Murió Ron Kenoly, referente de la música cristiana contemporánea

Partió hacia la presencia del Altísimo Ron Kenoly, influyente líder de adoración que marcó un antes y un después en la liturgia evangélica contemporánea. Hoy 3 de febrero de 2026, a la edad de 81 años, este siervo del Señor murió dejando un vacío profundo pero un legado imborrable en la música que exalta a Cristo. Su fallecimiento fue confirmado por Bruno Miranda, su director musical, quien destacó que Kenoly siempre se consideró un facilitador para que la congregación se acercara al Trono de la Gracia.
Trayectoria biográfica: De Kansas al escenario mundial
Nacido el 6 de diciembre de 1944, Ron Kenoly creció en una época donde la música cristiana y la música secular comenzaban a entrelazarse de formas nuevas en los Estados Unidos. Después de la escuela secundaria, se trasladó a Hollywood para buscar una carrera en la industria del entretenimiento, un movimiento que demuestra su temprana ambición por la excelencia técnica y vocal. Sin embargo, su camino tomó un giro significativo cuando se unió a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en 1965.
Durante su servicio militar (1965-1968), Kenoly no abandonó la música; por el contrario, perfeccionó su arte actuando con los «Mellow Fellows», una banda de versiones que realizaba giras por bases militares. Esta experiencia le proporcionó una formación práctica en la gestión de audiencias diversas y en el dominio de géneros musicales populares, habilidades que luego aplicaría para revolucionar la alabanza congregacional. Al regresar a Los Ángeles tras su servicio, continuó buscando el éxito profesional, enfrentando los desafíos inherentes de la industria discográfica secular.
Un punto de inflexión espiritual ocurrió en el verano de 1982. En un momento de crisis personal y profesional, Kenoly se sentó al piano de su iglesia local y, tras un tiempo de oración y canto, decidió renunciar a su sueño de ser una estrella secular para dedicarse por completo al ministerio cristiano. Esta rendición personal marcó el inicio de lo que se convertiría en una de las carreras más influyentes en la historia de la música de adoración.
A lo largo de su trayectoria, Kenoly no solo fue un cantante, sino un ministro de adoración que entendió la alabanza como una herramienta de guerra espiritual y edificación. Desde sus inicios en Coffeyville, Kansas, hasta su paso por la Fuerza Aérea, el Señor fue moldeando su carácter para el ministerio. Fue en 1982 cuando, tras rendir su carrera profesional a los pies de Jesucristo, comenzó una nueva etapa que lo llevaría a pastorear el área musical en el Jubilee Christian Center en California. Allí, bajo la cobertura del pastor Dick Bernal, implementó una visión de alabanza de alto impacto que rompió barreras denominacionales.
Ron Kenoly unió a las naciones en adoración
En el año 1992, el lanzamiento del álbum Lift Him Up bajo el sello Integrity Music marcó un hito histórico. Al enterarnos de la muerte de Ron Kenoly sentimos una gran nostalgia por esos tiempos en los que canciones como «Ancient of Days» o «Jesus Is Alive» sonaban en las radios cristianas y en los momentos de adoración en las iglesias. Estas composiciones no eran simples melodías, sino declaraciones bíblicas que fortalecieron la fe de millones de hermanos en los cinco continentes. Su música logró amalgamar la elegancia de las orquestas con la fuerza del gospel, permitiendo que iglesias de diversas culturas se unieran en un solo espíritu de gratitud al Padre.
El impacto de su partida ha tenido un eco especial en el continente africano, donde se le consideraba un «General del Evangelio». Ministros de la talla de Nathaniel Bassey han expresado que la labor de Kenoly fue el fundamento técnico y espiritual sobre el cual se edificaron muchos ministerios de adoración actuales. Kenoly no buscaba el aplauso del hombre; su enfoque siempre fue la fidelidad a las Escrituras y la excelencia para el Rey de Reyes. A través de su Academy of Praise, se dedicó en sus últimos años a formar a miles de salmistas, enfatizando que la integridad privada es el sostén del ministerio público.
Ron Kenoly enfrentó los desafíos de la vida con la paz que sobrepasa todo entendimiento. Casado en segunda nupcias con Diana, Embajadora de las Naciones Unidas, continuó su labor itinerante hasta sus últimos días en Florida. Aunque hoy lamentamos su partida física, nos consuela la esperanza bendita de que ahora adora cara a cara al Señor al que dedicó cada nota de su voz. El cuerpo de Cristo celebra hoy la vida de un hombre que nos enseñó que entrar por Sus puertas con acción de gracias es el camino hacia una vida transformada por el Espíritu de Dios.
