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Escrito por Julio Ruiz
Publicado el 29 Octubre 2009
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(Génesis 2:18-25) 

INTRODUCCION: El diseño de la creación de Dios nos revela   una mente maestra con una sabiduría especial en todo aquello donde declaró la existencia. Y entre  los “planos” de la creación, el diseño  para formar al hombre y la mujer fue la cumbre de su ingenio; lo más excelso que pudo hacer fue al hombre y a la mujer. Por esa razón Dios no patrocina matrimonios fracasos, hogares infelices, hijos vacíos y sin propósitos. El no creo a la primera pareja para que fracasara. Él es un Dios de éxitos y no espera menos que esto de sus criaturas. ¿Se considera usted una persona con un matrimonio feliz? ¿Cuál es su respuesta? Si su respuesta no es un enfático sí, creo que necesita escuchar lo que voy a decir en los próximos minutos. La buena noticia que les tengo  es que  a pesar de las diferencias que puede haber en una pareja, las que pueden ser motivos de conflictos,  Dios nos ha hecho para que seamos un complemento. En Génesis 2 encontramos la historia de la primera familia. Cuando uno lee esta historia lo primero que descubre es que esa pareja tuvo todos los elementos para lograr un matrimonio con los mayores éxitos, porque ellos fueron totalmente diferentes a nosotros. ¿En qué forma fueron diferentes? Bueno, por ejemplo, ellos no tuvieron celos. Adán no podía comparar la comida de Eva con la de su mamá. Como no tenían suegros, ninguno de ellos podía meterse en su relación y afectarla. Por otro lado, Eva no pudo echarle en cara a Adán que haya tenido otras pretendientes con los que su pudo haber casado. De modo que si alguna vez Eva le preguntó a Adán si realmente le ama, me imagino que la respuesta de Adán sería algo así: “Y a quién más crees que puedo a amar en este lugar”. Tenemos, pues, que en aquella primera pareja, sin  antecedentes, Dios estableció el  auténtico diseño que debe ser aplicado al matrimonio. Lo hizo para satisfacer las necesidades emocionales, síquicas, físicas y espirituales entre un hombre y una mujer. Por lo tanto, el matrimonio es la primera institución que Dios creo allá en el jardín del Edén. Si las parejas volvemos con frecuencia a revisar este diseño descubriríamos el corazón de Dios para el matrimonio. ¿Cuál es el diseño de Dios para el matrimonio feliz?  

I. DIOS DISEÑÓ EL MATRIMONIO PARA SER UNA UNIÓN COMPATIBLE  

1. Un hombre solo en medio de una gran compañía v. 18. ¿Necesitaba Adán más compañía que la que ya disfruta en el Edén? ¿Puede haber una mejor compañía que la de Dios? Sin embargo fue el mismo Dios que dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”. Adán usó toda su psicología e imaginación para ponerles nombre a  los animales, pero fue obvio que no pudo tener con ellos compañerismo. Hizo todo el trabajo de ponerle nombre a los animales, y los vio cómo se aparejaban, “mas para Adán no se halló ayuda idónea para él” v. 20. De manera que fue después de esta tarea que Dios le proveyó de una “ayuda idónea”. Esto vino después que Dios creo un deseo en él. ¿Qué pasó cuando Eva fue creada? Bueno, la sorpresa tuvo que ser mayúscula. Recordemos que lo único que Adán veía era jirafas, leones, gatos, caballos, avestruces…, pero ahora ve a una criatura que despertó una sensación jamás antes sentida. Los estudiosos del hebreo dicen que cuando él vio a Eva, y dijo: “esto es ahora huesos de mis huesos, carne de mi carne…”, fue una exclamación llena de asombro y regocijo. Esta sensación debe ser  la misma cuando uno encuentra a la mujer o al  hombre que Dios ha preparado, de acuerdo a su diseño para cada uno.  En el diseño matrimonial hubo un propósito: Dios dio a Adán una esposa y le dio a Eva un esposo. Y así es como ha funcionado desde el principio. Dios no le dio a Eva un padre para que éste le gobernara. No le dio a un hermano para que jugaran. Ni tampoco le dio a un hijo para que lo cuidara. Hay hombres que juegan algunos de estos roles en el matrimonio. Dios le dio a ambos un compañero y una compañera de modo de lograr un compañerismo único en la tierra. Así vemos que el matrimonio es la relación humana más suprema, más insoluble que se conozca vv. 23, 24.  

