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Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí - 3.0 de 5 basado en 39 votos
Escrito por Julio Ruiz
Publicado el 05 Enero 2008
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(Éxodo 33:1-23)

INTRODUCCIÓN: Hemos comenzado un año más. Esta es la ocasión para acudir al “tribunal” del tiempo donde no podemos mentir, y donde los mejores abogados no nos ayudarán con nuestros alegatos sobre el uso que hicimos del mismo. No tuvimos si no sólo 365 días, 12 meses, 8.760 horas,  525.600 minutos y 31.536.00 segundos durante todo el año. ¿Cómo nos acercamos a ese tribunal en este tiempo? ¿Cómo saldremos de ese juicio? Si el ocio se hizo presente, en lugar del esfuerzo laborioso, no nos quejemos si la sentencia es adversa. Pero si la disciplina y la constancia hicieron posible el logro de nuestros caros sueños, de ese “juez” solo vendrán loas y  el veredicto de lo “bien hecho”. La vida de Moisés estuvo marcada por el tiempo. Cuarenta años en el palacio de Egipto. Cuarenta años en el desierto, como pastor de ovejas. Y cuarenta años dirigiendo al pueblo de Israel hasta el borde la tierra prometida. A los cuarenta años conoció a Dios de forma personal. Desde entonces supo que lo más importante de su tiempo era la presencia de  Dios. Él sabía sobre la necesidad de ella. El pueblo de Israel tenía una sensible inclinación de cambiar Dios por otros dioses. En el capítulo anterior  ellos tomaron la decisión de buscar otro guía, representado en un “becerro de oro”, para que les condujera a la tierra prometida. Tal pecado produjo la ira de Dios hasta negarles su presencia en la continuación del viaje debido a su descarrío. Pero la determinación de Dios no hizo esperar a la de Moisés: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no me saques de este lugar” v. 15. Amados hermanos, el comienzo de un nuevo año nos emplaza  a levantar el “campamento” para  entrar al año que viene. Y como no sabemos qué vendrá en ese viaje, requerimos de la presencia del Señor por cuanto él conoce mejor el camino. Esto lo afirmamos porque, ¿de qué nos sirve hacer planes y hasta tomar decisiones si no contamos con la presencia del Señor? Veamos, pues, la importancia de un llevar a un “baquiano”  para el resto de este viaje. Consideremos las bendiciones de su presencia para la conquista del año que se aproxima.

I. NO ES LO MISMO LA GUÍA DE UN ÁNGEL QUE LA GUÍA DE DIOS v. 2

1. Los ángeles no perdonan nuestras faltas.  La idolatría es un pecado condenable. El anuncio del v. 2 produjo gran pesar en el pueblo y preocupación en Moisés, quien no ignoraba que Israel era “de dura cerviz”. Y es cierto que es mejor un ángel que un ser humano para que nos conduzca, pero nosotros sabemos que solamente Dios es todopoderoso, perdonador y misericordioso para  guiarnos en tal difícil viaje.

2. Los ángeles no conocen la mente y el corazón. Es cierto que  los ángeles cumplen tareas divinas, pero solo  Dios conoce la mente y el corazón del hombre para darle una adecuada conducción. Moisés estaba persuadido que sólo la presencia del Dios que les había sacado con portentos y milagros de Egipto, era el único que podía conducirles a través del desierto y pelear las batallas que tenían por delante. Ya Moisés había tenido una profunda experiencia con él en el monte Sinaí, como ningún otro mortal la ha tenido. Además, en este mismo capítulo Dios le va a repetir una y otra vez que él ha hallado gracia delante de Dios, por lo tanto él sabía que con nadie más podía gozar de tan plena comunión. El no podría adorar un ángel como lo haría con su Dios.

3. Los ángeles no responderían nuestras oraciones. En esto hay una verdad suprema. Un ángel pudiera hacernos compañía, pero por cuanto es una criatura, él no podrá darnos el consuelo que necesitamos. Un siervo de Dios podrá darnos algún consuelo y palabras de aliento, pero sólo Dios es el único que nos pueda dar descanso como se lo prometió a Moisés. Para esto envió el Señor a su Espíritu Santo. Nuestra comunión íntima no podrá con otro ser creado. Y su comunión íntima es con los que le temen.

