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Escrito por Cristian Sepúlveda Jara
Publicado el 24 Abril 2014
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manos2014-04"... este último tiempo ha sido uno de aquellos difíciles, no solo porque de por sí a veces la vida se hace compleja en instantes, sino porque a veces todo pareciera volverse adverso, si parece que las cosas negativas llegarán una tras otra... he andado como súper irritable, cambiante en mi genio y hasta disgustada conmigo misma... sí parece que ni yo me tolero... necesito ayuda, necesito que alguien me entienda... "

 


Las líneas anteriores parecieran sacada de un guión, solo que no lo es. Es un relato de una paciente (mujer adulta) que nos deja entrever que hay situaciones en la vida que sin quererlo van siendo desgastantes de tal manera que silenciosamente nos hacer caer una y otra vez, y cada vez de una manera más profunda y honda. Vamos cayendo pareciera en – picada – sin paracaídas y sin nada que pueda sostenernos. Sentimientos de culpabilidad, de angustia, de cuestionamiento, de duda, de incertidumbre, sentimientos de agobio, la tormenta se vuelve próxima, y nosotros ahí en medio del camino sin saber qué dirección tomar.

 


No es una tarea difícil encontrar diariamente personas jóvenes y adultas, matrimonios e incluso adolescentes que no saben qué hacer con su vida, expresando la necesidad de ayuda y de socorro. Expresando la necesidad de que alguien le tienda la mano, alguien que se coloqué en su lugar, alguien que vaya en su auxilio.


Hoy existen muchas personas a tu alrededor necesitando a alguien que no les desprecie, que no los juzgue, que no les apunte con el dedo, sino, que les pueda brindar una palabra de aliento, ir en su auxilio, tenderles un mano, un abrazo, una oración.


Remontémonos a la historia del hijo prodigo en el libro de Lucas capítulo 15, versículos 11-32, el cual regresar a la casa de su padre con las manos vacías, arrepentimiento, y con la cabeza avergonzada. Y el Padre no lo desprecio, en cambio, realizó una fiesta en su honor, "porque mi hijo estaba muerto y ha revivido".


El relato de aquella mujer y la parábola del hijo pródigo, hoy por hoy identifica a cientos y cientos de personas que atravesaron aquel difícil tiempo, que lo están atravesando o que lo ven cercano a su vida. Y hoy puede ser un día en que puedes ser de bendición para otros... la desesperación, el desánimo, la depresión, son instancias latentes en tú prójimo, y Dios te coloca a ti para bendecir. Hoy tú puedes ser quién dirija los pasos de tu prójimo hacía la mejor salida:


"Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones" (Salmos 46:1)

 

cristianSepulveda

Punto de encuentro Familiar es escrito por Cristian Sepúlveda Jara psicólogo y licenciado en psicología de la ciudad de Chillán, Chile.

Trabaja actualmente en el área de Educación, y en el área Clínica.

Cursó postgrado en indicadores clínicos en infancia y adolescencia en Concepción, Chile.

Forma parte de la Iglesia Metodista Libre y es integrante del ministerio musical y del equipo de expositores.

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