2. La importancia de la ayuda idónea. La soledad del hombre Dios la llenó con algo de su propia vida; una ayuda idónea. La traducción sería un ayudante como él mismo. Es por eso que a nuestras esposas las llamamos la “otra mitad”, lo que nos falta para ser completo. La llamada “guerra de los sexos” ha creado una confusión, pues se pretende crear una competencia entre el hombre y la mujer. Lo que hace  a un hombre y una mujer vivir como compañeros es su diferencia. Dios hizo al hombre para que fuera hombre y a la mujer para que fuera mujer. Se ve muy feo cuando la mujer quiere ser un hombre; pero, peor aún, cuando el hombre quieres ser una mujer. El hombre es el proveedor, mientras que la mujer es la que trae ánimo (2:15). A Adán se le dio la responsabilidad de labrar el huerto. Pero vea que Dios creó a la mujer para que sea la ayuda y su motivador. El hombre es el protector y la mujer la que cría. Dios creó al hombre fuerte, mientras que la mujer es un vaso más frágil; la mujer es suave, delicada, amorosa. Los hombres por lo general pensamos de una manera lógica. Pero las mujeres piensan emocionalmente, con el corazón. La mujer es más romántica, soñadora; mientras que el hombre es más frío y por lo general está pensando en algo diferente.  Ilustración: Dos jóvenes sentados en una  mecedora en el portar de su casa, y abajo en el pueblo estaba una iglesia donde el coro estaba practicando. Había una luna grandota y el aire estaba oloroso por la fragancia de la flor del amanecer. El coro practicaba y la luz resplandecía a través de las ventanas de la iglesia. La melodía del coro salía y llegaba hasta donde estaba la pareja. Debajo del portar de la mecedora había unos grillos que estaban chirriando. Ella tenía su mente en la linda música que oía, mientras que él tenía su mente en la pesca y en los grillos. Ella dijo: ¿no es eso hermoso? Y él respondió —realmente lo es. Ella dijo: No creo que haya oído algo tan hermoso. Él dijo: —sí, sabes que ellos hacen esos ruidos al frotar sus patas traseras. Somos distintos, pero es en ese diseño que Dios nos hace un complemento.  

II. DIOS DISEÑÓ AL MATRIMONIO PARA SER UNA UNION PERMANENTE  

1. Se unirá  a su mujer… y lo que Dios unió no lo separa el hombre (Mt. 19:5,6). Lo que voy a decir ahora no tiene la intención de hacer que alguien se sienta mal porque esté divorciado. El solo hecho que usted viva esa condición ya es suficiente para poner más culpa sobre esa ruptura. Mi oración es que pueda haber una palabra de esperanza en este mensaje. Pero sería una irresponsabilidad de mi parte no decir lo que la Biblia ha declaro sobre el matrimonio como una unión permanente. La palabra hebrea “se unirá” significa soldar o pegar. Aquí tenemos los principios de Dios para prevenirnos del divorcio.  Dios no pensó en hogares desechos, sino en hogares de éxito.  Porque los hogares desechos producen personas desechas. Las marcas de un divorcio quedan estampadas en la vida de sus protagonistas. Y los divorcios son realidades que nos estremecen, no tanto por los que se dan entre el llamado mundo inconverso, sino lo rápido que se están dando entre los creyentes. La siguiente es una nota tomada de la encuestadora Barna: “El divorcio es tan aceptable entre los cristianos evangélicos en el sur de los Estados Unidos que los abogados especialistas en estos trámites a veces ponen el logotipo del pez cristiano en sus anuncios en las Páginas Amarillas. ¡Eso equivale a que un judío monte una procesadora de jamón y ponga la estrella de David en sus anuncios”. Y entre las causas para tales  divorcios está la inmadurez, el egoísmo y el orgullo. ¿Por qué razón? Porque algunas personas entran al matrimonio preguntándose, ¿qué hay en esto para mí? En lugar de preguntarse, ¿qué hay en esto para los dos? De estas causas, el egoísmo es el que más hace daño.  Es cuando se toma la pareja solo para una unión física; para un desahogo de la carne, sin considerar que el diseño divino, el llegar a ser “una sola carne”, implicaba una unión síquica, emocional y espiritual. Una fusión de estas cuatro dimensiones estable un vínculo de tres dobleces. El hombre exterior se desgasta, pero el interior se renueva. 

