El divorcio de Benny Hinn con Susanne vuelve a ocurrir

El 19 de noviembre de 2025, los registros del Tribunal del Condado de Hillsborough, en Florida, certificaron el divorcio de Benny Hinn de su relación conyugal con Suzanne. Así culmina —esta vez definitivamente— una historia marcada por separación, reconciliaciones y expectativas de restauración familiar. La demanda de divorcio interpuesta por Suzanne la realizó en 2024.
Durante años, la pareja vivió bajo la presión de distancias físicas y emocionales: cuando se conoció la nueva solicitud de divorcio, ya habitaban en dos hogares diferentes, separados por más de 60 millas. A pesar de ello, su abogado declaró públicamente que la separación se resolvió de forma amistosa y que ambos continúan “muy presentes en la vida del otro”, manteniendo respeto y cariño mutuo.
El divorcio de Benny Hinn vuelve a sacudir el mundo evangélico
El divorcio Benny Hinn vuelve a resonar con fuerza en los medios cristianos, pues representa una ruptura definitiva tras varias décadas de unión —una unión que, a pesar de sus dificultades, en su momento fue celebrada públicamente. El matrimonio inició en 1979 y dio fruto en cuatro hijos.
No es la primera vez que Hinn y Suzanne enfrentan separación: la primera fue en 2010, cuando alegaron “diferencias irreconciliables”. En ese momento, él justificó la ruptura diciendo que su dedicación al ministerio lo llevó a descuidar a su familia. Sin embargo, tras algunos años de distanciamiento, decidieron reconciliarse y volvieron a casarse en 2013 en una ceremonia pública.
Esta nueva disolución marca el fin de una etapa que muchos consideraban ya restaurada. Aunque sus representantes aseguran que sigue existiendo amor, respeto y hasta comunión espiritual entre ellos, para muchos creyentes —dado el ministerio público del predicador— este desenlace plantea preguntas sobre el valor del compromiso y la coherencia en la vida de quienes proclaman el Evangelio.
El hecho de que fue un divorcio amistoso y no contencioso puede aliviar algunos escándalos mediáticos. Pero para quienes consideran el matrimonio como pacto sagrado ante Dios, la nueva realidad confronta con dureza la fragilidad humana y las consecuencias de decisiones personales, aun cuando se trate de figuras que ejercen liderazgo espiritual.
Para muchos creyentes, esta situación se convierte además en una oportunidad para reflexionar: ¿cómo deben manejar los ministros cristianos sus relaciones personales cuando su vida pública expone su espiritualidad? ¿Qué ejemplo se deja ante la congregación cuando un líder reconoce sus límites humanos?
Aunque los detalles privados del acuerdo no se han divulgado públicamente —los documentos judiciales no están disponibles—, lo que queda claro es que esta separación no representa simplemente un «trámite legal», sino un cambio definitivo en la vida de dos personas que compartieron décadas, ministerio, familia y una fe pública.
