡Sí, así como lo oye! Si su fe es tan pequeña como la semilla de mostaza, eso es suficiente si esa fe está viva y creciendo.

El tema es el de una fe creciente. Ahora bien, si volvemos al contexto inmediato, lo tratado hasta ahora es  acerca del perdón. ¿Le es difícil perdonar? Solo necesitas un poco de fe en Jesucristo para poder perdonar a los demás. Así que no leemos el versículo 6 como si la fe fuera a ser usada para presumir ante los demás, y hasta decir: «¡Mira, como arranco este árbol y lo arrojo al mar!» No, la fe no es algo que usamos para hacer un espectáculo. La fe es una obediencia completa y humilde a la voluntad de Dios, una disposición a hacer lo que Él nos manda hacer, incluyendo perdonar a los demás sin límites. Pidamos al Señor la fe del tamaño de la semilla de mostaza, y Él hará lo demás.  

Siervos inútiles: la enseñanza de Jesús sobre la humildad y el servicio
semilla de mostaza.

Tamaño promedio orquidea 0,03-0,5 mm y la mostaza 1-2 mm

Cuando hacemos lo que se nos ha mandado

El siervo después de trabajar regresa para seguir sirviendo v. 7-8.

El punto principal de estos últimos cuatro versículos es ilustrar que somos simplemente siervos haciendo lo que Jesús nos llama a hacer. No merecemos nada por hacer estas cosas. No merecemos un reconocimiento especial por vivir por fe. Simplemente estamos cumpliendo con nuestras obligaciones. Somos cristianos. Eso es lo que somos. Vamos a verlo por lo hecho hasta acá. Si perdonamos a los demás sin límite, si vivimos por fe, si amamos, si damos testimonio, si evangelizamos, si diezmamos, o cualquier otra cosa que hagamos, no merecemos un reconocimiento especial por estas cosas. Somos siervos.

Es nuestra obligación hacer estas cosas. ¿Verdad que esto como no va con la manera cómo esperamos al final de hacer algo para el Señor? El asunto es que no hay lugar para la jactancia en la vida cristiana. No hay lugar para la autoexaltación ni el fariseísmo. Somos siervos de Cristo. Simplemente cumplimos con nuestro deber. No es que Dios haga lo que decimos, sino que nosotros hacemos lo que Él dice. Observemos la pregunta de Jesús en el v. 8. Una mirada detenida al texto nos llevará a la conclusión que eso no es justo. Pero cuando analizamos la naturaleza de un esclavo, eso es el deber de un siervo. Después de trabajar, regresa a casa a trabajar.

“Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” v. 10.

¡Le sorprende esto! Si yo entiendo bien este texto un siervo llega a ser “inútil” cuando hace lo que se le pide ¿Cómo así pastor? El término “inútiles” puede traducirse también como “no merecedores” o “no excepcionales”; es decir, simplemente han hecho lo que era su obligación. La verdad de esto es que, si fuéramos esclavos, esto lo asimilaríamos, y lo viviríamos. Para muchos creyentes esto no es posible porque viven como sus propios amos, y Dios es el sirviente. Observe cómo son sus oraciones: “Señor, hazme esto hoy, responde a mi oración porque estoy urgido; tú sabes Señor, tú tienes el poder para hacerlo”.

Algunos otros le mandan órdenes al Señor, diciendo: “No se te olvide Señor, lo quiero pronto”, y hasta lo declaran.  Pero con frecuencia se nos olvida que somos los esclavos y Él es el Amo. Tenemos que hacer lo que Él dice porque somos simplemente siervos. En la práctica, este versículo nos invita a vivir la fe con humildad, sin jactancia ni autoexaltación, recordando que nuestro servicio a Dios es un deber, no un mérito extraordinario. Así, cuando cumplimos con lo que Dios nos pide, estamos haciendo lo que nos corresponde como cristianos.

Somos siervos inútiles

Richard Bewes, fue un pastor inglés de tanto renombre que fue a quien Billy Graham pidió para oficiar su funeral. En una ocasión ese pastor fue invitado por Billy Graham a hablar en Ámsterdam 2000, una conferencia de nueve días que culminaría con la predicación de un mensaje enviado a unos 10,000 evangelistas de 200 países de todo el mundo, yo tuve la oportunidad de asistir a ese evento en 1989, y me consta lo dicho en esta historia.  

Para Richard Bewes predicar en esa ocasión era como la cumbre de su ministerio. Se había preparado durante meses, memorizado su sermón y estaba listo para traer esa palabra. Pero antes de predicar, un grupo de alabanza invitado, que se suponían tomaría solo 8 minutos, tomó 21 minutos. Así que el tiempo de Richard se había agotado, y no pudo predicar el mensaje que había preparado con tanta diligencia. Alguien vio que Richard estaba pálido, contrariado, porque ese grupo musical le había robado el tiempo de su predicación.

Después de eso salió para tomarse un té, y un gran amigo suyo lo vio, y dijo: “Richard, lo que ese grupo te hizo fue terrible”. Y este hombre, con aplomo, dijo: “No, no”. Todos somos siervos. Solo hacemos lo que se nos pide. Esta humildad en reconocer nuestra posición de siervos es lo expuesto por Jesús en este texto. “Siervos inútiles somos”.

Aplicación final: Este texto nos ha enseñado que debemos perdonar sin límites, confiar en Dios más que en nuestra propia capacidad y servir con humildad, sin buscar trofeos o reconocimientos. Somos llamados para ser un ejemplo de fe viva, servicio desinteresado y humildad auténtica. Cuando más aprendamos que no somos dignos de nada, nos sentiremos más siervos y humildes.

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos. Actualmente pastorea la Iglesia Ambiente de Gracia en Fairfax, Virginia.
Suscríbete
Notificado
guest

0 Comments
más antiguos
más nuevos más votados
Feeback en línea
Ver todos los comentarios
Botón volver arriba
0
Nos gustaría conocer tu opinión sobre este artículox

Bloqueador de anuncios detectado

Los gastos ocasionados para mantener entreCristianos en forma gratuita dependen en gran parte de la publicidad que ofrecemos. Para poder leer nuestro contenido te pedimos que por favor desactives el bloqueador de anuncios para nuestra página