II. NO ES LO MISMO LAS MISERICORDIAS DE DIOS QUE SU IRA  v. 5

1. Hay noticias que no quisieran escucharse. Si la falta de la presencia de Dios para Israel era una mala noticia, para Moisés no pudo ser peor, toda vez que él era su guía. Se dice que cuando ellos escucharon esa mala noticia, “vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos” v. 4. No era para menos. Y es que el saber que nuestras faltas hacen separación entre nosotros y Dios tiene que producir un gran dolor en el alma, pues se trata de una ofensa contra el Dios que nos ama tanto. Cuando Adán y Eva pecaron interrumpieron esa presencia de Dios con ellos y por su ira fueron expulsados del Edén.

2. ¿Qué es lo que interrumpe la comunión con Dios?  Lo único que interrumpe nuestra comunión con Dios son nuestras propias faltas. El salmista lo dibujó de una manera dramática, al decirnos que “si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18). Contrario a esto, el mismo salmista, después que había ofendido a su Dios, dijo: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Ahora la Biblia nos exhorta a no contristar  al Espíritu (1 Tes. 5:19; Ef. 4:30). Este  pecado interrumpe la presencia del Señor en nuestras vidas.

3. Dios no puede ser comparado con un “becerro de oro”. El pueblo de Israel había cambiado la presencia poderosa de Dios por un becerro de oro que no podía hacer absolutamente nada por ellos como no lo hacen  los demás ídolos. Cualquier ídolo que tengamos lo único que hace es llevarnos a cometer pecado. Mientras que la presencia del Señor lo único que produce es una vida santa y llena de profundo significado. ¿Qué hay en nuestras vidas que está interrumpiendo nuestra comunión con el Señor y traer su ira? 

III. NO ES LO MISMO TENER A DIOS ADENTRO QUE AFUERA v. 7

1. El tabernáculo fuera del campamento. El tabernáculo era el lugar donde Dios hablaba cara a cara con Moisés. En no pocas veces el pueblo fue testigo de la  gloria manifestada. Pero debido a su pecado, Moisés decidió sacar el tabernáculo en medio de ellos. El texto dice: “Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento” v. 7.  Con esto el pueblo de Israel estaba pagando el precio de su extravío. Los que anhelaban tener un encuentro con él tenían que emprender una búsqueda. Aquello era una decisión seria.

2. La comunión con Dios debe lucharse. La comunión con Dios no es un asunto fácil ni se logra con una liviandad espiritual. Con frecuencia requiere de una lucha que hay que ganar contra nuestra propia comodidad. A lo mejor demanda largos tiempos de gemir y de quebrantamiento. Es posible que sea una lucha, tipo Jacob, quien no soltó al varón con quien luchó hasta que no lo bendijo. Israel tenía el tabernáculo dentro de ellos. Esto les daba una gran confianza y al parecer no se preocupaban de nada. Pero ahora se va a comprobar quienes eran los verdaderos adoradores, pues tenían que emprender la búsqueda. Jesús dijo que “los verdaderos adoradores le adorarán en espíritu y en verdad”. Esto plantea una búsqueda que necesariamente no tiene que ver con un sitio en especial. ¿Se ha sentido alguna vez lejos del Señor? ¡Emprenda la búsqueda hoy!

IV. NO ES LO MISMO ADORAR A DIOS CON UN CORAZÓN FRÍO QUE HACERLO CON UN AMOR FERVIENTE v. 10

1. Dando el ejemplo. Obviamente en esta historia Moisés es el primer adorador. Él disfrutaba del compañerismo divino a tal punto que las Escrituras nos dicen: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a  cara, como habla cualquiera a su compañero…” v. 8. La actitud de Moisés como  líder fue determinante para que Israel entendiera que “a Jehová tu Dios adoraras y a él sólo servirás”, pues cuando él tomaba la decisión de ir a lo que era su “retiro espiritual”, el pueblo estaba pendiente de sus movimientos. De esta manera ellos se levantaban de  sus tiendas y en frente de  ellas hacían su “culto de adoración” vv. 8, 9. Es una bendición para una iglesia cuando sus propios líderes son ejemplos de adoración a quienes ellos puedan imitar. Necesitamos levantar al pueblo a la adoración.