2. El amor nunca de ser. Esta es una de las verdades más completas que aparece en la Biblia (1 Cor. 13). Lo más común en una separación es oír: “Se acabó el amor”. Pero la verdad es que se acabó porque nunca existió.  El amor es un compromiso. Y si usted no hace ese compromiso cuando llega alguna crisis, usted va abandonar el matrimonio. El amor verdadero, el bíblico, hace que nos soldemos a las esposas. Ilustración. Haga la prueba pegando dos papeles con goma, y al tratar de separarlos usted va a dañar a ambos papeles. No hay una manera en que usted pueda ganar en una guerra con su pareja. Sabe por qué. Porque usted y su cónyuge son uno. Y si usted le hace daño, usted pierde porque usted se perjudica así mismo. Una mujer en guerra con su esposo, está en guerra consigo mismo y por ello no puede ganar. Por supuesto que esto no significa que ustedes no pueden tener discusiones para ayudarse.  Sea bueno con usted mismo, ame a su esposa. Jesucristo hizo su primer hogar en el jardín del Edén. Y ahora Jesucristo edifica el hogar de la familia. Jesús, y solo Jesús, puede crear la clase de hogar que necesitamos. Y Jesús desea que todos tengamos tres hogares. El hogar de la  familia, el de la iglesia y el hogar celestial, y él es la llave de estos tres hogares. 

(Paráfrasis de 1 Corintios 13, aplicada a la pareja) Si nuestro matrimonio es pura apariencia, donde mostramos solo lo superficial, lo que no es real, y no lo distingue el amor, llega a ser como  metal que resuena, que solo hace ruido y nada más. Si nos esmeramos solo por tener la casa bien arreglada, las cuentas al día, comprar cosas nuevas, y mostrar que todo anda bien, pero no tengo amor, mi matrimonio está vacío y sin propósito. Y si creo que arreglando las cosas a mi manera, sin tomar en cuenta a mi cónyuge en una buena comunicación, pero no tengo amor, estoy dejando que el matrimonio lo gobierne la rutina y pierda el encanto de sus primeros años. El amor nunca deja de ser. Pero la  belleza física se acabará, sobre todo cuando  aparezcan las arrugas, la calvicie, y cuando el cuerpo se estire por los lados. Y además cesarán los deseos, y el encanto físico se acabará. Porque la primera parte de nuestra vida a penas la conocimos, y la otra parte seguimos en el proceso de  conocerla. Pero cuando venga un mayor estado madurez y de la vejez, como resultado de haber vividos juntos por todos estos años, lo que fue en parte se acabará. Cuando comencé en el matrimonio a lo mejor pensaba como un niño, hablaba como un niño, juzgaba con un niño; pero cuando avancé en las etapas de mayor responsabilidad matrimonial, descubrí que ya no debía seguir siendo como un niño, viviendo para mi mismo. Cuando examino mi matrimonio  veo que hay cosas que todavía me son borrosas, por el misterio mismo del matrimonio, sin embargo, con el devenir del tiempo espero ver a mí amada cara a cara y decirle: Te comencé a conocer en parte, pero ahora te conozco como debiste ser conocida. Tuve la oportunidad de escoger a otra, pero tú fuiste mi elegida. Y ahora permanecen la fe,  la esperanza y el amor, estros tres. Pero en todo esto, y pensando en todas las cosas que nos han ayudado a permanecer hasta ahora, incluyendo el tesoro de nuestros hijos e hijas, el mayor de todo ha sido el amor de los dos. 

III. DIOS DISEÑÓ EL MATRIMONIO PARA SER UNA UNIÓN  ÍNTIMA

1. Tú y yo para hacer un nosotros. El matrimonio es la más íntima de las relaciones. La palabra “íntima” nos viene del latín y tiene que ver con lo más profundo, lo más secreto. Por lo general esta es una palabra que tiene que ver con las relaciones sexuales, sobre todo las que se hacen fuera del matrimonio, pero los que menos saben de la intimidad son los que practican el sexo fuera del matrimonio. Por lo general es un desahogo carnal  trayendo una gran carga de culpa, una vez consumado el acto. Solo una pareja que tiene la aprobación divina, y que ha hecho del sexo una relación exclusiva, podrá afirmar lo que fue el diseño divino cuando Dios les dijo que los dos serían “una sola carne”. Esto es un asunto muy serio. Bien pudiéramos decir que es el asunto más serio del matrimonio. La actuación de un esposo o esposa egoísta, que se olvidan que en el matrimonio dejaron de ser “tú y yo” para llegar a ser un “nosotros”, es lo que más contribuye al aumento de parejas divorciadas. ¿Le es común la frase: “no estamos hechos el uno para el otro…tú y yo no tenemos remedio?”. Déjeme decirle que esta mentira le ha funcionado al diablo, pero que no debe ser oída por la pareja. No tienen por qué creerlo. "Dios [los] juntó". Son "una sola carne". Sus mentes se diferencian, sus gustos son en ocasiones opuestos, pero lo que hizo posible su mutua atracción desde el principio fue ¡su diferencia de género! Cuando el “tú y yo” se convierte en un “nosotros”, Jesucristo se hace real y los dos se hacen una “sola carne” con él, como lo hace él con su iglesia.