2. La adoración colectiva. El estar consciente de tal presencia tiene que movernos hacia una auténtica adoración. Tenemos que admitir que muchas veces hay tanta frialdad en nuestras vidas que nos olvidamos rendirnos en adoración a Dios. Cuando otros ídolos, al estilo del “becerro de oro” son levantados, la presencia de Dios pareciera no hacer nada en nuestras vidas que nos haga salir de nuestra propia “carpa” para adorarle. Tenemos todas las razones para adorarle. Contamos con las más variadas formas para hacerlo. Disponemos de las más seguras libertades. ¿Por qué pasamos tanto tiempo sin hacerlo? Se nos ha dado el Espíritu Santo, cuya principal función ha sido la de glorificar al Hijo, ¿por qué no lo adoramos? Salgamos hoy de donde estamos y adoremos con amor ferviente. Recordemos el ejemplo de los ángeles, los pastores y los magos cuando nació Cristo. La presencia  de Dios en nuestras vidas no es solo para suplir, sino para adorarle.

V. NO ES LO MISMO COMENZAR EL VIAJE A SOLAS QUE CONTAR CON LA PRESENCIA DEL QUE CONOCE  MEJOR EL CAMINO  v. 15

1. Si no vas no  voy. El liderazgo de Moisés nos muestra que en la vida espiritual no debe haber tratos a medias. Que para emprender la ruta de un nuevo tiempo, así como Moisés emprendería la ruta hacia la tierra prometida, no debe haber un conformismo con lo que hasta ahora hemos vivido. De manera que cuando él tuvo la experiencia del encuentro cara a cara con el Señor, se atrevió a decirle: “Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí” v. 15. Es como si hubiese dicho: “Señor, si tu presencia no esta conmigo, entonces no iré para ninguna parte. ¡No moveré  un solo paso si no estoy seguro que estas conmigo!”. En esto hay coraje, firmeza y resolución. Este hombre sabía que sin la presencia de Dios en su vida, todas las cosas que emprendieran eran inútiles. Nadie como él para saber que la presencia de Dios en Israel era tan distinta a los dioses de las demás naciones. De modo que sin esa presencia él prefería no avanzar.

2. Necesitamos dirección correcta. Antes de esta resolución Moisés le había pedido a su Dios que le mostrara el camino v. 13. No podía ser de otra manera. Dios no solo conoce el camino, sino que puede abrir el camino; pero lo que es más importante, él mismo es el camino. A veces no sabemos que camino tomar. Muchos de ellos son inciertos y llenos de peligros. Solo un baquiano como el Señor podrá conducirnos. Un nuevo año es un camino nuevo a transitar. Desconocemos las sorpresas que aguardan. Es sabio pedir, al igual que Moisés, que Dios nos muestre el camino. Su presencia en el camino es luz para las noches oscuras y frías, pero nube arriba sobre el sol avasallante del desierto. 

3. Esta debe ser la  resolución para el nuevo año. Si la presencia de Dios no nos acompaña en el inicio de un nuevo año, lo demás que hagamos, emprendamos, vivamos… no vale la pena. Muchas veces nos preguntamos por qué no hay victorias y respuestas para lo que hacemos o lo que pedimos al Señor. Deberíamos revisar hasta dónde estoy dejando que la presencia del Señor me guía. La lucha que esto plantea es la  de un Dios que quiere guiarnos para que vivamos victoriosos, y mi propia voluntad que toma la iniciativa para guiar mi vida. Pero siempre descubrimos que no podemos guiar nuestras vidas. Que ella necesita del “baquiano” a quien debemos seguir un día a la vez. 

CONCLUSIÓN: La respuesta de Dios para su siervo no pudo ser más alentadora: “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” v. 14. Cuando Dios es nuestro “baquiano” tenemos seguridad para hacer el viaje y descansar frente a la presión de lo que está por delante. Pero allí no se quedó todo con Moisés. La próxima petición se eleva a las alturas: “Te ruego que me muestres tu gloria” v. 18. ¡Qué osadía la de este creyente! ¿Acaso no la había visto ya en la montaña y en el tabernáculo? Y note la forma cómo Dios respondió a su otro deseo vv. 19-23. Dios le reveló su gloria para que siguiera el camino, no de una manera sobrenatural como en el Sinaí, sino bondadosa, compasiva y amorosa. Dios le dijo a Moisés: “…verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”. La única forma de conocer a Dios es siguiéndole. Dios no está interesado en que le “veamos”, pero sí en que le sigamos. Ahora tenemos su Espíritu en nosotros. Jesús dijo que “él os guiará a toda verdad”. ¿Dejaremos que su presencia nos guíe para este nuevo año? ¡Espero que así sea!



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