2. Solo en la pareja se da la unión física, síquica, emocional y espiritual. El sexo fue creado como parte del diseño divino. No fue hecho solo para que vinieran hijos, de modo que solo el hombre se complaciera. Ni tampoco fue hecho para satisfacer la concupiscencia. Una pareja que ha recibido de Dios el regalo del sexo podrá experimentar una unión síquica, emocional y espiritual. En la fornicación y el adulterio no puede darse este tipo de unión. En el homosexualismo o el lesbianismo tampoco puede darse esta unión. El mundo de la pornografía no pueda proporcionar esa unión, pues lo suyo es un comercio, cuyo fin es promocionar la depravación que ya el Señor había señalado en Romanos 1:24-27. No sé de quién he oído decir que lo más cercano que Dios ha hecho que se parezca al cielo, es la relación sexual de una pareja que honran al Señor a través de ese regalo que con él que le dotó al crearnos. Tan importante es esa unión íntima que la palabra de Dios la recomienda altamente: “Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela.  Sus caricias te satisfagan en todo tiempo,  Y en su amor recréate siempre” (Prov.5:18, 19).

IV. DIOS DISEÑÓ EL MATRIMONIO PARA SER UNA UNIÓN SANTA

1. Ambos desnudos y no se avergonzaban. El reto  que enfrenta una pareja hoy es poder vivir en santidad. Si alguna cosa corona el éxito en el matrimonio es la santidad de los cónyuges. Pero al parecer esta palabra como que se ha hecho rara en nuestros tiempos.  La santidad en una pareja pudiera ser aquel estado donde ambos optan por mantener los valores morales y espirituales como un estandarte para el resto de sus vidas. “Desnudos sin   avergonzarse” fue la manera cómo vivió aquella pareja antes que fueran visitados por el pecado. Porque cuando el pecado no está presente no hay razones para avergonzarse. Cuando Pablo planteó el reto al hombre de amar a su esposa, lo llevó aun plano de comparación que debe ser tomado en cuenta por cada  esposo cristiano cuando piensa en su esposa: Amar a su esposa como Cristo amó a su iglesia. Pero en el amor y en la entrega de Cristo por  su iglesia hubo una meta: “A fin de presentársela a si mismo una iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga y sin cosas semejante”. No pudo existir una meta tan alta para el esposo que esta. Así como el Señor  no concibe una iglesia sin mancha, el esposo tiene una mayor responsabilidad que en su matrimonio no haya manchas que avergüencen su relación.  Esto tiene que ver con el pacto de la fidelidad. 

2. La santidad conviene a tu casa (Salmo 93:5). La presente declaración fue dada para enaltecer los valores morales y éticos que deben ser vistos, como adornos distintivos, en la vida de los estamos envueltos en la casa del Señor. La misma palabra “santidad” nos refiere a una separación. A que distingamos entre lo santo y lo profano; entre lo malo y lo bueno. Era una santidad que expresa la separación de los objetos divinos, exclusivamente para el servicio al Señor. Ese mismo principio debiera aplicarse al hogar, y sobre todo al matrimonio. La desnudez a la que expone nuestra moderna sociedad al cuerpo es sinónimo de vergüenza. Pero no fue así cuando Dios creo al hombre y a la mujer. Fue la presencia del pecado la que cambió aquel estado santo del primer matrimonio. Es la falta de santidad lo que hace que tantos matrimonios queden manchados, destruidos y al final separados. Nunca había sido tan necesario el llamado de este salmo para la familia de hoy. Un matrimonio debiera luchar contra todos los enemigos que quieren invadir la intimidad de su hogar. Una pareja debiera esforzarse para vivir de tal manera que nada les avergüence.  Que el diseño original sea mantenido incólume frente al insistente ataque del pecado. Algunos le desean a recién casados felicidad; es extraño oír de alguien que les desee santidad. Creo que si eso está primero, el resultado será la felicidad. 

CONCLUSIÓN: En el “diseño de Dios para un matrimonio feliz”, encontramos de una manera clara, cómo la  Biblia  revela ese diseño, diciendo: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Génesis 2:24. El que halla esposa halla el bien, Y alcanza la benevolencia de Jehová. Proverbios 18:22. Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. I Cor. 7:2. Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Hebreos 13:4. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5:22, 25”

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- - El diseño de Dios para un matrimonio Feliz

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